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 ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

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Yeziel Hayat
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Vie 09 Ene 2009, 00:53

Elías Levi escribió:
Cada lado medía algo más de 91 metros y estaba construido con adobes recubiertos por una capa protectora de ladrillos cocidos de 15 metros de espesor. Se accedía a los pisos superiores por tres escaleras de, al menos, treinta metros de altura, y en el último piso se encontraba el templo del dios principal de la ciudad, Marduk.

Dices que la torre de Babel estaba compuesta de lados (¿4, 6, 8?), pero la imagen que tengo de ella es que era de sección circular. Curioso
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Elías Levi
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Mar 27 Ene 2009, 23:57

Bueno, como esto se ha quedado un poco parado,voy a incordiar un poco más. Este capítutlo nuevo parece que puede prometer.

Hijos de los ángeles

Antes de empezar a leer este artículo convendría dejar los prejuicios a un lado y formularnos unas cuantas preguntas previas: ¿estamos seguros de que ha habido ángeles en la antigüedad?. Y, en caso afirmativo, ¿se han dejado caer por la Tierra y se han manifestado físicamente a los hombres?. Y por último, ¿han engendrado hijos con mujeres humanas?.
Según el pasaje del Génesis 6, 1-4: “Ahora bien, sucedió que comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la superficie del suelo y les nacieron hijas; y observando los hijos de Dios que las hijas del hombre eran bellas, se procuraron esposas de entre todas las que más le placieron. Dijo entonces Yhavé: ‘Mi espíritu no perdurará en el hombre para siempre, pues que él es carne; serán sus días de ciento veinte años’. Existían por aquel tiempo en la Tierra los gigantes e incluso después de esto, cuando los hijos de Dios se llegaban a las hijas del hombre y les engendraron hijos, que son los héroes, desde antaño varones renombrados.”, parece que así fue, aunque es un párrafo sobre el que los catequistas prefieren no insistir demasiado. La propia Biblia de Jerusalén reconoce que es un “episodio difícil”. A pesar de todo, comenta que el autor sagrado se remite a una leyenda popular sobre los gigantes (en hebreo, nefilim) que habrían sido los titanes orientales, nacidos de la unión entre mortales y seres celestiales. A partir del siglo IV, los Padres de la Iglesia salieron del paso identificando a esos “Hijos de Dios” con los descendientes de Set (tercero de los hijos de Adán) y a las “hijas de los hombres” con la descendencia de Caín.
Muchas de estas cuestiones -donde se constata que los contactos entre los habitantes de la Tierra y los visitantes del cielo fueron más frecuentes y estrechos de lo que podríamos imaginar- trajeron de cabeza a algún que otro teólogo medieval que, no obstante, desistiría de llegar a conclusiones claras a riesgo de comprometer la salvación de su alma. En el judaísmo tardío y en la tradición cristiana serían interpretados como “ángeles” sin más.
San Agustín, en La ciudad de Dios, comentando el famoso versículo del Génesis 6, 1, fue el primero que reflexionó abiertamente sobre “si los ángeles, al ser espíritus, pueden copular corporalmente con mujeres”, inclinándose por una respuesta afirmativa.
Y no le faltaba razón. En una lectura detenida e imparcial de la Biblia se pueden distinguir al menos dos clases de injerencias sexuales. Por un lado, las colectivas, como la recogida en el pasaje bíblico anteriormente expuesto, reiterado en un libro considerado apócrifo (nos referimos al Libro de Enoch, cuyo original -probablemente hebreo- se ha perdido, pero del que se conservan copias griegas, etíopes y latinas). La otra clase de intervención sería selectiva, diríamos que programada y planificada con sumo detalle por Yhavé y sus acólitos, interviniendo directamente en la fecundación de personas claves en el desarrollo del “pueblo elegido”: Israel. Y así queda expresado en numerosos pasajes, sobre todo en Deuteronomio, 7:6: “Porque tú eres un pueblo consagrado a Yhavé, tu Dios; a ti te ha escogido Yhavé Dios tuyo, para que vengas a ser para El pueblo de su personal propiedad entre todos los pueblos que existen sobre la faz del suelo”.
Y, desde luego, como veremos a continuación, pone todo su empeño para que así sea, caiga quien caiga.

