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 ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

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Elías Levi
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Mar 22 Jun 2010, 19:51

Vamos a retomar un poco el tema ya que se ha quedado un poco parado y voy a pasar a relatar el pasaje de..................

¿Se tragó una “ballena” a Jonás?

Según se deduce del Libro de Jonás, aproximadamente bajo el reinado del Adadnirari III (809-781 a.C.), Yhavé ordena a su profeta que acuda a Nínive, capital de Asiria, a predicar su palabra, “porque el clamor de sus maldades ha subido hasta mi presencia” (Jonás 1, 1-2). Misión que no resultaría nada grata a Jonás -quien profetizara al rey Jeroboam II (783-743 a.C.) que recobraría los límites del reino de Israel-, entre otras cosas porque Nínive es, en ese momento, un importante centro de cruces culturales y los cultos a diferentes deidades están muy arraigados.
La primera reacción de Jonás fue, pues, huir, renegar de su misión; y para ello, se embarca en Jope (Yaffá) con la intención de dirigirse a Tarsis (probablemente la Tartessos ubicada en la actual Andalucía occidental, aunque otros autores la suponen en el extremo oriental del Mar Rojo). Sin embargo, no irá muy lejos: nada más salir a alta mar, se levanta una fuerte tempestad y, de inmediato, los marineros se persuaden de que en la nave se encuentra algún pecador contra el cual Dios está desatando sus iras. Al echar a suertes quién es el portador del infortunio, a fin de tratar de poner remedio a la fatalidad, éstas caen sobre Jonás, que termina siendo arrojado al mar; con lo que, enseguida, renace la calma (1, 1-16).
El mismo Libro de Jonás relata cómo, en ese momento, un “enorme pez” se tragó a Jonás, que, vivo en el vientre del presunto cetáceo, entona un salmo de acción de gracias. Solo después de tres días y tres noches confinado en su prisión acuática, Yhavé da órdenes al “pez” para que Jonás sea “vomitado” en una ribera (2, 1-10) y le manda nuevamente ir a predicar a Nínive. En esta ocasión, por supuesto, acata las órdenes “divinas” y predica en las calles de la ciudad, amenazando a sus habitantes con la destrucción total si no se convierten en el plazo de cuarenta días. Por fortuna para ellos -los lectores de la Biblia ya conocen cómo se las gastaba Yhavé- el rey y la población entera obedecen y se evita la catástrofe (3, 1-10).
Tras la conversión de Nínive, Jonás se siente muy afligido e incomodado por su falta de fe y desea que le llegue la muerte cuanto antes, pero Yhavé le reprende simbólicamente secando una yedra bajo la que se había acomodado en busca de sombra. Con ello, Yhavé pretende mostrarle cuánta tristeza habría sentido con la destrucción de los ninivitas (4, 1-2).

EL DEBATE HISTORICO
Ahora bien, ¿narra el Libro de Jonás un episodio real o se trata tan sólo de una fábula con moraleja de la obediencia que se debe a Yhavé?. Varios autores modernos niegan la historicidad de la narración y consideran este episodio como una ficción doctrinal con el fin de inculcar la idea universalista de la misericordia divina sobre la salvación de los gentiles. En las notas introductorias del franciscano José Trepat -incluidas en la edición revisada y corregida de la versión de la Vulgata de Félix Torres Amat- se incide en el hecho de que, como indican H. Haag, A. Van den Born y S. De Ausejo en su valioso Diccionario de la Biblia, muchos exégetas actuales, incluso católicos, han abandonado la antigua hipótesis que afirma que el mismo profeta Jonás habría escrito el libro que figura con su nombre. La mayoría de los autores asignan al libro una fecha postexílica: hacia el año 400 (Robinson) o entre el 400 y el 200 (Weiser); y lo mismo opinan muchos católicos como Van Hoonacker, Tobac, Dennefeld o Chaine por citar sólo a unos pocos.
En cuanto a qué pudo haber sido el misterioso pez que se tragó a Jonás, hay explicaciones para todos los gustos. Así, el citado José Trepat afirma que “el pez que se tragó a Jonás no era una ballena, que no puede tragar ningún cuerpo de alguna magnitud; sino un tiburón, de boca enorme, y de seis o hasta ocho metros de longitud, que puede tragar fácilmente un hombre y hasta un caballo, y conservarlos enteros en su vientre por algunos días; si bien, no vivos. El milagro en el caso de Jonás estuvo en conservarse vivo en el vientre del tiburón”. Pero en nuestra opinión, y aunque es de agradecer la intención de Trepat de explicar el hecho, resulta obvio que, fuera tiburón o ballena, el asunto principal sigue siendo el mismo: ¿cómo pudo Jonás salir vivo del vientre del “enorme pez” sin recurrir al “milagro”?.
Otros autores, por su parte, intentan explicar el prodigio argumentando que todo obedeció a un sueño o admitiendo que Jonás fue traído a tierra a lomos de un monstruo marino, sobre un gran cetáceo ya muerto que flotaba inerte sobre las aguas o sobre una embarcación llamada Tiburón.
Tampoco faltan los que ven en este relato una “historia libre”; esto es, una forma imaginaria de desarrollar un núcleo histórico, comparable a las novelas históricas actuales, o los que intentan explicar el Libro de Jonás alegóricamente, en el sentido de que en la persona del profeta estarían simbolizadas la misión y el destino de Israel entre los pueblos.
Por otro lado, defienden una interpretación mitológica todos los que creen que existe alguna relación entre el Libro de Jonás y las leyendas de Hércules, Semíramis, Gilgamesh, Jasón, Perseo, Orión y hasta Oannes. Incluso hay quien encuentra conexiones entre el Libro de Jonás y las leyendas de la India, pues en el Diccionario de los Símbolos de J. Chevalier y A. Gheerbrant, se nos explica que, en la India, el avatar vishnuita del pez guía al arca sobre las aguas del diluvio; sólo que el mito de Jonás, la ballena sería el arca misma.
Para el esoterista René Guénon, sin embargo, la entrada de Jonás en la ballena simboliza la entrada en el período de oscuridad intermedio entre “dos estados o dos modalidades de existencia”. Para Guénon, Jonás en el vientre de la ballena es el germen de inmortalidad en el huevo, en la matriz cósmica, y la salida de Jonás, la resurrección, el nuevo nacimiento, la restauración de un estado o de un ciclo de manifestación.
Por último, cabe la posibilidad, apuntada por otros autores, de que el pez fuera en realidad un submarino o nave al servicio de Yhavé, poniendo de nuevo en entredicho su supuesta divinidad, algo inaceptable, por otra parte, para un ser que -como muestran una y otra vez las sagradas escrituras- muestra pasiones y odios demasiado mundanos. De hecho, baste recordar que la “ballena” estaba preparada en el momento de caer Jonás al agua y obedeció en todo momento las instrucciones de Yhavé manteniendo vivo -y se supone que alimentado y en buen estado- al profeta. Eso sí, nadie ha explicado jamás qué vivió Jonás durante las 72 horas a bordo de aquel presunto “cetáceo”, más parecido a cualquier “gloria de Yhavé” voladora -como las que raptaron a los profetas Enoch y Elías- que a animales naturales bajo control divino.
En suma, cabría otra lectura muy distinta de la Biblia si resultara que Yhavé no era sino un astronauta no terrestre.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Mar 22 Jun 2010, 19:59

Y para aburriros un poco más, este tema más tedioso, dedicado a.....



La geometría secreta del Templo de Salomón

En el momento en que la Humanidad está explorando es espacio, escudriñando nuevos mundos y desarrollando programas de búsqueda de señales de vida extraterrestre, espíritus inquietos tratan de comprender los mensajes que nos llegan desde los albores de los tiempos y desde lo más profundo del universo interior, grabados en las piedras y codificados en la estructura de los templos: la sabiduría universal.
Y es que en los templos de la antigüedad desempeñaron funciones con frecuencia bastante distintas a los de épocas posteriores. Eran lugares de misterio. No se puede comparar un templo de Oriente Próximo alzado en tiempos de los egipcios, los mesopotámicos o los israelitas, con un templo griego o una iglesia cristiana. Aquéllos no eran lugares en que los fieles se congregasen, de hecho, el pueblo sólo tenía acceso al patio exterior.
Los templos egipcios, por ejemplo, eran en sí mismos una encarnación del Cosmos. Habitualmente, la propia estructura del edificio simboliza el nacimiento del mundo. Estas construcciones se consideraban como la recreación de la colina primitiva, a la que el demiurgo había acudido para descansar. Por su parte, en Mesopotamia, estas edificaciones pretendían ser la réplica del templo celestial, una contrapartida terrenal de la morada divina del dios. Y, como tales, constituían un vínculo entre el Cielo y la Tierra. Por eso debían erigirse exactamente en el mismo lugar, de acuerdo con el mismo plan e idénticos ornamentos que el templo anterior, que a su vez había sido una réplica exacta de otra construcción aún más antigua que los propios dioses habían levantado, al crear el mundo, antes de que existieran los seres humanos.
De ahí que la tradición de los constructores jamás se excluyera un elemento antiguo, tanto si se trata de un fragmento de texto como de unas piedras pertenecientes a un edificio anterior. No se desdeña nada, y las sucesivas épocas van integrándose en la expresión más reciente. Carece de importancia que el mito ofrezca variantes, incluso contradictorias: todos los aspectos encierran valores diversos que se yuxtaponen sin anularse.

EL TEMPLO DE SALOMON Y SU INQUIETANTE ARQUITECTO
En el seno de la primera monarquía terrestre -si la Biblia lleva razón- se elevó el primer templo a Dios. La Biblia recoge claramente las tradiciones según las cuales fue el propio Yhavé -al que identificaban como Dios- quien, en última instancia, ordenaba cuándo, quién y cómo se había de construir el Templo. Así, en el Libro Primero de las Crónicas, el rey David declaraba: “Oídme, hermanos míos y pueblo mío: había decidido en mi corazón edificar una casa donde descansase el Arca de la Alianza de Yhavé y sirviese de escabel de los pies de nuestro Dios. Ya había hecho yo preparativos para la construcción, pero Dios me dijo: ‘No edificarás tú la Casa a mi nombre, pues eres hombre de guerra y has derramado sangre’”. Para esta misión, de entre todos los hijos de David elegiría a Salomón: “Y El me dijo: ‘Tu hijo Salomón edificará mi Casa y mis atrios; porque le he escogido a él por hijo mío y yo seré para él padre’”.
Y así fue. Cuando Salomón quiso alzar el templo, pidió ayuda al rey de Tiro, ya que tal edificación requería un arquitecto experimentado en las técnicas y conocedor de la doctrina secreta de los números y de las formas. De ahí que el monarca enviara a Hiram-Abiff para que se hiciera cargo de la sagrada obra.
El templo se elevó en el Monte Moria y su construcción tardó 7 años. Supuestamente, fue uno de los edificios más sagrados que jamás hayan existido en la Tierra. La geometría secreta con la que fue erigido por Hiram-Abiff había sido heredada por el propio arquitecto, cuyo probable origen es desvelado por C. W. Heckethorne en su libro Las sociedades secretas de todos los tiempos y países. Según Heckethorne, Hiram-Abiff habría sido descendiente directo de la línea de Caín, lo cual podría explicar la creencia de que el templo había sido realizado por demonios -o elementales- sobre los que tanto Hiram-Abiff como el propio Salomón (ya veremos por qué) ejercían cierto control.
Pero ocurrió que la esposa del rey Salomón se enamoró de Hiram, el arquitecto del templo, éste cayó en desgracia ante los ojos del rey y, finalmente, murió asesinado. Sin embargo, antes de fallecer dijo que tendría muchos descendientes que completarían su trabajo, es decir, que construirían otros templos. Y, en este sentido, son muchos los estudiosos que están convencidos de que esos descendientes fueron en realidad los caballeros templarios, ya que ellos mismos se consideraban los arquitectos y custodios de la “fórmula secreta”.
En aquélla época se creía que el Templo de Jerusalén unía el Cielo y la Tierra y que los ritos que allí se desarrollaban reforzaban esta asociación; por tanto, cualquier desviación en el servicio del templo podía tener consecuencias catastróficas.
El Templo de Salomón, construido en el siglo X a.C., se convirtió así en algo esencial no sólo para la imaginería religiosa judía, sino también -siglos más tarde- para el simbolismo cristiano. En el 587-586 a.C., fue arrasado hasta los cimientos por Nabucodonosor. Restaurado alrededor del 500 a.C., por Zorobabel, fue nuevamente destruido, para ser reconstruido una vez más por Herodes “el Grande”, no mucho antes del nacimiento de Jesús. El tercer templo fue abatido finalmente por los romanos en el año 70 d.C., ocupando en la actualidad su antiguo lugar la mezquita de la Cúpula de la Roca, en la Explanada del Templo.

UN CODIGO SECRETO INDESCIFRABLE
Según ha escrito Jonathan Smith recordando antiguas creencias, “la Piedra de la fundación, como en las construcciones mesopotámicas, es el centro exacto del Cosmos, el eje o polo, y fue sobre esa Piedra donde estuvo Yhavé cuando creó el Mundo; de esa Piedra surgió por primera vez la Luz (se entiende por luz la que iluminaba el templo, que fue construido sobre la Piedra y cuyas ventanas estaban diseñadas para dejar salir la luz y no para permitir su entrada); de la superficie de esta Piedra se obtuvo, rascando, el polvo para crear a Adán; bajo esta Piedra ofreció Adán el primer sacrificio; sobre esta Piedra Caín y Abel ofrecieron su fatal sacrificio; de esta Piedra vinieron las aguas del diluvio y bajo esta Piedra recedieron”. Se creía, en efecto, que bajo la roca fluían las aguas subterráneas, fuerzas del caos que no cesaban de amenazara con engullir el mundo ordenado.
La función del Templo era, supuestamente, mantener a raya aquéllas fuerzas.
Han sido muchos los exégetas que han tratado de reconstruir -teóricamente- la estructura del Templo. Es el caso del franciscano normando Nicolás de Lyre (1270-1349) o el filósofo François Vatable. Incluso el mismo Isaac Newton (1642-1727), subyugado por la magia de la visión de Ezequiel donde se apuntaban las medidas del Templo de Jerusalén, hizo alarde de erudición como teólogo, filólogo, físico y matemático exponiendo sus resultados en Solomon’s Temple: A treatise on the temple of Solomon. Su intención, dado el carácter simbólico del templo, era conocer su forma para averiguar su significado. Pero ni siquiera un gigante del pensamiento como él, artífice de la Física clásica y de la mecánica celeste, pudo descifrar el mensaje mistérico subyacente en esa misteriosa forma arquitectónica.
Y es que la sabiduría del rey Salomón plasmó en la construcción del Templo parece estar más allá de las mediciones y los cálculos matemáticos. Probablemente los que más se han acercado a esa fuente que inspiró a Salomón hayan sido los masones, cuyos rituales dejan entrever un conocimiento esotérico milenario comparable al que configuró el templo. Como ilustración de esta herencia espiritual, tenemos los pilares de la masonería Joaquín y Boaz -al mismo tiempo símbolos fálicos y columnas de la sabiduría y el rigor cabalístico Arbol de la Vida-, que corresponden a los pilares del mismo nombre que sostenían el pórtico del Templo de Salomón y que Hiram-Abiffr había hecho forjar en bronce.