LA PROMISCUIDAD DE LOS DIOSES
Durante mucho tiempo, el Libro de Enoch se ha considerado un libro secreto del que San Agustín afirmaba que la Iglesia lo rechazaba de su canon debido a su gran antigüedad y que, sin embargo, fue plenamente aceptado por los primeros cristianos, entre ellos San Clemente de Alejandría.
Enoch (el que caminó en compañía de Ha-Elohim y éste le arrebató al cielo) nos habla sin tapujos de la unión de los celestes con las hijas de los hombres y completa algunos datos que se calla el Génesis. Transcribimos literalmente del Libro de Enoch (VI, 1-8 y VII, 1-6) el párrafo que tanto ha dado que hablar y que tantas teorías ha suscitado: “Así pues, cuando los hijos de los hombres se hubieron multiplicado y les nacieron en esos días hijas hermosas y bonitas, y los ángeles, hijos de los cielos, las vieron y las desearon, se dijeron entre ellos: ‘Vamos, escojamos mujeres entre los hijos de los hombres y engendremos hijos’. Entonces, Semzaya, su jefe, les dijo: ‘Temo que quizá no queráis (realmente) cumplir esa obra, y seré, yo solo, responsable de un gran pecado’. Pero todos le respondieron: ‘Hagamos todos un juramento y prometámonos todos con un anatema no cambiar de destino, sino ejecutar realmente (ese destino)...”.
Luego nos dice el texto que les transmitieron una serie de conocimientos aparentemente extraños como “los encantos y los encantamientos, y les enseñaron el arte de cortar las raíces y (la ciencia) de los árboles”. Más tarde, no deja lugar a dudas del fruto de estos embarazos: ‘Así pues, éstas concibieron y pusieron en el mundo grandes gigantes cuya altura era de tres mil codos. Ellos devoraron todo el fruto del trabajo de los hombres, hasta que éstos no pudieron alimentarlos más. Entonces los gigantes se volvieron contra los hombres para devorarlos”.

UN NOE ALBINO Y DIVINO
Pero no nos desviemos. Otro de los pasajes del Libro de Enoch nos pone sobre la pista de lo que podría ser una especie de “plan genético” a gran escala llevado a cabo por la raza divina, empezando la programación con el nacimiento de Noé, supuesto hijo de Lamech. Y decimos supuesto porque, aunque el Génesis nada nos dice al respecto, Enoch es mucho más explícito. Cuando Lamech descubre que su bebé tenía la piel y los pelos muy blancos (albino diríamos ahora) y, sobre todo, cuando el niño abre los ojos e ilumina toda la casa como el Sol, le entran dudas sobre su paternidad y, presa del terror, se dirige a casa de su padre Matusalén para consultarle: “Yo he puesto en el mundo un hijo diferente (de los otros); no es como los hombres, sino que parece un hijo de los ángeles del cielo”.
Esta transcripción deja claro, pues, que las uniones sexuales con estas entidades divinas debían ser bastante frecuentas en aquella época. Pero aún amplía nuevos datos ciertamente significativos: “Su naturaleza es diferente, y no es como nosotros; sus ojos son como los rayos del Sol; su rostro es espléndido. Y me parece que no es mío sino de los ángeles, y temo que se cumpla un prodigio sobre la Tierra durante sus días’ (...) Así, pues, cuando Matusalén hubo oído la palabra de su hijo, vino hacia mí (hacia Enoch, padre de Matusalén) en los confines de la tierra, porque se había enterado de que yo estaba allí, y gritó y oí su voz y fui a él y le dije: ‘Herme quí, oh hijo mío, ¿por qué has venido hacia mi? ‘El me respondió y me dijo: ‘He venido a ti a causa de una gran inquietud, y a causa de una asombrosa visión a la que me he acercado. Y ahora escúchame. oh padre mío. Le ha nacido un hijo a mi hijo Lamech que no es parecido a él: su naturaleza no es como la naturaleza de los hombres, su color es más blanco que la nieve y más rojo que la flor de la rosa, los cabellos de su cabeza son más blancos que la lana blanca y sus ojos son como los rayos del Sol, y ha abierto los ojos y ha iluminado toda la casa’”.
Es más. Entre los primeros rollos encontrados en Qunram, nos llama la atención el Génesis Apocrifón, denominado Manuscrito de Lamech, escrito en arameo en la primera mitad del siglo I a.C. En él se cuenta cómo Lamech, de regreso a casa tras larga ausencia, se encuentra con la sorpresa de que su mujer Bathenosh había dado a luz un niño, asegurándole que no era hijo de ningún extraño ni de ninguno de los “Vigilantes o Hijos del Cielo”. Curiosa respuesta.
Pero hay más. Cuando Noé es avisado por Yhavé para que construya un arca y se salve del Diluvio, dará origen a la primera raza postdiluviana, la nueva humanidad. Y, a partir de entonces, los testimonios de concepciones por intervención divina no fueron casos aislados. Sin embargo, hubo también otros personajes destacados en la historia bíblica que tuvieron orígenes no menos sospechosos de haber sido concebidos directa o indirectamente por los elohim, los hijos de Dios, en mujeres terrestres, muchas de ellas estériles. En el Antiguo Testamento se aprecian claramente cuatro fases en la protección del pueblo de Israel y en su “seguimiento genético”: la anterior al Diluvio, la de Abraham y su descendencia, la etapa del éxodo de Moisés y la época de los Jueces. Hoy, gracias a la técnica de fecundación in vitro, nos resultará más fácil entender lo que a continuación sigue.