SIMBOLOGIA DE UN EDIFICIO MISTERICO
Y es que, en su tiempo, Salomón fue la personificación de la sabiduría universal, siendo su Templo la “Casa de la Luz Eterna”, nombre que algunos exégetas han querido ver en el propio rey: “Sol-om-on”.
De acuerdo con las enseñanzas mistéricas, hay tres templos de Salomón. El primero es la “Gran Casa del Universo”, en medio de la cual se asienta el Sol, rodeado de sus compañeros artesanos; los doce signos del zodíaco. Tres luces -la estelar, la solar y la lunar- iluminan este templo cósmico. Acompañado de sus planetas, lunas o asteroides, este Rey Divino se pasea con pompa por las avenidas del espacio. Según esta interpretación, Hiram -el arquitecto del Templo- representaría la luz física activa del Sol, mientras que Salomón simbolizaría su refulgencia intelectual y espiritual, invisible pero todopoderosa.
El segundo templo simbólico es el cuerpo humano, la “Casa Pequeña” hecha a imagen de la “Gran Casa del Universo”. Lo cual queda perfectamente reflejado en las palabras del apóstol Pablo cuando preguntó: “¿Acaso no saben que son el templo de Dios y que el espíritu de Dios mora en ustedes?”.
Finalmente, el tercer templo simbólico es la “Mansión” o “Catedral del Alma”, una estructura invisible cuya comprensión corresponde única y exclusivamente a un arcano masónico supremo. El misterio de este edificio intangible está encerrado tras la alegoría del “Soma Psychicon” o “traje de boda”, como lo describió San Pablo, las “Vestiduras de Gloria” del gran sacerdote de Israel o la “Túnica Amarilla” de los monjes budistas. Según esta última interpretación, el alma, creada a partir de una sustancia ígnea invisible, un metal áureo llameante, habría sido introducida por el maestro masón Hiram Abiff en el molde del barro (el cuerpo físico), conformando el denominado “Mar Fundido”. Así, el templo del alma humana habría sido construido por tres maestros masones que personifican la sabiduría, el amor y el servicio, y sólo cuando esta operación se realiza de acuerdo con la Ley de la Vida, el espíritu de Dios mora en este lugar sagrado. El templo del alma así concebido es la verdadera “Casa Eterna” y sólo quien es capaz de erigirlo de esta manera está considerado como un verdadero maestro masón.
Características que, como veremos a continuación, es muy probable que reuniera en su persona el rey Salomón.

SALOMON: MAGO, ALQUIMISTA E INICIADO
El interés por el conocimiento de la forma o la estructura del templo es, en realidad, el interés por el conocimiento hermético de Salomón que -como indica Alice Bayley- personifica la sabiduría de la Tradición de todas las edades.
De acuerdo con el Talmud -recopilación de la tradición oral judía y base de la religión judía ortodoxa-, Salomón era experto en cábala. También tenía profundos conocimientos de alquimia y necromancia y era capaz de controlar demonios y elementales, obteniendo de ellos buena parte de su sabiduría. En su Claviculas Salomonis o Claves del Rey Salomón -trabajo en el que presumiblemente se exponen los secretos mágicos obtenidos por Salomón y empleados por él en la conjuración de espíritus- se arroja luz sobre los rituales iniciáticos masónicos. S. L. McGregor-Mathers, fundador de la Golden Dawn, reconoce la posibilidad de que se tratara de un mago en el más amplio sentido de la palabra. Hipótesis que basa en las afirmaciones del historiador y judío Josefo, quien hizo especial mención a los trabajos mágicos y dotes sobrenaturales de este rey. Todo lo cual se encuentra asimismo reflejado en muchas tradiciones orientales que subrayan, entre otras muchas, las facultades mágicas de Salomón, como se indica frecuentemente, por ejemplo, en las Mil y una Noches.
Pero este misterioso monarca encierra aún más sorpresas. Así, por ejemplo, los alquimistas medievales estaban convencidos de que conocía los procesos secretos de Hermes Trismegisto y que, gracias a ellos, llegó no sólo a fabricar la piedra filosofal. Y se dice también que Salomón -el alquimista- sabía cómo controlar la “esencia incorpórea del espíritu universal”, conocimiento que los habría asistido en la construcción del Templo.
Por otro lado, y de acuerdo con los antiguos rabinos, Salomón habría sido, paralelamente, un iniciado de las escuelas mistéricas, siendo su templo un lugar de iniciación que, al parecer, contenía numerosos emblemas paganos y fálicos. Tanto las gradas como los pilares situados a ambos lados del pórtico, los querubines babilónicos y todo el arreglo de las alcobas indican, de hecho, que el templo habría sido erigido de acuerdo a patrones tomados de Egipto.
Según el canon místico, siempre han existido sobre la Tierra una serie de hombres santos que han accedido al trato íntimo con la deidad. De ellos, el que alcanzara la posición más alta entre sus contemporáneos es el “polo” de su época, siendo los demás intermediarios. El “polo” es un individuo misterioso que, desconocido y nada conspicuo se mezcla con la humanidad. Como un atractor extraño alrededor del cual todo converge, en él se encarna el significado y el espíritu de una época. ¿Pudo ser Salomón el “polo” del judaísmo?
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Lun 19 Jul 2010, 13:47

Venga, que ya falta menos para el Nuevo Testamento, pero antes os tengo que aburrir con:

El código secreto de la Biblia

De hecho, que sepamos, no existe ningún otro documento legado por la antigüedad que contenga predeterminados, los nombres de Itzjak Rabin y de Kennedy, los de Japón y Alemania, y mucho menos la relación de esos nombres con sus destinos y de esos países junto a su implicación en la Segunda Guerra Mundial. Hasta aquí, estupor, desconfianza y hasta una gran dosis de incredulidad, pues, ¿cómo puede un texto escrito hace miles de años hablar del avión, del ordenador y de tantas otras cosas que vinieron después?.
Que la Biblia es un gran puzzle lo habían explicado primero los rabinos y cabalistas y lo creyó a pie juntillas un sabio tan respetado como el óptico y físico inglés Isaac Newton, quien pasó los últimos años de su apasionante vida más interesado en descifrarlo que en acrecentar el oro para la Casa de la Moneda, pues pensaba que este mundo paradigmático contenía la historia del mundo. Un libro por el cual, en determinado momento, dejó de lado nada menos que su famoso binomio, la alquimia y la ley de la gravedad.
El primero en hablar del código más allá de sus implicaciones religiosas y cabalísticas fue el maestro checo Rabí Weissmandel, quien halló, en el período de entreguerras, interesantes patterns o modelos cíclicos del Pentateuco, secuencias matemáticas en forma de letras que se reiteraban a cierta distancia y en cierto orden. Pero, por alucinante que esto parezca, no había, a juicio del citado erudito, manera de determinar a priori las recurrencias y los espacios idénticos inter lettera debido a las enormes posibilidades combinatorias que el mismo libro, La Biblia, permitía y permite realizar.
El ELS o Selecting Sequences of Equal Spaced Letters descubierto por Weissmandel sólo dedujo, en consecuencia, unas pocas ideas notables, lo suficientemente interesantes como para que, treinta años más tarde, en la década de los setenta y aún más de los ochenta, es decir, hace menos de diez años, un matemático soviético llamado E. Rips, con la ayuda de un analista hebreo, Doron Witzmun, se atrevieran a publicar un artículo sobre sus investigaciones al respecto en el prestigioso magazine Statistical Science del Instituto de Estadísticas Matemáticas más importante de los Estados Unidos (Vol. 9, nº3, Agosto de 1994, pág. 429-438). Y eso tras una previa revisión rigurosa por parte de los matemáticos e investigadores del mencionado instituto.

LA TABLA DE LOS ELEMENTOS QUIMICOS
No hay ningún caso de predicciones científicas modernas más importante que las que formuló el ruso Mendelelev (1834-1907), autor de la clasificación periódica de los elementos químicos, quien anunció es espacio que llenarían algunos de los lantánidos y prefiguró, sin saber de dónde le venía esa idea, la casilla que ocuparían algunos actínidos. Basándose para ello en el número del átomos de los elementos y en sus respectivas valencias, Mendelelev se anticipó al Einstenio y señaló, incluso, el espacio que tendría el elemento que lleva su propio nombre, el Mendelevio.
El símil, en este caso tomado de la ciencia, no es fortuito: la teoría de los viejos cabalistas sostiene que todo lo existente en el mundo es una combinación de los 32 senderos de sabiduría, es decir, básicamente, de los veintidós signos alfabéticos que articulan y componen la Biblia y de las diez primeras cifras que la numeran, de manera que en ese gran críptico espejo, cósmico -y al igual que la teoría química que postula que todo lo viviente es una finita y diversa mezcla de proteínas y oligoelementos, los cuales, si el carbono está en la madera, dan el árbol, y si están en nuestro cuerpo, conforman nuestra piel y nuestros huesos-, en ese liber Dei, está todo lo que han sido y todo lo que será, escrito y bien escrito, aunque todavía no sepamos dónde y cómo hallarlo.
Así por ejemplo, la palabra “ordenador”, que en una de las secuencias bíblicas llama ¡por el nombre que tendría siglos después!: “majsheb” -vocablo que, misteriosamente, procede de “majshabá”, pensamiento- aparece, por ejemplo en forma criptográfica en Daniel 12, 4-6, en donde se lee: “Y tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin”. Pero también aparece en Exodo 32, 16-17, lo que hace imposible buscar las codificaciones de manera secuencial y lógica.
Los matemáticos Rips y Witzmun hicieron una prueba con el programa-sonda que empleaban para consultar en su ordenador de dónde encontrar tal nombre y tal fecha en la Biblia, habida cuenta de que en ella las palabras son, también números. Los investigadores formularon preguntas al texto hebreo de Guerra y Paz de Tolstoi, que tiene aproximadamente el mismo número de caracteres escritos que el libro sagrado, descubriendo que en la obra del autor ruso no hay ningún código secreto, o, cuanto menos, nada semejante a lo que contiene la Biblia.
El porte y peso de las anécdotas que Michael Drosnin recopila en La Biblia: el código secreto, desde el no ponderado consejo de Rabin y sus allegados a propósito de su posible asesinato -descubierto en el “libro de los libros” meses antes-, hasta la Guerra del Golfo y la siniestra historia de la secta japonesa que tanta gente envenenó con el gas sarin inventado por los nazis, es, desde luego, impresionante. Pero aún lo es más hallar escrita, en código, la palabra “avión”, la fecha precisa de la colisión del cometa que chocó contra Júpiter en Julio de 1994 e, incluso, ¡el nombre de sus descubridores: Shoomaker-Levy!. En la Biblia están también Kennedy y su asesinato; Einstein y su teoría; Newton mismo; Nethanyau y Shakespeare...
La cuestión, empero, es saber cómo buscarlos y conocer el suficiente hebreo, sus raíces trilíteras y su numerología, de forma que sea posible leer las secuencias en todos sus sentidos, a la manera de un crucigrama, sistema con el cual, dicho sea de paso, la forma de los criptogramas tiene mucho que ver. Sin embargo -y esto es algo que también sorprende a los estudiantes de la Cábala-, a diferencia de las palabras cruzadas, en las que se cruzan los sonidos, pero no los sentidos, en los hallazgos de Rips y sus compañeros no hay palabra, nombre propio o fecha que no mencione la constelación histórica que le corresponde.

¿DETERMINISMO O CASUALIDAD?
Para Drosnin, el autor de La Biblia: el código secreto, tal abrumadora sincronicidad, el hallazgo de las letras que componen nombres nuevos con signos viejos, no deja de ser meramente casual, aunque, eso sí, fascinante y todo lo sublime que se quiera. Por el contrario, el matemático Rips, de talante religioso, opina que “la Biblia es la obra de Dios, el Eterno”, desde cuya perspectiva, el tiempo, sus eras y siglos, sus períodos y épocas, constituyen un todo simultáneo.
De cualquier manera, después de Einstein el tiempo ha dejado de ser el mismo para nosotros, y aún lo es menos tras la curiosa e interesante obra de Hawkins. En una de sus cartas a la familia de un amigo suizo, el autor de la Teoría de la Relatividad escribió: “La distinción entre el pasado, el presente y el futuro no es más que una ilusión, por tenaz que parezca”. También para los filósofos hindúes este mundo es “maya”, pura ilusión, pero ninguno de sus textos sagrados configura, en cualquiera de sus posibles combinaciones, los nombres de los hermanos Wright junto al “avión” o el del “autobús” junto al de “explosión” y “cadáveres”. Ni, por supuesto, mucho menos, el de la Guerra Mundial.
En una única página, y hacia el final, Drosnin consigna que la misma Biblia explícita que su “código salvará” a nuestra especie cuando exista peligro de extinción total, lo cual debe entenderse, entonces, como que las profecías son espadas de Damocles que penden en forma de posibilidad, pero que la libertad de cambiar su fecha y curso es nuestra, siempre y cuando uno llegue a interpretar (diestro meteorólogo) el pronóstico de su consumación con bastante tiempo antes.
A un estudioso del texto bíblico un libro como éste no hace más que confirmarle el poder de seducción, el hechizo que durante siglos ha ejercido la Biblia en sus lectores. Así, mientras el primitivo cristianismo “creyó” en los versículos que anunciaban la llegada del Mesfas, en el Renacimiento italiano los cabalistas de este país leyeron en el Génesis 27, donde se narra la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios, y en la palabra que la nombra, “be-tzelem”, la voz “tzlab” -cruz- derivada, como se percibe, de idénticas letras, interpretando de esta forma por qué Jesús habría de ser crucificado. Hasta cierto punto, ellos también estaban haciendo lo mismo que hoy intentan Rips y sus colaboradores con sus potentes ordenadores: justificar el carácter telenómico de la Historia; la convergencia de sus sentidos en un único plan integrador.
Desde luego que, ante tamaño enigma, puede formularse una objeción: ¿por qué se confirma la profecía cuando ya ha ocurrido y no puede hablarse de su veracidad antes de que se haga visible?. La respuesta es que aún no sabemos leer como se debe, ni tenemos la voluntad de atención que los hechos históricos requerirían para ser entendidos en su totalidad. Lo que sí queda claro a partir del trabajo de Rips y sus amigos, es que la Biblia es un documento absolutamente universal y misterioso del que, como dijo el mismo Jesús, “ninguna ‘yod’ o ‘yota’ debe ser cambiada hasta que se cumplan las profecías”.
Para finalizar, un último reparo: Drosnin olvida citar, al margen de los desastres, las amenazas y los crímenes, los grandes logros obtenidos en este siglo, los nombres -que seguramente estarán en el “libro de los libros”- de sus benefactores, médicos y sanadores, y todos aquellos hechos relevantes de nuestra época, como el descubrimiento del código genético y el proyecto Genoma, los nuevos remedios y las nuevas técnicas que aún no están en uso. Es de suponer que eso queda para un segundo volumen que, entretanto, no hace más que incrementar nuestra ansiedad y acrecentar nuestro respeto por la Biblia y por los ordenadores, esos nuevos oráculos cuyo advenimiento habrá que interpretar, quizá, de otra manera.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Lun 19 Jul 2010, 14:09

Como se nota que nuestro rabino esta de vacaciones.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Miér 28 Jul 2010, 14:05

Seguimos dando la lata y vamos a comentar sobre.....



Los sueños en la Biblia

Para los judíos del Antiguo Testamento, los sueños eran una forma habitual de comunicación con Dios, pues Yhavé se manifestaba frecuentemente a sus hijos a través de visiones nocturnas.
Para autores como Heinz Obermayer, Gerhard Zieler, Kurt Speidel y Klaus Vogt, autores del Diccionario Bíblico (Ediciones Claret), los sueños “son signo especial de profecía y revelación, de aviso y precepto; también de consuelo. El Señor necesita con frecuencia ser interpretado por un sabio que esté en unión con Yhavé y por eso es considerado don de Dios o actuación del espíritu de Dios”.
El Antiguo Testamento da buenos ejemplos de todos estos conceptos desde el mismísimo Pentateuco en adelante. En el Génesis (20, 3-6) -un libro, como el resto del Pentateuco, atribuido por la tradición a Moisés, el hagiógrafo escribe: “... pero vino Dios a Abimelec en sueños durante la noche y le dijo: ‘Mira que vas a morir por la mujer que has tomado, pues tiene marido’. Abimelec, que no se había acercado a ella, respondió: ‘Señor, ¿matarías así al inocente? ¿No me ha dicho él: Esta es mi hermana?. Con corazón íntegro y pureza de manos hice yo esto’.”
Y le dijo Dios en el sueño: “Bien sé yo que lo has hecho con pureza de corazón; por eso te he impedido que pecases contra mí y no he consentido que la tocaras...”
En este caso, Yhavé habla directamente al hombre a través de sus sueños. Y a través de los mismos le informa de sus deseos, de conceptos morales, y hasta de sus instrucciones para el pueblo elegido.
Un poco más adelante, en el Libro de los Jueces (en el capítulo 7, versículo 13), se dice: “Se acercó Gedeón y he aquí que un hombre contaba un sueño a su vecino; decía: ‘He tenido un sueño; una hogaza de pan de cebada rodaba por el campamento de Madián, llegó hasta la tienda, chocó contra ella y la volcó de arriba a abajo’. Su vecino le respondió: ‘Esto no puede significar más que la espada de Gedeón, hijo de Joás, el israelita. Dios ha entregado en sus manos a Madián y a todo el campamento’. Cuando Gedeón oyó la narración del sueño y su explicación, se postró...”.

SUEÑOS QUE CAMBIAN LA HISTORIA
Hacia el final del Antiguo Testamento, en el Libro de Daniel, se hace referencia a otras nuevas manifestaciones de Yhavé en los sueños, los episodios que reflejan la gran importancia histórica que han tenido los intérpretes de sueños para la cultura judeocristiana.
Así, en el capítulo 2 de Daniel se relata cómo en el año doce de su reinado el legendario rey Nabucodonosor tuvo un sueño que “turbó su espíritu”, e hizo ir a la corte a astrólogos, adivinos, magos y caldeos para que lo interpretasen. Pero fue inútil. Habría de ser el joven profeta Daniel quien demostrara tener conocimiento suficiente para interpretar el sueño que angustiaba al rey. Sólo que Daniel (2, 19) recibiría de Yhavé la interpretación correcta de la visión de Nabucodonosor, poniéndose luego rápidamente en camino hacia la corte para presentarse ante el rey.
Dice el texto bíblico: “Después de esto, fue Daniel a Arioj, a quien había mandado el rey matar a los niños de Babilonia, y le dijo así: ‘No extermines a los sabios de Babilonia; llévame a la presencia del rey, que yo le dará la explicación’. Llevó entonces Arioj prestamente a Daniel a la presencia del rey, y díjole así: ‘He hallado a uno de los deportados de Judá, que dará al rey la explicación’. Respondió el rey diciendo a Daniel, a quien llamaban Baltasr: ‘¿Podrás tú aclarar el sueño que vi y su interpretación?’. Daniel respondió delante del rey, diciendo: ‘Lo que me pierde el rey es un misterio que ni sabios, ni astrólogos, ni magos, ni adivinos son capaces de descubrir al rey; pero hay en los cielos un Dios que revela los secretos y que ha dado a conocer al rey Nabucodonosor lo que sucederá en el correr de los tiempos. He aquí tu sueño y la visión que has tenido en el lecho...’”.3
Daniel no sólo asombra al rey al conocer en la intimidad lo que éste había soñado, sino que hace la interpretación más precisa del significado de la visión. Y gracias a ese prodigio, “el rey Nabucodonosor cayó sobre su rostro, se postergó ante Daniel y le dijo: ‘En verdad que vuestro Dios es el Dios de los dioses y el Señor de los reyes, y que revela los secretos, pues tú has podido descubrir este misterio...’”.
Es decir, que los sueños jugaron un papel importantísimo en la historia del Antiguo Testamento, manifestándose Yhavé a través de ellos y haciendo que reyes y faraones se convirtiesen o, al menos, favoreciesen al pueblo judío. El mejor ejemplo se encuentra en la historia de José.

EL PROFETA DEL FARAON
“Tú serás quien gobierne mi casa y todo mi pueblo te obedecerá; sólo por el trono seré mayor que tú. Y añadió (el faraón): Mira, te pongo sobre toda la tierra de Egipto. Quitóse el faraón el anillo de su dedo y lo puso en la mano de José...”. Este importantísimo episodio para la historia del pueblo judío está reseñado en Génesis 41, 40. En ese libro se relata la historia de José, hijo de Jacob y nieto de Isaac. Según el Génesis, José, envidiado por sus hermanos, fue vendido por ellos como esclavo en Egipto, mientras que a su padre, Jacob, le dijeron que había muerto devorado por una fiera. En Egipto, siempre según la versión bíblica, José fue comprado por Putifar, ministro del faraón, que lo empleó como mayordomo. Pero la esposa de Putifar se enamoró del casto José y, no cediendo ante sus insinuaciones, fue denunciado por la pérfida esposa del ministro, quien aseguró que había intentado seducirla. En la cárcel, José compartió calabozo con el jefe de los coperos y el jefe de los reposteros del faraón. Y sucedió que estando en Sión una noche, ambos jefes tuvieron sendos sueños y ambos fueron interpretados proféticamente por José. A la vista de que ambas premoniciones se cumplieron, años después, cuando el jefe de coperos volvió al servicio del faraón, recomendó a José para interpretar un sueño que había tenido el rey de Egipto: el famoso sueño de las siete vacas flacas y las siete vacas gordas, y las siete espigas de trigo granosas y las siete desgranadas.
José fue conducido a la corte del faraón e interpretó acertadamente sus sueños, don oniromántico que hizo que el faraón le recompensase nombrándolo virrey del todo el país.
Y así, gracias a esa afortunada interpretación mántica de los sueños del faraón, Jacob y el pueblo de Israel acudieron a Egipto, donde permanecerían hasta el éxodo dirigido por Moisés hacia la Tierra Prometida. Es decir, que la experiencia mántica de José cumplió un papel fundamental en la historia de Israel, del judaísmo y, por tanto, del cristianismo y del islam.
Y de la misma forma que Nabucodonosor se postró ante Daniel o el faraón ante José, la interpretación de los sueños ha cambiado el curso de la historia del mundo en muchas ocasiones. Toda una razón para reflexionar sobre extrañas visiones que todos hemos tenido alguna vez en el lecho.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Vie 30 Jul 2010, 14:04

Dentro del Antigüo Testamento, podemos consultar lo que podriamos llamar:



Creencias judías en el Antiguo Testamento

Entre los judíos hay dos grandes constelaciones de creencias. En una de ellas -que podríamos llamar arbitrariamente bajo el epígrafe de “fidelidad”- se incluyen los temas referidos a la fe, el pecado, la muerte y la resurrección. La segunda estaría constituida por los lugares en los que se desarrolla el “drama de la fidelidad”: cielos, tierra e infierno. Sin embargo, también es verdad que estas constelaciones no están claramente diferenciadas en el firmamento de las creencias judías ya que éstas se han ido formando a lo largo de casi dos milenios. Así, por ejemplo, lo que un israelita nómada creía acerca de Yhavé en tiempos de Jacob -unos 1.800 años a.C.- era muy distinto a lo que unos 50 años antes de Cristo creía el sabio helenizado autor del Libro de la Sabiduría.
Por ello, ambas constelaciones no son en realidad más que una construcción mental que nos puede servir para emprender la tarea, nada fácil, de resumir el mundo de las creencias judías.

FE, PECADO, MUERTE Y RESURRECCION
El núcleo de las creencias religiosas judías era, sin duda, la Alianza establecida entre Yhavé y su pueblo, en virtud de la cual el primero proporcionaba ayuda a los israelitas a cambio de que ellos no adoraran a otros dioses y cumplieran las instrucciones escritas en la Ley. Se trata, pues, de un pacto “do ut des”, es decir, casi entre iguales, en el que Yhavé ofrece un amor no incondicional a un pueblo que le pertenece y al que no duda en amenazar con castigos si no cumple su parte del acuerdo (Exodo 20, 3, 5 y 7).
El pueblo judío debe, pues, confiar en Yhavé y no dudar de su palabra ni de su poder, ya que “es fiel en todas sus palabras” (Salmos 144, 13) y no es un hombre, como para mentir, ni hijo de hombre que se vuelve atrás (Números 23, 19).
Sin embargo, al poco tiempo el pueblo de Israel comete su primer pecado contra dos de las instrucciones, construyendo un becerro de oro y adorándolo como a Dios (Exodo 32, Cool. Tras esta primera falta viene la segunda: no fiarse de Yhavé, al no aceptar sus cuidados cuando, hartos del maná, “pan del cielo” cotidiano, le piden carne (Números 14, 4 s) probablemente para completar con proteínas su dieta demasiado rica en hidratos de carbono. Pecado de “infidelidad” que traerá como consecuencia la muerte de tres mil de ellos, bien asesinados a manos de sus propios hermanos por orden de Yhavé (Exodo 32, 38), bien por beber el polvo de oro del becerro (Exodo 32, 20), bien por comer carne hasta que tuvieron náuseas, les salió por las narices y murieron de indigestión (Números 11, 20 y 34).
Andando el tiempo, se va fortaleciendo no ya la creencia, sino el hecho de que Yhavé castiga el pecado de la desobediencia e infidelidad con la pena de muerte. En efecto, una vez sedenterizados en la tierra prometida y habiendo realizado previas matanzas y exterminios de sus legítimos propietarios (Josué 6, 21 y 11, 14) en tiempo de los Jueces, los israelitas se olvidan de Yhavé y adoptan los dioses, cultos y costumbres de los pueblos sometidos. Por ello, Yhavé se pasará al enemigo y matará a muchos guerreros judíos (Jueces 2, 11-23).
También hubo reyes especialmente desobedientes. Como Salomón, quien desoyendo a Yhavé, se casó con mil mujeres extranjeras (700 princesas y 300 concubinas) que “inclinaron su corazón tras otros dioses”. En castigo, Yhavé le anunció que dividiría si reino, cumpliendo su amenaza (1 Reyes 11-13). A partir de ese momento, casi todos los reyes, tanto del norte (Israel-Samaria) como del sur (Judá), desgranarían un calamitoso rosario de infidelidades, saldadas siempre con la propia muerte y/o con la desaparición de su propia descendencia (1 Reyes 14, 10; 16, 3; 2 Reyes 10, 11).
De hecho, fue tanta la infidelidad de los reyes que su pecado se transmite al pueblo, quien también pagará con la pena de muerte, en ocasiones terrorífica, como cuando se obligó a las madres a comerse a sus propios hijos (2 Reyes 6, 26-29). Tantas son las atrocidades sufridas por culpa de esta infidelidad, que surgen reflexiones filosófico/religiosas por parte de los profetas y pensadores. Un buen resumen de estas últimas se encuentra en el capítulo 17 del segundo libro de los Reyes. Resumen que deja clara la idea que aquí hemos esbozado: no es Yhavé quien ha faltado a su palabra, sino “los hijos de Israel que pecaron contra Yhavé, su dios” (2 Reyes 17, 7-23).
De esta forma se perfila ya, de un modo explícito, la figura de Yhavé que no es únicamente ese dios terrible y celoso (Exodo 20, 5) que permite el sufrimiento de su pueblo, sino que también es “clemente, compasivo, tardo en cólera y grande en amor” (Exodo 34, 6; Salmos 145, Cool. Hay más: este Dios refleja ya algunas dosis de “arrepentimiento” cuando sospecha que se ha “pasado” (Jeremías 26, 3 y 18, Cool, que ha hecho una utilización excesiva de su poder sobrehumano porque “era un dios, no un hombre” (Oseas 11, 9). Su carácter fuerte, por tanto, se complementa con un sentimiento de ternura parecido al de una madre que consuela a su hijo (Isaías 66, 13) o al de un padre que aúpa a su bebé hasta la mejilla (Oseas 11, 4). Está, pues, m uy difundida la creencia de que Yhavé “no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y se salve” (Ezequiel 18, 23).
Al mismo tiempo, empieza a aparecer la creencia de que, además de la infidelidad de los reyes y el pueblo a la ley mosaica, hay otras causas más trascendentes y generales que justifican tantas desgracias. Por una parte, el pecado de Adán y Eva en el tiempo primordial, que les hizo perder la inmortalidad. Por otra, el pecado individual. Todo lo cual lleva al pueblo elegido a sospechar que la muerte no es el fin natural del hombre, sino un castigo divino (Levítico 20, 8-21). Sin embargo, esta creencia planteará, paralelamente, una duda angustiosa: entonces, ¿por qué mueren los justos?. La solución vendrá de la mano de un “más allá” de la muerte, de la resurrección. Así, Yhavé se convierte en un Dios que resucita a los justos, quienes “despertarán y darán gritos de júbilo” (Isaías 26, 19). Incluso habrá profetas que, como Enoch y Elías, al estar exentos de pecado, no morirán, sino que irán directamente con Yhavé (Génesis 5, 24; Reyes 2, 1 ss), con lo que gozarán de la misma suerte que los inmortales.
Pero, en los tiempos postexílicos, la creencia de la resurrección irá aún más lejos. Ya no se trata de la inmortalidad o la reviviscencia, sino de una resurrección de la carne tras haber sido destruido el cuerpo. Así, a partir de unos huesos secos y dispersos, Ezequiel contempla cómo “se juntaron y se cubrieron de nervios, carne y piel”, aunque siguieron muertos hasta que él mismo, por orden de Yhavé, profetiza, introduciéndose en ellos el espíritu de la vida (Ezequiel 37, 7-14). Esta esperanza no es un pensamiento puramente filosófico, sino un motor que alienta a los justos a soportar el martirio de la existencia con la esperanza de una vida después de la muerte, lo que, sin duda, es muy diferente al mero hecho de seguir viviendo indefinidamente: “Nuestros hermanos, después de haber sido martirizados, muertos por ser fieles a Yhavé, beben de la vida eterna en virtud de la Alianza de Dios” (2 Macabeos 7, 36); “El Rey del Universo nos resucitará a una vida eterna a los que morimos por sus leyes” (7, 9), mientras que “para ti (injusto martirizador) no habrá resurrección a la vida” (7, 14).