LA DESCENDENCIA DE ABRAHAM
Noé tuvo tres hijos: Sem, Cam y Jafet. Después del catastrófico diluvio, un personaje del linaje de Sem brilla con luz propia. Es Abraham, el patriarca del pueblo de Judá y de Israel. Su vida se desarrolló sobre el segundo milenio a.C. y los textos nos reiteran que tuvo muchos encuentros con Yhavé. De hecho, los elohim (con los diferentes nombres que adoptan), entraron en relaciones personales con los antepasados del pueblo judío y los hicieron depositarios de valiosos conocimientos técnicos y verdades reveladas a cambio de un pacto. Así, en el Génesis 15,4, Yhavé asegura a Abraham que toda la tierra de Canaán le está destinada como herencia a él y a su posteridad y que su descendencia será tan numerosa como las estrellas del cielo. Es un pacto de sangre, pues escoge la circuncisión como signo de esa alianza.
A pesar de todo, las dudas de Abraham respecto a su descendencia eran más que razonables, pues él ya estaba peinando canas y su mujer, Sara, era estéril. Sin embargo, gracias a la esclava egipcia Agar, Abraham concibe a Ismael (sin intervención divina), cuyos descendientes -tuvo 12 hijos- llegarán a ser los árabes del desierto. Pero Yhavé deja claro que los ismaelitas no serán su pueblo elegido y hace concebir a Sara a su hijo Isaac, esta vez con ayuda sobrenatural (Génesis 21, 1-4). A partir de este momento se van sucediendo una serie de extraños acontecimientos en lo que siempre hay presencia de mensajeros celestes (el “Angel de Yhavé”, según algunos textos) en el proceso previo al embarazo. En concreto, nos referimos al nacimiento de los dos hijos mellizos que Isaac tuvo son su esposa Rebeca -que también era estéril- Esaú y Jacob. Para no dejar dudas de la finalidad del plan genético, cuando Rebeca acude a Yhavé, éste le dice: “Dos pueblos hay en tu vientre y dos naciones de tus entrañas se han de separar y una nación será más fuerte que la otra” (Génesis 25, 23). De nuevo vuelve a dejar claro que una de las descendencias -la de Esaú- no le interesa.
Jacob, como se sabe, tuvo a su vez trece hijos y doce de ellos fueron los que más tarde dieron lugar a las doce famosas tribus de Israel desperdigadas por todo el mundo a la muerte de Salomón.
Pues bien, Yhavé parece hacer una pirueta con Jacob y éste, a pesar de tener una esposa (Raquel), concibe cuatro hijos con su esclava Leah (sin intervenir Jacob): Rubén, Simeón, Leví y Judá. El texto (Génesis 29, 31) es explícito: “Yhavé observó que Leah era menospreciada e hízola fecunda, mientras que Raquel quedó estéril”.
Ya hemos visto que la esterilidad no era problema para los planes genéticos de los elohim, así que también hacen fecunda a Raquel, quien dará a luz a José (Génesis 30, 22). Otro de esos pasajes reveladores sobre las intenciones de los dioses lo encontramos más adelante (Génesis, 35, 10), cuando uno se aparece a Jacob y le cambia el nombre por el de Israel, diciéndole: “Yo soy El-Sadday, sé fecundo y multiplícate; un pueblo y una muchedumbre de pueblos procederán de ti y reyes saldrán de tus lomos. El país que di a Abraham y a Isaac, a ti te lo daré y a tu descendencia después de ti daré el país”.
Es decir, que Yhavé renueva su alianza y sus promesas (de territorio y descendencia) tanto al hijo de Abraham -Isaac- como a su nieto Jacob.
Como se ve, el seguimiento no puede ser más calculado y vigilado.