CIELOS, TIERRA E INFIERNO
Todo lo cual se desarrolla en una serie de espacios -físicos e imaginarios- que contribuyen también a la configuración de las creencias judías. Así, para el pueblo elegido hay un cielo físico, en contacto con la tierra, reservorio de nieve y granizo, y del que salen relámpagos y truenos (Job 38, 22 ss). Es, pues, un cielo humano y terreno, creado por Yhavé, pero que no le pertenece, al menos en la medida en que le pertenece ese otro cielo inaccesible que es su morada y donde convoca a su corte. De éste último, el profeta Miqueas asegura: “He visto a Yhavé sentado en un trono y su ejército de los cielos a derecha e izquierda” (Miqueas 22, 19).
Y es de este último cielo del que se espera la salvación del pueblo oprimido -”Ojalá rasgaras los cielos, haciendo estremecer los montes, como fuego abrasador” (Isaías 64, 1) y del que también “baja volando el hombre Gabriel” sobre el profeta Daniel para anunciarle el final de la opresión babilónica (Daniel 9, 21). Se trata de un cielo que, a pesar de su lejanía, resulta cercano, por lo que ya se habla de “cielos y tierra” (Jeremías 23, 23) que fueron perfectamente equipados por Yhavé (Génesis 2, 1); de ahí que también la Tierra esté llena de la gloria de Yhavé (Isaías 6, 3).
Pero, ¿qué es la Tierra?. Ante todo, una propiedad de Yhavé, pues él la creó (Salmos 24, 1), le puso su basamento y su piedra angular (Job 38, 4-7) y la convirtió en un estrado donde poder reposar su pie (Isaías 66, 1). Aunque, al mismo tiempo, se la deja en usufructo al hombre para que la domine (Deuteronomio 12, 1). Sin embargo, pronto las infidelidades del hombre hacen de esta Tierra un lugar maldito que les será hostil: en adelante, no será ya un enclave de holganza, sino de sufrimiento (Génesis 3, 17 s). Por ello, en el pensamiento sapiencial del pueblo hebreo la Tierra se convierte en un espacio de prueba (Sabiduría 15, Cool.
La Tierra, por otra parte, es asimismo el campo donde se pone en juego la mutua fidelidad entre Yhavé y su pueblo. Un juego que ya no se desarrolla en toda la Tierra, sino en una porción de ella: Canaán, el lugar prometido por Yhavé a Abraham, quien caminará sobre él como un peregrino, sin tomar posesión del mismo por el momento (Génesis 12, 7 y 17, Cool, hasta que un feliz día compra un trocito para poder enterrar allí a su esposa Sara (Génesis 23, 16). Tierra que manará leche y miel (Exodo 3, Cool, como Yhavé promete a Moisés, y que volverá a ser habitada por Israel después de su larga estancia en Egipto. Una tierra que el propio Moisés, debido a su pecado, no verá sino de lejos (Exodo 32, 52) y que su pueblo -también infiel- no recibirá sin pena ni fatiga, ya que para poseerla será “pasto y presa de un sin fin de malas adversidades” (Exodo 31, 18), según les advierte Yhavé.
Muchos siglos después -tras matar, expulsar o, en definitiva, arrebatar esa tierra a sus legítimos dueños- los israelitas ocupan ese territorio, hasta que posteriormente son vencidos, masacrados y deportados por los babilonios y asirios. Fuera de esa tierra o ya de vuelta a ella, pero encontrándose ocupada por griegos y romanos, el pueblo judío seguirá anhelando un asentamiento fijo en ese mismo lugar, que será un enclave de delicias (Malaquías 2, 12) donde construir una nueva humanidad, unos nuevos cielos y una nueva tierra (Isaías 65, 17) en la que los montes destilarán mosto y ellos no serán arrancados ya de ese suelo (Amós 9, 13 y 15).
Sin embargo, bajo esa tierra hay un tercer lugar, físico también: el infierno. Se trata de un pozo oscuro y profundo del que no se vuelve (Job 7, 9) y al que van a parar los muertos que sobrellevan una sombra de existencia, muy semejante al descrito por Homero en La Odisea (Canto 11): el Sheol. A él van a parar todos los hombres sin distinción. No es, como todo, un espacio en el que estén de igual manera justos y pecadores: a éstos últimos los traga (Números 16, 32 s), los espanta, como canta el salmista (Salmos 73, 19). Es un sheol especialmente preparado con el fuego y la cólera de Yhavé (Isaías 30, 33), un sitio oscuro y polvoriento del que, al final de los tiempos, se levantarán los justos para recibir la vida perdurable, mientras que los pecadores serán depositarios del horror eterno (Daniel 12, 2). Pero, llegados a este punto, cabría preguntarse: si los pecadores salen del sheol, ¿a qué otro infierno irán?.
Respecto al adversario por excelencia, Satán, cabe señalar que en la historia del pecado de Israel, después de la Alianza, este personaje no juega papel alguno. No aparece prácticamente en ningún sitio, salvo una vez, cuando se presente como un personaje de la corte de Yhavé pidiéndole permiso para tentar a Job, cuya historia personal es un paréntesis sin conexión con la historia colectiva del pueblo elegido (Job 1).
Además, si Satán es la Serpiente del Génesis, la creencia del hagiógrafo y havista que describe la tentación y caída de Adán y Eva muestra su pecado, pero no se trata obviamente de una infidelidad al pacto de Yhavé con su pueblo. Es, pues, Satán, un ser personal con funciones de enemigo que calumnia, engaña o arguye a modo de fiscal o abogado acusador. Pero no cobrará importancia hasta su reaparición en la vida de Jesús, como narra ya en el Nuevo Testamento, en el que, con el nombre de Satanás, se le menciona 23 veces.
En cualquier caso, resulta difícil resumir todas las creencias judías, ya que en ellas la línea divisoria entre realidad y simbolismo no está nunca claramente definida.
Porque, a fin de cuentas, ¿estamos hablando de sucesos reales, historiables por tanto, que se desarrollaron entre un pueblo y unos seres poderosos (los dioses gobernados por Yhavé), o, por el contrario, lo que reflejan estos relatos es la expresión del pensamiento filosófico y religioso de un pueblo que reflexiona paulatinamente sobre los desdichados acontecimientos de su historia, pasando de un politeísmo (así con “d”) hasta el monoteísmo de la fe de un Dios único, creador, pero más cruel que bondadoso y más justiciero que amoroso?.
¿O son ambas cosas?.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Mar 10 Ago 2010, 20:51

Vamos a darle un poco a la geografia para saber.....


¿Dónde sucedieron los hechos bíblicos?

La posibilidad de que el Monte Sinaí se encuentre en Arabia, según afirma Ron Wyatt, está en armonía con las teorías de Kamal Salibi, profesor de Historia en la Universidad Americana de Beirut. Salibi sostiene en su libro “The Bible Came From Arabia” (La Biblia vino de Arabia) que hay evidencias lingüísticas que sugieren que el judaísmo es originario del oeste de Arabia Saudita y no de Palestina, como se viene manteniendo hasta hoy.
Concretamente, Silibi sitúa el origen del judaísmo en una franja de unos 600 kms, de largo por 200 de ancho, de nombre Asir, donde descubrió, al examinar una lista de nombres sauditas, una sorprendente acumulación de denominaciones de lugares bíblicos. Y es que, al igual que el árabe, el hebreo antiguo no contenía vocales, y su aparición posterior, hacia el siglo VI, puede ser un erróneo añadido a la hora de normalizar los textos. De ahí que el erudito decidiera a buscar en el Antiguo Testamento original, sin vocales, para desarrollar su teoría.

ARABIA SUSTITUYE A PALESTINA
Para muchos arqueólogos, la geografía de Palestina no se corresponde con las historias emblemáticas de la Biblia, y las investigaciones de Salibi tratan de situar, desde el punto de vista histórico, los acontecimientos bíblicos dentro de un escenario árabe. La publicación de su libro -en 1985- provocó una gran polémica entre académicos y políticos, sobre todo en Arabia, quizás inquietos al pensar que los judíos pudieran plantear cualquier reivindicación territorial basándose una vez más en su derecho histórico.
Para apoyar su teoría, Salibi sostiene que muchos hallazgos arqueológicos en Palestina han sido considerados como pruebas de autenticidad de sucesos descritos en el Antiguo Testamento, a veces a partir de la interpretación de una única palabra y sin hacer averiguaciones posteriores. En su opinión, llegar a conclusiones por este procedimiento, sin comparar nombres de lugares en otros sitios, como Arabia, por ejemplo, desvirtuaría el resultado final del estudio.
En sus investigaciones, Salibi se refiere a registros antiguos de Oriente Medio que incluyen nombres de lugares bíblicos, como Las Cartas a Amarna, un conjunto de tablillas cuneiformes del siglo XIV a.C. descubiertas en 1887. Grabadas en variante acádica o en cananeo, estas tablillas relatan los problemas que tuvieron unos agentes del Gobierno egipcio con los jefes locales de algunas provincias asiáticas situadas tradicionalmente en Siria y Palestina.
Es cierto que algunos lugares mencionados en las Cartas de Amarna sí están en Palestina, pero los más se sitúan en Arabia Occidental, agrupados geográficamente de tal manera que proporcionó una visión más “histórica” de las localizaciones reales. Si este texto -y otros- han sido considerados como referencia para situar los hechos bíblicos en Palestina, ha sido simplemente porque contiene algunos nombres bíblicos que sí están allí, pero no hay estudios comparativos que lo comprueben. Salibi cree que si se estudiara comparativamente los textos bíblicos y otras fuentes se podría clarificar muchos pasajes de la Biblia que los estudiosos consideran oscuros.

ASIR: LA TIERRA PROMETIDA
En las traducciones convencionales del Antiguo Testamento, se dice que la Tierra Prometida por Yhavé a Abraham se extiende “desde el río de Egipto (nhr msrym) hasta el gran río Eufrates (nhr prt). Sin embargo, Salibi sugiere que la tierra mencionada en el original hebreo, con la redacción antigua, es decir, Judá, debe situarse con precisión en Asir, desde la región de Jizan, en el sur, hasta Wadi Adam, cerca de Lith, al norte. El río de Egipto (nhr msrym), por tanto, no sería el Nilo, sino el arroyo de Wadi Itwad, que nace cerca del pueblo actual de Misramah, en las tierras altas de Asir, y forma la frontera actual entre la región de Gizan y Rijal Alma.
Precisamente en Wadi Adam, que forma parte del valle principal de la región de Lith, están los pueblos de Firt (prt) y Farat (prt), ubicaciones que mueven a Salibi a proponer una nueva redacción de la promesa de Yhavé que diría así: “A sus descendientes daré esta tierra, desde el arroyo de Misramah (o Masram, nhrmsrym) hasta el gran arroyo (h-nhr h-gdwl), el arroyo Firt (o Fart, nhr prt)”. Este último, es, en opinión de Salibi, el Wadi Adam y no el río Eufrates.
La Tierra Prometida fue habitada por diez tribus (Génesis 15, 19-21) cuyos nombres han pervivido en distintas partes de Asir, y sobre todo, en “Judá”. Si fuera cierta la identificación que Salibi hace de las diez tribus, la investigación bíblica sobre su historia sería errónea. Probablemente esa es la razón por la que se cita tan escasa evidencia arqueológica o paleográfica para sustanciar sus teorías, ya que estaban excavando en el sitio equivocado, es decir, en Palestina y Siria en vez de Arabia Occidental. Recordemos que Salibi insiste en que las tierras que Yhavé prometió a los descendientes de Abraham, tal y como lo cuenta el libro del Génesis, y donde habitaron las tribus de Israel, están, en realidad, en Arabia Occidental. Estas mismas tierras también forman parte del legado de Yhavé a Moisés (Números 34, 1-2), cuyos límites se ampliaron a la “Tierra de Canaán” en toda su extensión, que, para Salibi, incluyen Asir, el litoral e interior, y la región de Taif del Hijaz, desde la costa del Mar Rojo hasta el extremo del desierto de Arabia Central.

EL EDEN: CUATRO RIOS Y UN OASIS
A la luz de la teología cristiana moderna, el Jardín del Edén no es un lugar geográfico, sino una imagen escogida por el autor bíblico de la época para ilustrar la idea del origen del mal. Sin embargo, Kamal Salibi dice que dicho lugar existió realmente y estaba situado en Wadi Bishah, en la zona oriental de Asir. En Génesis 2, 8-4 se describe el escenario de la siguiente manera: “Plantó después Yhavé Dios un jardín en Edén, al oriente, y en él puso al hombre que había formado. Hizo Yhavé Dios germinar del suelo toda clase de árboles agradables a la vista y apetitosos para comer, además del árbol de la ciencia del bien y del mal. Un río salía de Edén para regar el jardín, y de allí se dividía en cuatro brazos. El primero se llamaba Pisón, y es el que rodea toda la tierra de Evila, donde hay oro; el oro de este país es puro; en él hay también bedelio y ágata. El segundo, de nombre Guijón, circunda toda la tierra de Cus. El tercero, de nombre Tigris, discurre al oriente de Asiria. El cuarto es el Eufrates.”
El Génesis sigue con el relato de Adán y Eva, y el autor bíblico proporciona datos que para Salibi son concluyentes. Estos se refieren a su expulsión del Paraíso, cuando Yhavé colocó los querubines (Krbym, término dual o plural de Krb, que significa literalmente “sacerdote”) “al este del Jardín”, para proteger el camino hacia el Arbol de la Vida (Génesis 3, 24). Cuando Caín, el primogénito de Adán y Eva, mató a su hermano Abel y fue castigado con su expulsión, se fue a vivir “a la tierra de Nod (nwd) al este del Edén” (Génesis 4, 16). En The Bible Cama From Arabia, Salibi resume en seis los puntos de referencia para sus conclusiones sobre el Paraíso, a saber: Edén está al este del área donde vivió el autor bíblico, en la tierra de Judá, en la costa de Asir; Edén y su jardín estaban situados en un sistema de drenaje fluvial por cuatro afluentes, todos intensificados por su nombre; el Jardín (gn) de Edén (‘dn) estaba en el curso bajo de Edén, regado por un arroyo que “salía” (ys’) de allí mismo; el Jardín poseía dos árboles especiales, el de la vida (hyym) y el del Conocimiento (d’h); al este del Edén, Yhavé colocó dos o más querubines para proteger el camino hacia el Arbol de la Vida; y, por último, la tierra de Nod (nwd) estaba situado al este del territorio de Edén.

YHAVE, EL INTRUSO
Todos estos datos apuntan que el susodicho jardín bíblico se ubicaba en una bien regada zona de oasis entre la tierra de Judá, en la costa de Asir, y la zona interior de Nod (nwd). Cuando Salibi identificó los cuatro ríos descritos en el Génesis, situó el territorio en la cuenca del Wadi Bishah. En resumen, el río Pisón, que por entonces discurría por Evila (la Hawalah actual -hwlh-), es hoy el Wadi Tabalah, un lugar donde se sigue buscando oro, bedelio y ágata.
Por su parte, el segundo río, el Guijón, que rodeaba la tierra de Cus (kws), sería el arroyo principal de Wadi Bishah; el tercer río, tradicionalmente interpretado como el Tigris, sería el Wadi Tindalah (hdql), y el cuarto sería el Wadi Khanarif, que nace en las tierras altas de Tanumah, al norte de Abha, y es uno de los afluentes principales del tronco central del Wadi Bishah. Y por si todo lo dicho fuera poco, Salibi también explica lo que, según él, era realmente el Paraíso: un centro de culto dedicado a un dios de la vida y a otro del conocimiento, antes de convertirse en el Jardín del intruso Yhavé.
Y la verdad es que por polémicas que parezcan estas conclusiones, también abren una nueva vía de interpretación de los hechos bíblicos y un nuevo campo de investigación. Desgraciadamente, la situación conflictiva de la zona y el hecho de que las autoridades de Arabia no permiten la entrada de arqueólogos extranjeros en su país hacen difícil confirmar la propuesta de este artículo. Pero lo que sí pone de manifiesto es que para deducir la situación real de los lugares mencionados en la Biblia, hay que contar con nuevos y exhaustivos estudios comparativos que tengan en cuenta todos los puntos de vista.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Mar 10 Ago 2010, 20:54

Y para seguir aburriendoos, os pongo algo sobre.....


Curiosidades sobre la Biblia

Al ser la Biblia uno de los libros que cuenta con un mayor número de ediciones en todo el mundo, también ha sido objeto de toda clase de manipulaciones sutiles, argucias interesadas, interpretaciones literales o figuradas y estudios sesudos que a veces rayan en lo rocambolesco.
Hay autores que en los textos del Antiguo Testamento han visto claros indicios políticos, machistas y apocalípticos e, incluso, hay quien ha encontrado códigos secretos y claves cabalísticas.
Aquellos que han mantenido una posición más ortodoxa con respecto a la Biblia se han limitado a creer a pies juntillas cada párrafo que aparece en los textos sagrados, elevando a la categoría de dogma las conclusiones extraídas por algunos teólogos católicos o protestantes. Esta cerrazón ha supuesto, en bastantes casos, verdaderos sinsabores a los que discrepaban de la opinión dominante y, en otros, ha caído en flagrantes y cómicas contradicciones con la tesis de la ciencia imperante.
Tal vez uno de los ejemplos más significativos sea el de James Ussher, arzobispo anglicano de la diócesis de Armagh (Irlanda), quien escribió y publicó en 1658 su libro Anales del Antiguo y Nuevo Testamento. En él, tras largos años de estudio, sudor y lágrimas, leyendo y releyendo el Génesis, llegó a la conclusión transcendental e inamovible: los años transcurridos desde la creación del mundo hasta el nacimiento de Cristo habían sido exactamente 4.004. Pero hay más, llegó incluso a señalar incluso el mes, día y hora exacto de la creación de la Tierra por parte de Dios: ¡a las 8 de la tarde del 22 de Octubre de ese primer año!.
Tan laboriosa fue su investigación que no hubo dudas de aceptar esa fecha y tanto católicos como luteranos, calvinistas y anglicanos la asumieron sin problemas. Más tarde, el doctor John Lightfoot, vicerrector de la Universidad de Cambrigde y anglicano también él, daba la puntilla: la máquina del Cosmos había empezado a funcionar exactamente a las 9 de la mañana del día 23 de Octubre. Al menos coincidió con Ussher en el año, el 4.004 antes de Cristo, y él y sus colegas de Cambrigde celebraron el aniversario de la creación del mundo el 23 de Octubre de 1696 a las nueve en punto de la mañana y 6 días después otra “fiestecilla”: el 5.700 cumpleaños de la creación del género humano (como Dios creó al hombre al sexto día...).
No se tomen en broma esa fecha, porque oradores y escritores de prestigio de aquel momento -como el obispo francés Jacques Bossuet- también enseñaban en su cátedra esa antigüedad de casi seis mil años. Hoy esa cifra ha sufrido una pequeña variación, ya que se considera que la formación de la Tierra ocurrió tan sólo hace unos ¡seis mil millones de años!...
Ahora bien, en el actual calendario lunar judío, su “año cero” comienza con la “creación del mundo” que, según ellos, tuvo lugar en el 3.760 a.C.
Y no digamos nada de las ampollas que se levantaron en el orbe cristiano cuando la teoría evolucionista propuesta por Darwin empezó a ser divulgada. A primera vista, iba en contra de la interpretación literal de la Biblia y eso no se podía consentir. El obispo anglicano Samuel Wilberforce dirigió la oposición al “origen de las especies” en Oxford, pronunciando en 1860 su famosa frase: “¡No!. ¡Nada de evolución!. ¡Dios creó efectivamente en seis días el mundo, comprendidos los fósiles!”. Pero hasta tal punto irrumpió la obra de Darwin en todo el mundo que el obispo de Melbourne (Australia) creyó que su objetivo era “provocar la incredulidad de la Biblia” y su teoría se declaró abiertamente “opuesta a la doctrina fundamental de la Creación”.

EL OMBLIGO DE ADAN
Si la creación del mundo fue la comidilla de los creyentes tomando exclusivamente como base la Biblia, también lo fueron otras cuestiones menores a las que, no obstante, se dedicaron voluminosos tratados. En 1752, un instruido caballero que era al mismo tiempo médico, abogado y filósofo, publicó un libro en Haamburgo titulado Examinando la cuestión de si nuestros primeros antepasados, Adán y Eva, tuvieron ombligo. El doctor Tobías Ephraim Reinhard, autor del mismo, había escrito también una serie de poemas educativos en latín dedicados a la cura de hemorragias tuberculosas, trastornos femeninos y otros temas similares altamente poéticos.
Su disquisición sobre los ombligos comenzaba con una serie de razonamientos defendiendo el hecho de que Moisés, “el historiador sagrado”, habría sido incompleto o incorrecto en la descripción de la creación del hombre. Su razonamiento era simple: Moisés no tuvo necesidad alguna de hacer especial hincapié en los ombligos; a fin de cuentas, todo estaba incluido en esta simple frase: “Dios creó al hombre según su propia imagen”. Adán no fue engendrado, sino creado; no nació, sino que se le modeló. Por tanto -concluye Reinhard-, si él no emergió de vientre alguno, no tubo cordón umbilical y tampoco ombligo.
¿Y Eva?. Ella -responde el médico- fue hecha de una costilla de Adán, por lo tanto tampoco pudo tener ombligo. El doctor Reinhard no se proponía únicamente convencer a los escépticos, sino también amenazarlos con dureza: “Y el que dude de ello, será declarado indigno miembro de la iglesia y, por tanto, será secuaz del diablo”.
Obviamente, si la amenaza del doctor Reinhard se hubiera cumplido el infierno estaría lleno de artistas. Hagan la prueba. Fíjense si en una pintura o escultura de Adán y Eva éstos están representados sin “su botón abdominal”. Además, si su conclusión hubiera sido correcta, el mismo Dios creador también debiera haber sido representado sin ombligo. Pero incluso Miguel Angel cometió la herejía de colocárselo a Adán y a Dios, como se puede observar en el techo de la Capilla Sixtina.
El doctor hamburgués tuvo un notable predecesor en el doctor Thomas Browne, quien en su Pseudoxia Epidemica, or Enquieres into Vulgar and Common Errors (Londres, 1646) había llegado a la misma conclusión: nada de ombligo. Sir Thomas, sin embargo, se interesó además por otros problemas bíblicos de más peso. Por ejemplo, ¿conservó el Tentador su figura de serpiente mientras seducía a Eva o adoptó una cabeza humana, como se ve en tantas pinturas?. El doctor Browne se decidió por la cabeza de serpiente basándose en tres “importantes” motivos. Primero, porque Eva sólo había visto una cara humana, la de Adán, y si de pronto hubiese aparecido un nuevo rostro, habría huido asustada. Segundo, porque estando todo el jardín del Edén lleno de animales, una corriente y ordinaria serpiente no debió atemorizarla. Y, finalmente, porque aunque los animales no pueden hablar un lenguaje humano, hacía tan poco tiempo que Eva estaba en el mundo que era tan ingenua como para aceptar tranquilamente que una serpiente hablase. Todo lo cual -sentenció sir Thomas- deberá poner fin a algunas “corrientes y vulgares errores”.
Asimismo, el misterioso nacimiento fue también muy importante. ¿Por qué, por ejemplo, dijo Dios a Eva: “Multiplicaré crecidamente los sufrimientos de tu gravidez; con sufrimiento parirás hijos”? ¿Era eso justo?. Adán también había quebrantado el mandamiento de Dios en la misma medida y él no compartía las angustias y los dolores de Eva. A este respecto, algunos comentarios cínicos sugirieron que Dios no pudo hacer otra cosa porque si Adán hubiera tenido que padecer los mismos dolores que Eva, la humanidad habría desaparecido muy pronto.

LA BIBLIA EN VERSO
Cabe recordar que la interpretación de la Biblia siempre ha sido una potestad exclusiva de la jerarquía eclesiástica, con penas de excomunión y cárcel para aquel que osara contravenir esta norma. Durante siglos, la Biblia se consideró un libro intocable y su mera traducción sin consentimiento de las autoridades suponía la prisión inmediata por parte de la Inquisición, como le ocurrió a Fray Luis de León por atreverse a traducir El cantar de los cantares en 1572. Por suerte, ya no hay ningún problema en traducirla ni en leerla, e incluso han llegado más lejos: la han versificado:
Diestro se hizo en la caza
el primero, y cuidaba las haciendas
con excelente traza;
vivió Jacob en tiendas
y evitaba sencillo las contiendas.
El que esto escribió fue un hombre católico, laborioso, fecundo y pésimo poeta, a quien la Santa Sede, en premio a sus servicios, le concedió la cruz Pro Ecclesia et Pontífice. ¿Cuáles eran esos méritos?. Pues ni más ni menos que poner ¡la Biblia en verso!.
Esta expresión se ha hecho famosa para indicar toda obra cuyas considerables dimensiones corren parejas con la farragoso de su estilo. En realidad, José María Carulla (su autor) sólo se atrevió a poner en verso el Génesis, el Exodo, el Libro de Tobías y el Libro de Judit. Envió 200 ejemplares de su Biblia al papa León XIII, quien le condecoró por el regalo.
La larga vida de este fervoroso creyente barcelonés, nacido en Igualada y llamado Carulla (1839-1912) dio bastante de sí como para escribir numerosas obras de teatro y toda clase de libros. En el año 1904 decía haber publicado 64 obras. Sus ripios fueron durante mucho tiempo tema festivo en tertulias y mentideros. Carulla, entre la irrisión de sus amigos, se creyó el primer poeta religioso de su tiempo. El crítico Antonio Valbuena, en su Ripios Vulgares (1895), se refiere a este intrépido versificador catalán diciendo: “¿Tiene que decir que Jacob estaba en la Mesopotamia?. Pues dice que estaba sin infamia. ¿Tiene que decir que el patriarca viajaba solo?. Pues dice que iba sin dolo; y así por el estilo”.
La Biblia en verso no está editada en la actualidad, aun cuando se conserva su manuscrito en el Museo granadino de la Abadía de Sacromonte.

ESTADISTICAS DE LA BIBLIA
Desde luego, Carulla no fue el único obseso por las cuestiones bíblicas ni el único fanático que dedicó gran parte de su vida a establecer estadísticas y aspectos que a la mayoría de la gente le parecerían verdaderas rarezas o, simplemente, pérdidas de tiempo. Pero para ser justos con ellos, su ingente labor ha evitado a otras personas caer en los mismos errores y, en el mejor de los casos, hemos aprendido alguna que otra cosa en la que ni siquiera habíamos reparado. Por ejemplo, ¿sabe usted cuántas palabras y letras están combinadas en el Antiguo Testamento? ¿Conoce cuál el verso más corto y cuál el más largo? ¿O cuántas veces aparece la palabra “señor”?.
No lo sabríamos si no fuera por la insistencia y la aplicación de un excéntrico erudito y teólogo inglés, el doctor Thomas Hartwell Horne, quien se propuso contestar a estas preguntas para sí y la posteridad. Nacido en Londres en Octubre de 1780, Horne se empleó en un estudio de abogado. Anhelaba ser escritor, pero para sostenerse debió aceptar el cargo de asistente de bibliotecario en el Museo Británico. La mayor parte de su trabajo consistía en preparar biografías, hasta que un buen día se dedicó completamente a la Biblia. Ansioso por popularizar este libro, decidió trazar sobre el papel un diagrama lleno de fascinantes informaciones bíblicas. Pero para adquirir lo que necesitaba, el erudito se dio cuenta de que tenía que buscar en las Escrituras y diseccionar palabra por palabra la Biblia del rey Jacobo, una versión inglesa traducida en el año 1611.
Horne puso en marcha, con mucha calma, su larga y solitaria tarea estadística. La Biblia era su campo de batalla y durante 17 años rastrilló cada centímetro de ella. Durante tres de ellos, usó sus horas de descanso nocturno para contar las palabras y las letras de cada una de ellas, de todos los versos del Antiguo y Nuevo Testamento y de los Libros Apócrifos. Los resultados de su monomanía aparecen en su Introducción al estudio de las Escrituras, que fue felizmente completado antes de su muerte, en Enero de 1862.
Como muestra, sirvan estos cuantos botones:
. El capítulo más largo o su equivalente es el Salmo 119; el más corto es el 117. Este último está ubicado en la mitad justa de la Biblia (si se cuenta palabra por palabra).
. El nombre más largo está en el 8º capítulo de Isaías (Mahershalalash-baz, 2º hijo de Isaías). La palabra “y” aparece 46.277 veces y el término “Señor” 1.855 veces. El capítulo 37 de Isaías y el 19 de los II Reyes son semejantes.
. El verso más largo es el 9º. Del 8º capítulo de Ester; el más corto es el 35º. Del capítulo 11º de Juan. El primero tiene 90 palabras y describe el Imperio Persa; el segundo tiene sólo dos palabras: “Jesús lloró”. El nombre de Dios no es mencionado en el libro de Ester... Y así cientos de páginas.
Horne pudo haber sido el primero, pero no el último que intentó esta disparatada tarea estadística sobre la Biblia. Según cuenta William S. Walsh, en 1892 un anónimo “entusiasta religioso (...) produjo este sorprendente monumento de trabajo desperdiciado (...) Las cifras difieren levemente de las obtenidas por Horne”.
Según este último trabajo, la Biblia contiene 3.586.589 letras. La palabra “y” aparece 46.227 veces; el término “reverendo” sólo una; “niña” también aparece una vez en el tercer capítulo y tercer verso de Joel; “fuego eterno”, dos veces, y “castigo eterno”, en una sola oportunidad.
Asimismo, el 21º verso del 7º. Capítulo de Ezra contiene todas las letras del alfabeto inglés, excepto la “J”; el 8º., 15º., 21º. Y 31º. Verso del Salmo 136 finaliza igual.
Este anónimo entusiasta contó también 773.692 palabras en la versión inglesa de la Biblia del rey Jacobo, mientras que Horne había anotado 774.746. La discrepancia tal vez se deba a que se contó una palabra separada por guión como una sola, o como dos. Y mientras el estadístico halló 3.586.589 letras en la Biblia del rey Jacobo contra las 3.566.480 de Horne, otros extravagantes buscadores que trabajaron de forma independiente llegaron a 3.586.489 y 3.567.180, respectivamente.
En fin, como para que los ojos nos hagan chiribitas.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Vie 13 Ago 2010, 00:39

Os prometo que voy a aburriros solamente en este capitulo y en el proximo (solamente quedan estos dos para terminar el Antiguo Testamento). El último os lo dejare a vuestra disposicion para pasadas las fiestas de Septiembre. Y empezare a primeros de año con el..... Nuevo Testamento. Y es que para comprender el Nuevo Testamento, antes está el Antiguo Testamento (hay que saber andar antes de empezar a correr). En fin, ahora os dejo con......