JUECES ELEGIDOS POR YHAVE
Seguimiento que dura cientos de años y siempre con un claro objetivo: evitar que el pueblo escogido se mezcle con otras tribus. Tal es su obsesión, que Yhavé no duda en masacrar todo aquel que se pone por delante, sean cananeos o amorreos. Cuando las cosas parecen ir mal, es el momento en que “El Angel de Yhavé”, hace acto de presencia y resuelve la situación. Así ocurrió cuando alrededor del año 1150 a.C., irrumpen los filisteos en la zona geográfica donde estaban asentados los israelitas, surgiendo un nuevo “niño anunciado”. Veamos. En el Libro de Jueces, al relatar el nacimiento de Sansón (Jueces, 13), el “Angel de Yhavé” se presenta a su madre, que era estéril, en el siguiente trance: “Fue la mujer y dijo a su marido: ‘Ha venido a mí un hombre de Dios. Tenía el aspecto de un ángel de Dios muy terrible. Yo le pregunté de dónde venía y me dio a conocer su nombre pero me dijo: ‘Vas a concebir y parir un hijo. No bebas, pues, ni vino ni bebida embriagadora y no comas nada inmundo, porque el niño será nazareo de Elohim desde el seno materno hasta el día de su muerte’. Entonces Manóah (el marido) invocó a Yhavé, diciendo: ‘De gracia, Señor: que el hombre de Dios que enviaste venga otra vez a nosotros para que nos enseñe lo que hemos de hacer con el niño que ha de nacer’”.
Como hijo de Elohim, tenía una serie de cualidades que le hacían diferente a los demás humanos, como era su fuerza sobrenatural (que se atribuyó a la largura de su pelo). El Antiguo Testamento le considera el liberador del pueblo de Israel al luchar contra los filisteos. (Sorpréndanse un poco más al saber que años antes el “Angel de Yhavé” se había aparecido a Gedeón -otro de los jueces- para anunciarle que debía salvar a Israel de los Madianitas. Y lo hizo.
No olvidemos que el texto dice que Sansón sería nazareo, o se, una persona dedicada a Yhavé y antes de su nacimiento, por un voto vitalicio, comprometiéndose a no beber bebidas fermentadas, no cortarse el pelo, no acercarse a un cadáver y abstenerse de comida impura (Números 6, 1-21).
Con algunas diferencias, las circunstancias básicas del relato de la concepción de Sansón se repiten también en el nacimiento de Samuel, el último juez de Israel de la tribu de Leví. Nació de Ana, la esposa estéril del efrainita Elcana (I Samuel, 1) y fue otro nazareo, al igual que siglos más tarde lo sería Juan el Bautista (cuya madre, Isabel, también tuvo un embarazo prodigioso). Samuel, inspirado por Yhavé, escogió a Saúl como rey y más tarde a David, padre del todopoderoso Salomón, a partir del cual el imperio se divide en dos reinos: el de Judá, en el sur (dos tribus), y el de Israel, en el norte (diez tribus).
La madre de Sansón -como Ana, la madre de Samuel, e Isabel, la de San Juan el Bautista (Lucas 1, 5-25)- dejó de ser estéril por la gracia de Yhavé, la misma que se “derramó” sobre María para fecundarla, siendo aún virgen. Además, Sansón, como Jesús, murió para salvar a su pueblo -de los filisteos- y también lo hizo con los brazos en cruz, forzando las dos columnas centrales del templo de Dagón en Gaza (Jueces, 15, 27-31).
Tal como apunta Javier Serra en un exhaustivo reportaje, de algunos de los datos quí expuestos “se desprende una conclusión inquietante: son ‘mutantes’ concebidos en una vasta ‘operación genética’ diseñada por Yhavé y cuyo producto definitivo parece -y recalco ese “parece”- que fue el hijo de un carpintero israelita nacido hacia finales del siglo I a.C.
Personalmente creo que en ese ambicioso plan genético -no acabado con el nacimiento de Cristo- está implicada también la trayectoria futura del pueblo hebreo (una nación “protegida” y rebosante de poder, a pesar de los muchos intentos de exterminio que se han llevado a cabo) y cuyo destino podría marcar, según los analistas políticos, el de toda la humanidad.
Yhavé escribe derecho con renglones torcidos.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Miér 04 Feb 2009, 11:46