¿Qué Mesías esperan los judíos?

Mesías es una palabra transcrita del hebreo y el arameo -Messiah- que significa “ungido con aceite”; exactamente los mismo que Christus y Cristo. Y “ungidos” era, ante todo, los reyes judío, si bien antes de que existiera la realeza ya habían sido ungidos los sacerdotes como Aaron (Exodo 29, 7) y, en otras ocasiones, algunos profetas, como Eliseo (1 Reyes 19, 16) e Isaías, a quien se le habría encomendado una especialísima misión por parte de Yhavé cuyos frutos serían recogidos ocho siglos más tarde por Jesús de Nazaret: “Anunciar la buena nueva a los pobres; a los cautivos, libertad; a los que lloran, consuelo” (Isaías 61, 1 ss).
Hay pues, tres clases de mesías: el real, el sacerdotal y el profético. Sin embargo, el principal y el esperado por el pueblo judío era el primero, que tenía un carácter de rey temporal y político capaz de liberar al pueblo del yugo al que se encontraba sometido.

LOS REYES-MESIAS DE YHAVE
Pero Yhavé había dejado bien claro que él era el verdadero Rey y que Israel era su territorio (Exodo 19, 6), independientemente de que también se le reconociera en otros países -incluso en toda la Tierra (Zacarías 13, 9)- y luchara contra otras deidades territoriales como Baal, Astarté, Kemol y Milkom, dioses de cananeos, sidonios, moabitas y ammonitas, respectivamente (1 Reyes 11, 33). De ahí que fuera reticente a instaurar una monarquía distinta de la suya y provenientes de reyes extraídos del propio pueblo. Así, Abimelek, autoproclamado rey, no llegaría a consolidarse y murió maldecido por Yhavé (Jueces 9, 57), con lo que se consolida el gobierno de los jueces.
Pero hay un momento, en la segunda mitad del siglo XI a.C., que el pueblo obliga a dimitir a un juez llamado Samuel, exigiendo que en adelante gobernara un rey. Compungido, Samuel consulta con Yhavé, quien le sugiere que acepte la voluntad del pueblo, no sin antes quejarse amargamente: “Haz caso a todo lo que el pueblo t3e dice. No te rechazan a ti: me rechazan a mí para que no reine sobre ellos. Han hecho contigo lo mismo que han venido haciéndome a mí desde que los saqué de Egipto, abandonándome y sirviendo a otros dioses”. Y a continuación Samuel transmite al pueblo la amenaza de Yhavé: “Os lamentaréis a causa del rey que os habéis elegido, pero entonces Yhavé no os responderá” (1 Samuel 8, 7 ss).
Una vez establecida la primacía de los reyes-mesías, Yhavé se apresura a dejar bien claro que éstos serán, simplemente, sus delegados o lugartenientes, los “Mesías de Yhavé” (2 Samuel 19, 22), y que tendrán dos funciones principales: dirigir la guerra santa “liberando al pueblo de los enemigos circundantes” (1 Samuel 10, 1) y velar por el cumplimiento del pacto sinaítico “obedeciendo a Yhavé y no yéndose en pos de dioses que no son nada” (1 Samuel 12, 21). Una tercera prebenda les otorgaba también -aunque accesoriamente- la posibilidad de realizar funciones de culto, propias de los sacerdotes, como ofrecer sacrificios a Yhavé (1 Reyes 8, 62 s).
Todo lo cual viene a afianzar el poder de ese Dios bíblico, que establece no ya una “teocracia”, sino una “Yhavecracia”. Un sistema de gobierno que no tiene por qué debilitarse, ya que el propio Yhavé elige personalmente -al menos, al principio- a sus mesías: el primero, Saúl (1 Samuel 9, 17); el segundo, David, a cuya coronación asistió (2 Samuel 5, 3), y el tercero, Salomón (1 Crónicas 28, 5), a quien además proclama su hijo adoptivo: “Yo seré un padre para él; y él será un hijo para mí” (2 Samuel 7, 14).

EL FRACASO DE LOS REYES-MESIAS
Sin embargo, la historia de Israel nos dice que pocos fueron los reyes-mesías que cumplieran satisfactoriamente sus funciones, a excepción -según evaluaron los profetas- de David, Asa, Josafat, Ezequías y Josías.
En este contexto resulta especialmente relevante el reinado de David por dos motivos. Primero, porque fue un rey que “pastoreó a Israel, heredado de Yhavé, con corazón perfecto, guiándolo con mano diestra” (Salmos 78, 71 s), cumpliendo así las expectativas de Yhavé en las dos funciones principales: defender militarmente a su pueblo (David extendió las fronteras del estado) y velar eficazmente por el cumplimiento de la Ley. Pero, sobre todo, porque fue el depositario de la promesa hecha a Yhavé a través del profeta Natán: “Fijaré un lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré allí para que more en él; no será ya perturbado, someteré a todos sus enemigos, y (refiriéndose a su hijo Salomón) no apartaré de él mi amor y su trono estará firme eternamente” (1 Crónicas 17, 14).
Sin embargo, unos 70 años después de que tuviera lugar dicha promesa, el reino se escindió en dos partes: Israel al norte y Judá al sur, surgiendo luchas intestinas entre hermanos. Finalmente, el reino del norte -Israel- fue asimilado por los asirios (c. 721), quienes lo poblaron de extranjeros. ¿Dónde queda ahora el sobrenombre de “Israel” dado a Jacob, el nieto de la primera promesa hecha a Abraham, junto a otra según la cual “como has sido fuerte peleando contra Yhavé, podrás a todos los hombres” (Génesis 33, 29)?. Asimismo, unos 130 años más tarde perecerá el reino de Judá a manos de los babilonios, siendo el pueblo judío deportado a Babilonia. ¿Acaso era Marduk más poderoso que el propio Yhavé? ¿Dónde estaban entonces los “reyes-mesías”?.
Algunos mesías fueron asesinados y la “Yhavecracia” se debilitó. Pero no es que Yhavé hubiera faltado a su promesa; es que aquellos reyes-mesías habían incumplido su pacto: se fueron tras otros dioses y no ejercieron la justicia con su pueblo. Merecían un castigo... y lo tuvieron (Jeremías 22, 9). Incluso uno de ellos, Oseas, llega a condenar a la propia institución mesiánica: “Han hecho reyes sin contar conmigo (...) Si sembraron viento, segarán tempestad” (Oseas 8, 4 ss).

RENACE LA ESPERANZA
Todo parecía indicar que la promesa no se cumpliría, pero pronto surgirá -alentada por los profetas- la esperanza. Yhavé -dicen- no ha dejado de cumplir su parte y, por tanto, los reyes extranjeros abandonarán el territorio (Isaías 7, 16) durante el reinado de Ezequías, hijo de Ajaz. Pero, vencido otra vez Judá, la profecía comienza a adquirir un carácter apocalíptico, de “últimos tiempos”, al igual que aquella otra: “En un principio se tuvo en poco (...) a Galilea, tierra de gentiles (...) el pueblo que andaba a oscura vio una intensa luz (...) porque un niño ha nacido (...) y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino” (Isaías 8, 23 y 9, 1). “Saldrá un retoño del trono de Jesé (padre de David) -dice otra profecía- y sobre el Mesías se posará el espíritu de Yhavé. El juzgará con justicia a los débiles y dictará sentencias con rectitud a los pobres de la Tierra, sin dejarse llevar por las apariencias” (Isaías 11, 3 s). Pero, para ello, el Mesías o siervo de Yhavé tendrá que sufrir: “Como oveja fue llevada al matadero, por nuestros pecados le hirieron de muerte” (Isaías 53, 6). A pesar de lo cual, el triunfo de este Mesías-Rey está asegurado: “Será la luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la Tierra” (Isaías 49, 6).
De lo que se desprende que no fueron los profetas, sino el propio Yhavé quien anunció y prometió la llegada del cristianismo.
De este modo, tanto el pueblo como la clase sacerdotal estaban, pues, preparados para un florecimiento terrenal y político, no lejano, del reino de Yhavé, con reyes-mesías justos y cumplidores de la Ley. Pero los profetas y algunas comunidades religiosas -como los esenios- ya sospechaban y anhelaban algo totalmente nuevo: un reino no ya terrenal, sino espiritual, un Reino de los Cielos. Un Reino que, de algún modo misterioso, iba a salir del propio pueblo de Yhavé...
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Mar 17 Ago 2010, 17:57

Lo prometido es deuda y tal y como os dije, a la vuelta de estas Fiestas de San Roque, escribiría el punto y final..... (o seguido), de los Enigmas del Antiguo Testamento. Los Enigmas del Nuevo Testamento, los empezare a volcar a partir de Enero del 2011. He dicho que escribiría porque lo que es cierto y evidente es que os habeis podido dar cuenta de que todo lo que se ha dicho, ha sido un "copiar y pegar", sin embargo, esto es... harina de otro costal (en este Anexo). Si he empezado por haceros interrogaciones sobre el Antigüo Testamento, es por el hecho de que en el Nuevo, os prometo,que va a ser menos peñazo... pero más intenso y con más interrogaciones y que a lo mejor tendreis que ir al Antigüo Testamento para consultar cosas.
En fin..... aquí teneis mis humildes conclusiones:
(Hablo de muchas cosas pero aunque os parezca que me voy de un lado a otro, todo tiene su conexion, eso es lo malo de tener tantos conocimientos... (prestados), y es que sigo la máxima de un profesor de historia que tuve: "Lo importante son tener los conocimientos y la esencia de las cosas claras, para los fallos, no importa que te equivoques de siglo o cambies algun personaje.... para eso estan las bibliotecas"


ANEXO

Hasta aquí todo lo relatado está más o menos bien (dentro de lo que cabe) ya que hay capítulos que son muy interesantes y otros sin embargo que sólo contienen elementos diríamos novelescos o narrativos (muy llamativos, pero nada más).

A continuación voy a relatar lo que yo diría mis propias conclusiones respecto al “dios” del Antiguo Testamento, un dios que dicho sea de paso siempre me ha parecido un dios con “demasiadas cualidades humanas” como para ser el dios en que se sostienen nuestras creencias cristianas (justo, misericordioso, bondadoso, etc., etc.). Tanto en cuanto que es un dios que castiga (y tela marinera de cómo lo hace) así es que este dios ya no me parece tal, sino que como creo estar en lo cierto, se trata de nada más ni nada menos que de alguna civilización extraterrestre que se afincó y de alguna forma colonizó nuestro planeta, y que eligió una tribu de las que entonces existían y aislándola de todo contacto externo con otras culturas contemporáneas, la preparó para realizar en el seno de esta sociedad un experimento. Dicho experimento fue la llegada del Mesías, un tal Jesús de Nazaret, con lo que se conseguirían unos principios fundamentales para la creación de una nueva sociedad y estado de vida.

Voy a ir tratando de explicar todo, ya que mis pensamientos van a más velocidad que mis dedos al ir escribiendo y por lo tanto, iré cuidadosamente paso a paso explicando todo aunque cueste más el plasmar mis ideas que el tiempo que he tardado en escribir todo lo anterior a este anexo.

Hace ya años me planteé la posibilidad de escribir todo lo que sé sobre este tema, lo que pasa es que no me decidía un poco por vagancia y otro poco porque posiblemente no interesaría a nadie y además, sabiéndolo yo, para qué había necesidad de ir contándolo en tertulias a las amistades, así es que ante las curiosidades de la Biblia, me apliqué el lema de un pastor anglicano llamado Tielhard de Chardín (creo que se escribe así) que en uno de sus libros dijo: “Lo más imposible es lo que más probabilidades tiene de ser cierto”.

Lo que me animó a escribir todo esto es que por casualidad pasé por delante de un kiosco y vi la revista de Más Allá, la cual narraba los acontecimientos “oscuros” del Antiguo Testamento; esta revista me llamó poderosamente la atención y decidí comprármela. Una vez en mi poder, como las revistas suelen ir a la basura con el paso del tiempo, y habida cuenta de que me interesó, pensé en transcribirla literalmente y al final, escribir lo que yo se sobre el tema y explicarlo más o menos de una forma más o menos clara. Como no tengo mucho estilo literario al escribir, es posible que vaya contando las cosas volviendo o repitiendo alguna cosa, por lo que pido disculpas.

Comencemos pues: Primeramente, estoy absolutamente convencido de que para poder comprender todo lo que se va a relatar hay que situarse en una posición completamente objetiva y ateniéndose a unos hechos lógicos (entendiéndose por lógico el examinar los hechos y analizándolos ateniéndonos a lo que puede ser más probable o lógico). Seguidamente, si alguien ha considerado a la Biblia (tanto al Antiguo como al Nuevo Testamento) como unos libros sin valor religioso ni histórico, no ha merecido la pena el tener que leer hasta aquí, ni tan siquiera el índice. Una vez hechas estas aclaraciones, continuemos.

El dios de la Biblia y sus ángeles (ya hemos leído lo de “eloim”) no eran ni más ni menos que seres venidos de alguna parte del espacio con la intención de realizar un experimento (el cual creo que todavía no ha terminado) para conseguir crear una sociedad y prepararla para seguir experimentando con ella. Eligieron al pueblo israelita, lo cual no es una casualidad ya que en la época que nos concierne era el que más posibilidades tenía ya que por entonces la mayoría de los pueblos circundantes eran politeístas, y tenían unas costumbres poco sanas. Sea como fuere, parece ser que este pueblo era el que más probabilidades tenía para aplicar dicho experimento. A dicho pueblo y durante generaciones, este “dios” lo ha aislado de toda injerencia externa, aún es más, si había mezclas con otras tribus, eran eliminados todos automáticamente así como sus descendientes, si luchaban contra otras tribus, eran protegidos por este dios. Hacemos constar que el nombre de Yhavé era una palabra secreta y no se debía de revelar el nombre de este dios israelita a otros pueblos debido al temor que tenían de que al revelar este nombre a las tribus enemigas, éste se pusiese de su lado. Tanto es así que aquel que osare pronunciar su nombre o más bien revelarlo al enemigo, era asesinado. Este dios les protegía de tal manera que hacía caer a sus enemigos desde el cielo toda clase de desgracias, si dentro de la tribus había discrepancias con respecto al líder, el suelo se abría bajo sus pies o eran calcinados, etc. etc. De esto se desprende que este dios quería a un pueblo puro. Una vez conseguido que no se mezclaran con otras tribus, había que darles unas normas o premisas de comportamiento elementales para poder comenzar una sociedad. Estas normas fueron las que dio Dios a Moisés, que si nos fijamos bien, son normas de “sota, caballo y rey” (o sea, elementales) para que una sociedad comience con unos comportamientos de ética y moral elementales. Además de estas leyes fundamentales, parece ser que el propio dios descendía de los cielos y les daba instrucciones sobre higiene, así como dónde y cómo debían emplazar los campamentos, etc., etc. (Un dios muy particular ¿no?, teniendo en cuenta que creemos en un dios espiritual).

Otra cosa que llama la atención es que cada vez que bajaba de los cielos, daba instrucciones de cómo se le podían aproximar sin ser dañados (para mí está claro de que se trataba de una nave, la misma o las mismas que durante toda la historia de este pueblo les ha ido protegiendo unas veces en forma de nube que por el día les hacía sombra y por la noche era iridiscente o cuando menos adoptaba una forma resplandeciente).

Alguien me dirá, ¿y cómo es que se está tan seguro y se llega a afirmar que pudiesen ser naves interestelares?. Pues la respuesta es muy sencilla. La humanidad o el hombre (como se quiera), tiene razonamientos y comportamiento absolutamente arquetípicos para llegar a la comprensión del mundo que le rodea. Por ejemplo: los indios americanos, la primera vez que vieron el ferrocarril lo llamaron “caballo de hierro”, los aborígenes tanto de la selva como de otras zonas salvajes del planeta, la primera vez que vieron un avión lo llamaban “pájaro de fuego, pájaro tronador, o similar”, la primera vez que se manifestaron avistamientos de Ovnis, se les denominó “platillos volantes”, allá por los años 50 o antes. Si nos damos cuenta, clasificamos las cosas que desconocemos aplicándoles un lenguaje sobre cosas ya conocidas por nosotros, valga el ejemplo de platillo volador (la forma era la de un plato o platillo, y lo de volador, es obvio), actualmente hemos adoptado el lenguaje técnico de OVNI (UFO en inglés cuyas siglas significan Objeto Volador no Identificado). Habida cuenta de este razonamiento, ahora me podéis decir qué era para Moisés la zarza que ardía continuamente que no se apagaba y que le hablaba, el carro de fuego que llevó al profeta Elías al cielo, la ballena que se tragó a Jonás y que le dejó al borde de una playa, etc., etc. Desde luego para mí es más fácil comprender que fue una nave la que dejó a Jonas en la costa que no que de verdad se lo tragase una ballena y que lo dejase en la playa cual animal amaestrado, tanto es así que desafía a todas las leyes físicas conocidas, y aunque los creyentes salgan del aprieto diciendo que fue un milagro, la verdad es que los milagros no existen; lo que sí existe es que hoy, ayer y mañana hay y habrá hechos incomprensibles a la luz de la ciencia pero limitados al tiempo que nos toca vivir. Por ejemplo, la televisión en el siglo XVII no sólo hubiese sido un milagro sino que su inventor hubiese terminado en la hoguera. Con esto quiero decir que el milagro de ayer es el conocimiento científico de hoy.

Para corroborar todo esto, podemos ilustrarlo con los dioses que tenían los pueblos en la antigüedad. Como no poseían conocimientos científicos, lo asimilaban todo a dioses y a ellos les hacían sacrificios y les hacían responsables de todo lo que acontecía en la vida cotidiana y cuando las cosas iban mal, iban al templo, hablaban con los sacerdotes y se les hacía un sacrificio. Había un dios para el viento, el agua, la tierra, las cosechas, los cielos, y un sin fin de etc., etc. Lo que es curioso es que a medida que el conocimiento científico va sustituyendo a la fe, van desapareciendo los dioses. Ejemplo: Para las tormentas (en las cuales hay truenos, relámpagos, agua, etc., etc.) hay un dios al cual hay que aplacar de vez en cuando pero.... cuando se sabe que es un fenómeno atmosférico, y que los rayos y demás elementos que intervienen son fenómenos eléctricos, ¡zas!, adiós al dios de la tormenta, y de paso al del trueno, el relámpago, el aire y todos los que se hayan inventado. Este comentario irá bien para algo que diré de cara al final de este anexo.

Continuando un poco al hilo de lo que vamos diciendo, si creíamos que ese dios de la Biblia es un ser espiritual (que hasta lo aquí hablado se deduce que no lo era), basta rematar de cómo hay un párrafo en la Biblia (1 Samuel 23; 6-9-11-12; 30; 7-Cool en el que se lee claramente y si uno es objetivo creo que puede llegar a la misma conclusión, que Samuel se comunica con dios a través del Efod, la definición del mismo no está escrita pero da la impresión al leer dichos párrafos que se trata de digamos (traducido a la tecnología actual) de un radiotransmisor o algo similar, a través del cual le pide ciertos consejos.

Como ilustración, vamos a comentar lo que es el Efod sacado del diccionario sobre la Biblia de Herder.

EFOD.- (Hebreo, ‘ëföd; palabra enigmática del lenguaje cultural veterotestamentario; últimamente aparecido también en textos ugaríticos ‘pd y ttrp _ terafim del cielo, que deben relacionarse con ltn _leviatán y con la serpiente de las siete cabezas.
Hay que distinguir:
(1) El ‘ëföd bad, cierta vestidura sacerdotal que se ceñían Samuel (I Samuel 2, 18) y David (S Samuel 6, 14 Ipar 15,27); tenía seguramente forma de delantal. En un pasaje (I Sam 22, 18) desígnase a los sacerdotes como portadores (hebreo. Nösë) del ëföd bad (cf. Portadores del arca: Jos 3, 8, etc., 2 Sam 6, 13); bad seguramente debe suprimirse: el hebreo. näsä’ jamás se usa para indicar que uno lleva un vestido. El término bad pertenece, de todas formas a la lengua cultural (un lienzo ?).
(2) Los sacerdotes llevan el e. (I Sam 2,28-14, 3-22,18) probablemente a hombros, como llevan el arca (df. Supra), como se lleva un yugo (Lam 3, 27) o como se llevan los ídolos (Am 5, 26), el tabernáculo (Núm 10, 17). El e., está en el santuario (I Sam 21, 10) o queda depositado (o) preparado ? en la ciudad (Jue 8, 27). Destruido el santuario, un sacerdote se llevó consigo el e. (I Sam 23, 6), sirviendo para preguntar al oráculo divino (I Sam 23, 9ss-30, 7). Detrás del e., hay en el santuario un espacio para conservar una espada (I Sam 21, 10). Al construir un santuario, el sacerdote fabrica un e., (Jue 17, 5-18, 14, I7s, 20); para colocar (o tener prevenido ?) un e. Gedeón paga 1700 siclos (unos 27 Kg) de oro (Jue 8, 27), y Miká 900 (?) siclos (unos 14 Kg) de plata (Jue 17, 2-5). Cuando se habla del e., se habla también del enigmático teräfim (Jue 17, 5-18, 14 2o Os 3, 4) y de imágenes fundidas (Jue 18, 17s).
Estos datos sobre el e., se explican muy diversamente. Seguramente hay que rechazar que el ëföd sea una vestidura sacerdotal (cf, I, exégesis tradicional). Algunos creen que se trata de un ídolo fundido con metales nobles (así Bude, Stade, etc.); otros, de una bolsa o saquito, bien atado al cuerpo por delante mediante un cinturón, o de algo parecido (Foote, Sellin, etc.). Quizás el e., fuera un objeto de culto (bolsilla o taleguilla del oráculo ?), tanto si lo llevaba el sacerdote como si lo llevaba la imagen divina, cuando daban el oráculo, y que a veces está, como la parte por el todo, en lugar de toda la imagen (Ewald, Smend, Ges-Buhl). L. Koehler (LVTL 76) propone con LAGARDE (Gött. Gel. Nachr. 1890, 15s) que el árabe wäfid wafda significaría el ministro o el abogado solicitado; ëföd sería abreviación de hëseb hä-ëföd (cinturón o faja del e.: Ex 28, 8. 27s-29, 5-39, 5.2os Lev 8, 7) y significaría la faja o banda indicadora de que se tiene misión de ayuda, e.d., la vestidura que adorna al que está preguntando un oráculo.
(3) En los escritos del P, el e., es una vestidura (juntamente con la túnica y el pectoral) del sumo sacerdote oficiante. Está hecho de un tejido de lana con dibujos multicolores y con entorchados de oro. Se lleva sobre la túnica y, lo mismo que el pectoral, está adornado de piedras preciosas (Ex 28, 6-14, 39-2-7).

ENCICLOPEDIRA LAROUSSE: Efod.- Objeto que contenía las suertes sagradas con las cuales se consultaba a Yhavé, en la época de los Jueces. (Ya no se recita después de David).

De todo lo expuesto hasta aquí y en lo que a mí respecta, creo efectivamente que el mencionado Efod no era una vestidura sacerdotal, más bien lo que existe es una confusión entre el uniforme que la persona o personas llevaban y que eran los que manejaban dicho Efod. Poniendo ejemplos en nuestro siglo sería como decir: el médico lleva una bata blanca, el fontanero un mono azul, etc., etc. y confundir la uniformidad con la labor que desarrolla cada uno, es decir equivocar el ejercer la medicina con la bata blanca y el arreglar un grifo con el mono azul. Para decirlo más claro, antiguamente los médicos se ponían un mandil bastante grueso y pesado cada vez que hacían una radiografía en los antiguos aparatos existentes, hoy aunque también se protegen, pero ya lo hacen detrás de una mampara y manejan el aparato de rayos X a través de monitores y ordenadores; según esto, sería el confundir o decir que la máquina de rayos X y el uniforme que lleva el operario de la misma, es la misma cosa, es decir, se confunde la parte por el todo.

Continuando con este tema y aunque sea un poco repetitivo ya que lo he mencionado antes, leemos y a través de la lectura intuimos que este Efod servía para “consultar” a dios (con lo que parece más bien que se estuviese manejando un radiotransmisor) y que además, leemos que el término “Bad” obedece a un ¿lienzo? (Qué podría ser un lienzo en el siglo ¿I? a.C., con el que se consultaba a dios ¿un monitor de televisión, o quizás alguna clase de pantalla?).

Bueno, ahora comentemos lo peliagudo, se ha dicho anteriormente que el hecho de aislar a este pueblo y preservarlos de cualquier contacto con otros, era el de realizar un experimento que ¿culminaría?, con la llegada del hijo de un humilde carpintero llamado Jesús. Pues bien, desde que María lo concibió, he aquí el dilema, el tratamiento de la famosa estrella del portal y el anuncio de la buena nueva a los pastores (recordemos que siguen siendo los “eloim” los que parece que intervienen en nombre de Yhavé), para mí es el mismo tratamiento que lo anteriormente citado en todos los acontecimientos del Antiguo Testamento (la ballena de Jonás, el carro de Elías, etc., etc.) así es que, ¿por qué no va a ser diferente la estrella de Belén que todos los demás casos? (A menos que creamos que las estrellas se van parando por el firmamento de una forma caprichosa). ¿Y qué comentar de ese famoso “eloim” que anuncia a los pastores la buena nueva, y que también comunicó a María que iba a concebir al Mesías?. Y no se termina aquí, parece ser que no hubo intervención ninguna por parte de José, el cual sabía que no era el padre de su futuro hijo, pero como era designio de Yhavé se tubo que contentar con la explicación de la “intervención divina” (o sea, que fue lo que hoy día llamaríamos una inseminación artificial debida a la intervención de este “eloim”). Haciendo un inciso aquí, comentando esto con una amistad, me dijo: “Pues sí, hoy día puede suceder y comprender de una forma normal y sencilla que una mujer siendo virgen se quede embarazada por medio de una inseminación artificial”. Yo le respondí: “Me parece muy bien, pero entonces....., ¿quien podría tener esa tecnología en el siglo I a.C.?”. Y por si fuera poco, para lograr que el éxito fuera completo, también inseminaron a la prima de María, a la cual fue a ver para decirle con alegría que un “ángel del señor” le había comunicado que iba a ser madre, a lo cual, su prima Ana se alegró ya que le dijo que a ella también se le apareció un ángel del señor y le anunció lo mismo (en este caso fue Juan el Bautista). Hay que asumir que esos ángeles o “eloim” del señor eran para las gentes de aquella época lo mismo que un piloto espacial lo puede ser en nuestro siglo para un indígena del Amazonas, ya que el razonamiento que antes hemos hecho de las figuras arquetípicas se puede aplicar también aquí. Otra cosa curiosa para refrendar que Jesús fue un producto de ingeniería genética es que su estatura era bastante elevada para la raza en la que le tocó vivir (incluso hoy día, los pueblos árabes son de mediana estatura y tez morena); en cambio, la altura de Jesús como hemos dicho antes (y si nos atenemos a que sea cierta la imagen de la Sábana Santa) era bastante alto.

En cuanto a los Reyes Magos, nos gusta la tradición belenística de los mismos, la realidad puede ser bien diferente. No eran ni más ni menos que astrólogos caldeos o babilonios que les pudo llamar la atención de lo que vieron en el cielo, y debido posiblemente a sus creencias decidieron seguir a aquella estrella tan extraña que les condujo a Belén. La tradición cuenta que al regresar a su patria fueron martirizados y no debieron de llegar nunca (también nos gustaría pensar que esta tradición es cierta, ya que la idea parece hasta romántica) pero lo más probable es que no fueran martirizados, porque de ser cierto.... martirizados a cuenta ¿de qué religión? (El cristianismo todavía no existía, obviamente), lo más probables es que fueran asesinados por unos corrientes, vulgares y normales bandidos de los que asaltaban a las caravanas que se adentraban en el desierto sin la suficiente escolta.