Vamos, que los ángeles eran unos pillines, aprovechándose de la ignorancia del pueblo. Eran todo menos ángeles Twisted Evil
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Elías Levi
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Vie 06 Feb 2009, 17:28

Siguiendo con el tema en cuestión, me parece que todavía no hemos tocado el tema de los Patriarcas, así es que, aquí tenéis más tema para desgastar neuronas. No es por nada, pero este tema está antes que la cábala, para que una vez que lo hayáis leído desgastéis alguna neurona más.

¿Quiénes eran los Patriarcas?

Según lo narrado en el Génesis se correspondiera con hechos históricos reales, los descendientes de Adán y Eva -en teoría, para los más ortodoxos, toda la humanidad- lo serían también de los dos hijos que les sobrevivieron (recordemos que Abel murió asesinado por su hermano): Caín y Set. Empero, hay que señalar que del primero se nos cuenta (Génesis, 4, 15-16) que “Yhavé puso una señal a Caín para que nadie que le encontrase le atacara” añadiendo que “salió de la presencia de Yhavé y se estableció en el país de Nod, al oriente de Edén”. Breve párrafo que demuestra taxativamente -por sí mismo y para quien no acepte la teoría evolucionista- que, además de los hijos de Adán y Eva, había otros hombres en el planeta. Luego el mito de que Adán y Eva fueron los primeros seres humanos se derrumba, no explicándose siquiera la gestación de tal mito. Y por si queda duda alguna, el Génesis cuanta luego que Caín conoció a su mujer, mentando los nombres de algunos de sus descendientes.
Momento al partir del cual se habla de los hijos del tercer vástago de Adán y Eva, Set, que serían conocidos desde entonces como los “patriarcas”. Pues bien, lo primero que sorprende es la longevidad de tales patriarcas, incluidos, por cierto, sus propios padres, porque el texto -que no dice cuándo murió Eva- sí explícita que Adán murió ¡a los 930 años!, edad sólo superada por sus descendientes Yéred -962 años- y Matusalén -969 años-. Pero leamos el relato en Génesis 5, 1-32:
“Esta es la lista de los descendientes de Adán.
El día que Dios creó a Adán, le hizo a imagen de Dios. Los creó varón y hembra, los bendijo, y los llamó ‘Hombre’ en el día de su creación.
Tenía Adán ciento treinta años cuando engendró un hijo a su semejanza, según su imagen, a quien puso el nombre de Set. Fueron los días de Adán, después de engendrar a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. El total de los días de la vida de Adán fue de novecientos treinta años, y murió.
Set tenía ciento veinticinco años cuando engendró a Enós. Vivió Set, después de engendrar a Enós, ochocientos siete años, y engendró hijos e hijas. El total de los días de Set fue de novecientos doce años, y murió.
Enós tenía noventa años cuando engendró a Quenán. Vivió Enós, después de engendrar a Quenán ochocientos quince años, y engendró hijos e hijas. El total de los días de Enós fue novecientos cinco años, y murió.
Quenán tenía setenta años cuando engendró a Mahalalel. Vivió Quenán, después de engendrar a Mahalalel, ochocientos cuarenta años, y engendró hijos e hijas. El total de los días de Quenán fue de novecientos diez años, y murió.
Mahalalel tenía sesenta y cinco años cuando engendró a Yéred. Vivió Mahalalel, después de engendrar a Yéred, ochocientos treinta años, y engendró hijos e hijas. El total de los días de Mahalalel fue de ochocientos noventa y cinco años, y murió.
Yéred tenía ciento sesenta y dos años cuando engendró a Henoc. Vivió Yéred, después de engendrar a Henoc, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. El total de los días de Yéred fue de novecientos sesenta y dos años, y murió.
Henoc tenía sesenta y cinco años cuando engendró a Matusalén. Henoc anduvo con Dios; vivió, después de engendrar a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas. El total de los días de Henoc fue de trescientos sesenta y cinco años. Henoc anduvo con Dios, y desapareció porque Dios se lo llevó.
Matusalén tenía ciento ochenta y siete años cuando engendró a Lámek. Vivió Matusalén, después de engendrar a Lámek, setecientos ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas. El total de los días de matusalén fue de novecientos sesenta y nueve años, y murió.
Lámek tenía ciento ochenta y dos años cuando engendró un hijo, y le puso por nombre Noé, diciendo: ‘Este nos consolará de nuestros afanes y de la fatiga de nuestras manos, por causa del suelo que maldijo Yhavé’. Vivió Lámek, después de engendrar a Noé, quinientos noventa y cinco años, y engendró hijos e hijas. El total de los días de Lámek fue de setecientos setenta y siete años, y murió.
Era Noé de quinientos años cuando engendró a Sem, Cam y a Jafet”.
Añadiéndose más adelante -en Génesis 9, 28-29-: “Vivió Noé después del diluvio trescientos cincuenta años. El total de los días de Noé fue de novecientos cincuenta años, y murió”.
Hasta aquí la cronología de los patriarcas, que plantea -entre otras- algunas cuestiones muy interesantes:
1) Que los patriarcas vivieron todos entre los “escasos” 777 años de Lámek y los 969 de Matusalén.
2) Que Enoc no murió en la Tierra, sino que se lo llevó “Dios” cuando tenía 365 años y no se le volvió a ver más, algo similar a lo que mucho después -siempre según la Biblia- les ocurriría a Elías, a Baruc y a Esdrás.
3) Que, teniendo en cuenta la edad en que engendraron y la edad en la que murieron, vivieron prácticamente todos “juntos” a la vez. Es decir, que Adán convivió con sus hijos, nietos, bisnietos, tataranietos, etc. .. y los descendientes de varias generaciones posteriores más. Y -obviamente- éstos entre sí.
4) Que salvo en los casos de Adán y Noé -primero y último en la lista-, de todos se menciona el nacimiento de un hijo -presumiblemente el primogénito y, por tanto, su heredero-, añadiéndose luego la coletilla “y engendró hijos e hijas” al referirse a todos y cada uno de ellos. Por lo que es obvio que cada uno tuvo muchos más descendientes, nada de extrañar si vivían tantos años.
5) Que todos engendraron a sus primogénitos cuando contaban entre los 65 años -Mahalalel- y los 182 -Lámek-, salvo Noé, de quien se dice que tuvo a sus hijos Sem, Cam y Jafet cuando ya contaba con 500 años.
6) Que Noé tenía 600 años cuando se embarcó en el Arca para salvarse del Diluvio.
7)Que -según se lee en Génesis 9, 19-, “Estos tres fueron los hijos de Noé, y a partir de ellos se pobló toda la Tierra”.
Cool Que, consecuentemente, cuando Noé se embarcó en el Arca, vivían su padre, su abuelo, su tatarabuelo y muchos de otros de sus ascendientes y de su extensísima parentela, excepción hecha de su bisabuelo Henoc, a quien -según el texto bíblico- arrebató “Dios”. Y que, en consecuencia ¡murieron todos! , en el llamado Diluvio Universal. Algo completamente inexplicable.
En cualquier caso, la longevidad de tales patriarcas sólo podría explicarse -salvo que neguemos los hechos históricos narrados y reinterpretemos el texto alegando que el mismo es simbólico y alegórico- si aceptásemos que su genética no era similar a la nuestra. Es decir, que los patriarcas eran “hijos de los dioses”. Pero, ¿de qué dioses? ¿Inferimos que éstos no existieron y son un mito, como arguyen algunos exégetas para intentar justificar la aparente inconsistencia del texto bíblico, o aceptamos que aquellos “dioses” eran seres procedentes de una civilización no terrestre y de ahí su longevidad, propia de una raza distinta a la nuestra?. Decida el lector qué tiene, a su parecer, mayor sentido. Pero antes, lea lo que se cuenta en Génesis 6, 4: “Los nefilim existían en la tierra por aquel entonces (y también después) cuando los hijos de Dios se unían a las hijas de los hombres y ellas les daban hijos: estos fueron los héroes de la antigüedad, hombres famosos”.
Por cierto, que tampoco deja de llamar la atención que el propio Yhavé decidiera que los hombres no alcanzaran esa longevidad. Veámoslo: “Cuando la humanidad comenzó a multiplicarse sobre la faz de la tierra y les nacieron hijas, vieron los hijos de Dios que las hijas de los hombres les venían bien, y tomaron por mujeres a las que preferían de entre todas ellas. Entonces dijo Yhavé: ‘No permanecerá para siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne; que sus días sean ciento veinte años’”. (Génesis 6, 1-3).