Habría muchas más cosas que hablar y matizar sobre todo lo que he escrito antes de este Anexo, pero casi sería como escribir otro libro y además, creo que a buen entendedor..... con pocas palabras basta.

Vamos a analizar ya que hemos hablado de ese Jesús de Nazaret cómo era el siglo en el que le tocó vivir para poder comprender algunos pasajes (también oscuros que hay en el llamado Nuevo Testamento) y que han pasado inadvertidos para la mayoría de nosotros (la verdad es que hay pasajes un poco extraños para que un sacerdote los pueda relatar en una homilía).

Para comenzar ya hemos dicho lo de la famosa estrella y lo de los Reyes Magos. Primeramente, se sabe que Jesús nació y creció en la tribu de los esenios. En aquella época, esta tribu era representativa de todos los valores puros del hebraísmo, o religión mosaica (puros desde Moisés) su religión podría asimilarse con los ascetas de la Edad Media, en cambio, los fariseos representaban esta religión ante el pueblo pero de una forma más “descafeinada” (o sea, de andar por casa), y por si fuera poco, estos últimos habían formado una colaboración con el pueblo invasor (los romanos) por lo menos muchos de ellos. Otra facción más radical eran los zelotes los cuales combatían a Roma, tanto es así, que cada patrulla romana que se “perdía”, se podían dar por muertos. Para comprender a estos zelotes, es como decir que en nuestro siglo durante la II Guerra Mundial los partisanos combatían a los alemanes y al Gobierno de Vichy en la Francia ocupada. En nuestro país podríamos hablar del caso de la guerra de guerrillas contra los soldados de Napoleón o más próximamente los maquis que combatieron contra Franco terminada la Guerra Civil Española. Se sabe que hubo una confrontación directa entre los zelotes y el ejército romano en la llamada “cima” o “colina” de Masada, en la cual se fortificaron los zelotes y tal era la naturaleza de esta digamos montaña, que a pesar del cerco romano, como los zelotes tenían para autoabastecerse, no había forma de que se rindieran. Al final se impuso la ingeniería romana que construyó una rampa a base de rellenar arena y piedras, hasta la cima para poder llegar a ellos (esto les costó unos dos años). Cuando accedieron a la cima, no encontraron más que cadáveres, ya que se habían dado muerte unos a otros antes de caer en sus manos.

Pues bien, Jesús pertenecía a este pueblo (los esenios, o por lo menos se sabe que fue educado en el seno del mismo) y como cultivaban la ley hebraica a la perfección no es de extrañar que Jesús dialogase con los sacerdotes del templo dándoles “sopas con onda” a todos e incluso discutiendo las leyes; por supuesto, sabía más que ellos. No es porque fuese más o menos divino, sino porque poseía más conocimientos debido a su esmerada educación.

Ya que hemos sacado a la luz las facciones político-religiosas judías (los esenios, zelotes y fariseos), aunque Jesús fue educado entre los esenios, es fácil que tuviese contactos con los zelotes, de hecho se habla en los Evangelios de una persona que él conocía y que era zelote. Los esenios, como hemos dicho, eran prácticamente unos ascetas, en cambio los zelotes eran acérrimos enemigos de los romanos. Este comentario nos lleva al famoso relato del arresto de Jesús y sus ¿discípulos? En el Huerto de los Olivos, ya que se dice que una cohorte de romanos fue a arrestarlos. A nosotros siempre se nos ha antojado la imagen de media docena de soldados romanos que capturan a Jesús y a sus Apóstoles. Yo creo que la realidad bien pudo ser bastante diferente por la sencilla razón de que según la estructura del ejército romano, una cohorte es una compañía y está formada por unos 500 hombres, y nueve de estas cohortes formaban la Guardia Pretoriana, la cual estaba bajo el mando de un prefecto pretoriano, por lo que se deduce que gracias al “soplo” de Judas (habiéndole “untado” previamente los fariseos) se enteraron en dónde estaban acampados los zelotes, y fueron a por ellos (no era fácil localizarlos ya que eran guerrilleros). Yo creo que esta versión es la correcta ya que no creo que se necesiten 500 hombres para capturar a doce personas.

Antes de continuar con la figura de Jesús, comentamos a modo de curiosidad un hecho que es poco conocido para la mayoría de la gente y que al cabo de pasar siglos y siglos de creencias, nos hemos acostumbrado a las mismas. El hecho es (aunque no tenga ninguna importancia) el nacimiento de Jesús que nosotros celebramos un 25 de diciembre cuando en realidad fue un 6 de enero (aunque de todas formas, se sabe positivamente que los antiguos cristianos nunca celebraban los nacimientos ya que ello era una costumbre pagana). Pasemos a explicarlo: Los antiguos cristianos, no sabemos exactamente desde que fecha celebraban el nacimiento de Jesús el 6 de enero. Durante el reinado del emperador Constantino se declaró la libertad religiosa (a partir de este emperador romano ya no fueron perseguidos nunca más los cristianos); en aquel entonces había en Roma religiones para todos los gustos y para todas las costumbres ya que había muchas mezclas de razas y culturas, en cada plaza o calle había erigidas estatuas en honor a dioses egipcios, mesopotámicos, griegos y por supuesto romanos, por lo que una de tantas religiones que había en Roma eran los cristianos. Este emperador (Constantino) era el sumo sacerdote de una religión que rendía culto al Sol; esta secta o religión se llamaba “Sol invictus” y celebraba su fiesta el 25 de diciembre, que era cuando el sol más brillaba en el firmamento, por supuesto era la secta más numerosa en Roma en aquella época estando los cristianos en franca minoría de fieles. Como si de una operación de marketing se tratara, a los cristianos no se les ocurrió otra cosa que trasladar su fiesta del 6 de enero para hacerla coincidir con la del 25 de diciembre para ganarse adeptos y captar nuevos fieles, lo cual a la larga y debido a la poca consistencia de las demás religiones consiguieron. Este es el motivo de que en la actualidad celebremos el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre. ¿Curioso no?. Y lo más curioso del todo es que sin embargo celebramos la festividad de los Reyes Magos precisamente en ese 6 de Enero.

Otra cosa curiosa es en cuanto al relato en la vida de Jesús referido a su crucifixión. Todos creemos que fue en una cruz, sin embargo..... no es del todo exacto. En alguno de los pasajes del Nuevo Testamento, no recuerdo en cual, en lugar de una cruz habla de que fue crucificado en un madero y la verdad es que no le falta razón. Igual que en lo comentado anteriormente, pasemos a explicarlo: Roma era un pueblo invasor de Israel y sometía a sus habitantes a fuertes tributos, castigos, etc., etc. (recordemos que eran invasores), por lo tanto había revueltas y luchas contra los romanos cada “dos por tres”. Estos habían erigido de forma permanente en el monte Gólgota una empalizada para dar castigo a los revoltosos. Consistía en unos maderos clavados en forma vertical en el suelo y sujetos unos con otros, el reo, llevaba sobre sus hombros un madero al cual era (según la pena) atado o clavado en el mismo hasta que moría, dicho madero se elevaba (con el reo ya atado o clavado) con un sistema de poleas sobre el vertical y como ambos se encajaban por una especie de guía, simplemente se dejaban caer hasta un tope situado a algún nivel de la vertical, y una vez terminado el proceso visualmente quedaba en forma de una cruz.

En cuanto a lo que hemos dicho de la altura de Jesús, se desprende del estudio de la Sábana Santa que se hizo por primera vez por un equipo científico norteamericano y que posteriormente estos estudios han sido tergiversados, revisados o simplemente ignorados o sustituidos por otras hipótesis (yo siempre creo que la primera impresión es la cierta). El cambiar o modificar los estudios de la Sábana Santa es el mismo caso que cuando empezaron a aparecer por todo el planeta el fenómeno OVNI; la primera noticia era la buena y una vez que parecía que cogía interés, aparecía otra noticia diciendo que si la gente se había confundido con un globo sonda, que si tal o cual piloto lo que había visto era el planeta Venus, etc., etc.; o sea, cualquier explicación antes que admitir lo evidente. Y entre paréntesis y hablando de lo evidente, tenemos por ejemplo en la altiplanicie de Nazca en Perú, unos dibujos de animales que solamente son visibles desde el aire, y digo yo, ¿por qué no podrían ser señales para aterrizaje de naves, ya que, ¿acaso hoy no empleamos luces en los aeropuertos?. Cuando los españoles llegaron a Sudamérica, los indios les contaban unas cosas increíbles, pero la Santa Inquisición ya se hizo cargo de censurar todo, mejor dicho de quemarlo (pero no quemaron todo, y el hablar de ello sería.... otra historia). Casi para ilustrar un poco lo que digo sirva ver la película “Como el poder de un dios” que ganó un festival de cine fantástico y en la que el director de la misma deja intuir más o menos estos hechos (me refiero a lo de dios, los eloim, Jesús, etc., etc.).

Ya que hacemos referencia a la citada Sábana Santa, nos referiremos un poco a ella haciendo algo de historia: Fue guardada por los cristianos durante siglos, y después de dar tumbos fue a parar a la catedral de Turín en la que se expone (mejor dicho, se exponía) a los fieles una vez al año. La sábana que se expone es una copia de la original, solamente se sabe de otra copia que exista, la cual se encuentra en la iglesia parroquial de Campillo de Aragón. La original, que como hemos dicho se conserva en Turín hoy en día presenta unos agujeros laterales a la figura de Jesús debidos a que la misma se contenía en un arca con adornos en plata; la catedral sufrió un incendio y dicha plata se fundió yendo a caer sobre su contenido (afortunadamente se pudo recuperar sin sufrir más daños). La primera vez que fue objeto de manipulación digamos científica fue la de un fotógrafo que la quiso inmortalizar con su cámara (hablamos de las máquinas fotográficas de principios de siglo, las que se sostenían con un trípode y el flash era a base de fogonazo de magnesio). Dicho fotógrafo después de solicitar a la Santa Sede autorización para poder fotografiarla, al final lo consiguió; pero he aquí que solamente disponía del tiempo que transcurría desde que se la sacaba de la urna hasta que habrían la catedral a los fieles, además se exponía en un rincón bastante oscuro y habida cuenta de que el fotógrafo no sabía con qué condiciones iba a trabajar, en aquella ocasión no pudo contar con el tiempo suficiente para poder fotografiarla. El fotógrafo en cuestión tardó casi tres o cuatro años en que se le fuera concedida otra oportunidad; en esta ocasión ya fue preparado para cualquier condición y aunque contó con un tiempo bastante escueto, a pesar de las dificultades consiguió al fin fotografiar la famosa Sábana Santa.

Este fotógrafo se llevó una sorpresa mayúscula cuando fue a revelar la placa, ya que en la misma se veía la figura de Jesús positivada, lo que quiere decir que lo que fotografió estaba en negativo.

Transcurrieron los años y otra persona solicitó permiso también a la Santa Sede para manipular la Sábana y de la misma sacó un hilo para examinarla al microscopio. A esta persona se le ocurrió la idea de mirar el hilo de forma transversal y observó que el interior de la fibra de dicho hilo estaba blanca, con lo que si se creía hasta la fecha que la figura de Jesús en la Sábana era producto de la sangre que había empapado el tejido quedó descartado, ya que si hubiese sido sangre el tejido se hubiese empapado hasta el interior de la fibra.

Pasamos en la actualidad al examen que hizo ya en nuestro siglo un equipo norteamericano el cual empleando técnicas bastantes más avanzadas y examinado la Sábana Santa centímetro a centímetro y efectuando los escáner correspondientes como si de un mapa topográfico se tratara, llegaron a las conclusiones: Que Jesús no fue coronado con una corona de espinas, sino con una especie de casquete (esta señal está revelada por señales de pinchazos en la nuca), y que además fueron causadas por un peso llevado de hombro a hombro (el famoso madero). Averiguaron quién reinaba en Palestina por las señales de dos monedas que pusieron en los párpados de los ojos. Que fue crucificado por las muñecas y no por la palma de las manos, y además en una de ellas fue atravesado dos veces (quizás en el primer intento el clavo tropezara con algún obstáculo y lo sacaron para clavarlo de nuevo). Y ya para rematar, llegaron a la conclusión que la imagen en la tela había sido producida por una radiación desconocida con lo que la tela se había “chamuscado”.

Pasando ya al relato en el Nuevo Testamento, observamos que María Magdalena y otros discípulos van al Sepulcro y se les aparece un ángel (siempre aparecen por todos los lados los “eloim”) y les dice que no busquen entre los muertos a quien está vivo. Y la verdad es que puede ser que no llegase a morir sino más bien que lo pareciese, además, Jesús se encontró con sus discípulos y estuvo cenando con ellos los cuales le reconocieron por la forma de cortar el pan y por lo que hablaba, así como el relato del incrédulo Tomás que metió el dedo en la llaga del costado, con lo que queremos decir que.... los fantasmas no cortan pan ni van andando por ahí, o sea que fue una presencia física completa. Para rematar se fue a los cielos de la misma forma más o menos que el profeta Elías, además que durante su vida hay un pasaje en el que relata que se adentra en el desierto con algunos de sus discípulos y se efectúa la famosa escena de la transfiguración (que creo que no fue otra cosa que lo que llamaríamos un encuentro en la tercera fase en la que se encuentran curiosamente con el personaje de Elías entre otros).

Finalizando lo anteriormente dicho, se consiguió con este experimento crear una sociedad con unos principios éticos y morales en los que fundamentar una nueva era en la que está basada toda nuestra cultura actual, o por lo menos en cuanto a la mayor parte de la población del planeta. No olvidemos que hay millones de personas que ni siquiera conocieron a ese tal Jesús y que tienen otras culturas y creencias. Lo que sí tienen en común todos los pueblos y culturas de la Tierra es que en todas hay presente un “dios” que les orienta, les guía, les aconseja, les protege, etc., etc.

Con todo lo anteriormente dicho tanto lo escrito antes de este anexo como durante el mismo, creo que hay bastantes argumentos siendo por supuesto objetivos de que ese dios del Antiguo como del Nuevo Testamento no es tal, por lo menos para mí. Alguien entonces me dirá.... pero entonces, quién o qué es Dios en el que teóricamente los creyentes lo tienen como verdadero. La idea de dios o la intuición de lo que es dios, para mí es el razonamiento siguiente: El fin último del hombre es ir caminando hacia la perfección absoluta (no en conocimientos sino en valores puros como pueden ser la bondad, amistad, cariño, etc., etc.), lógicamente esta perfección absoluta nunca se consigue, pero sin embargo se tiende hacia ella. El ejemplo metafórico sería el siguiente: Estamos en unas escaleras y hacemos esfuerzos por subir a la escalera siguiente en la que estamos, cuando lo conseguimos, miramos hacia atrás y vemos las que hemos ido subiendo y nos decimos ¡caray!, la escalera que ayer no podía subir la tengo ya debajo... sin embargo, cuando echamos la mirada hacia delante, vemos otro escalón por encima nuestro. Pues bien, toda esa serie de escalones que vamos subiendo pero que nunca se terminan, ya que siempre vemos uno por delante.... eso sería Dios.


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