Con lo que queda claro que esa era -genéticamente- la vida máxima que un ser humano normar podía alcanzar o bien que se manipuló genéticamente para que así fuera. Algo difícil de aceptar teniendo en cuenta que eso no puede hacerse en un planeta muy poblado... pero que es factible si la humanidad “desaparece” a excepción de unos pocos seres humanos seleccionados. Bueno, pues recordemos que es entonces cuando Yhavé decide eliminar a todo ser viviente, salgo a aquellos que son introducidos en el Arca: “Por mi parte, voy a traer el diluvio, las aguas sobre la tierra, para exterminar toda carne que tiene hálito de vida bajo el cielo: todo cuanto existe en la tierra perecerá”. (Génesis 6, 17).
¿Fue realmente así?. Y en tal caso, ¿la razón fue la de controlar -genéticamente- la longevidad de los supervivientes?.
No tenemos respuestas. Pero sí sabemos que la edad de los llamados “patriarcas postdiluvianos” -y por cierto, sólo son considerados así los hijos de Sem y no los de Cam o Jafet- disminuyó progresivamente. Lo que no deja de ser llamativo. Veamos lo que se cuenta en Génesis 11, 1-32:
“Estos son los descendientes de Sem:
Sem tenía cien años cuando engendró a Arpaksad, dos años después del diluvio. Vivió Sem, después de engendrar a Arpaksad, quinientos años, y engendró hijos e hijas. Arpaksad era de treinta y cinco años de edad cuando engendró a Sélaj. Y vivió Arpaksad, después de engendrar a Sélaj, cuatrocientos tres años, y engendró a hijos e hijas.
Era Sélaj de treinta años cuando engendró a Héber. Y vivió Selaj, después de engendrar a Héber, cuatrocientos tres años, y engendró hijos e hijas.
Era Héber de treinta y cuatro años cuando engendró a Péleg. Y vivió Héber, después de engendrar a Péleg cuatrocientos treinta años, y engendró hijos e hijas.
Erea Péleg de treinta años cuando engendra a Reú. Y vivió Péleg, después de engendrar a Reú, doscientos nueve años, y engendró hijos e hijas.
Era Reú de treinta y dos años cuando engendró a Serug. Y vivió Reú, después de engendrar a Serug, doscientos siete años, y engendró hijos e hijas.
Era Serug de treinta y dos años cuando engendró a Najor. Y vivió Serug, después de engendrar a Najor, doscientos años, y engendró hijos e hijas.
Era Najor de veintinueve años cuando engendró a Téraj. Y vivió Najor, después de engendrar a Téraj, ciento diecinueve años, y engendró hijos e hijas.
Eera Téraj de setenta años cuando engendró a Abram, a Anjor y a Harán.”
“Estos son los descendientes de Téraj:
Téraj engendró a Bram, a najor y a Harán. Harán engendró a Lot. Harán murió en vida de su padre Téraj, en su país natal, Ur de los caldeos. Abram y Najor se casaron. La mujer de Abram se llamaba Saaray, y la mujer de Najor, Milká, hija de Harán, el padre de Milká y de Jiská. Saray era estéril, sin hijos.
Teráj tomó a su hijo Abram, a su nieto Lot, el hijo de Harán, y a su nuera Saray, la mujer de su hijo Abram, y salieron juntos de Ur de los caldeos, para dirigirse a Canaán. Llegados a Jarán, se establecieron allí.
Fueron los días de Téeraj doscientos cinco años, y murió en Jarán.”
Es decir, que mientras Sem murió a los 600 años, su hijo alcanzó los 438; rápida disminución que llevaría a Téraj -novena generación desde Noé- a morir con “sólo” 205 años.
En definitiva, ¿qué hay de verdad en lo narrado en el texto bíblico?. Por nuestra parte, sólo queremos relatar los hechos bíblicos; en cuanto a su interpretación, juzgar vosotros mismos..


PD.- El siguiente capítulo tiene mucho que ver con éste, así es que voy a esperar a que empecéis a calcular números (¿cábala?)
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Jue 12 Feb 2009, 01:24

Es alucinante, ¿a Matusalén le quedaban fuerzas a los 180 años para engendrar a LameK?

Es curiosa esta parte porque pueden coincidir en el tiempo entre 7 y 10 generaciones a la vez. ¿Qué tomaban?
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Sáb 14 Feb 2009, 00:51

[justify]No tomaban nada Yeziel, simplemente que los números que una y otra vez parece que les dan mucha importancia, realmente...... ocultaban otra cosa.......
A ver, a ver, esa imaginación: ¿Con lo que se ha dicho y comentado hasta la fecha..... quién o qué persona/as le dan tanta importancia a números y qué intentaban ocultar tras los mismos?. Yo como ya lo se no me sorprende pero............................ os sorprendera porque es un puntazo más.... y eso que me falta muchísimo para el Nuevo Testamento.


Última edición por Elías Levi el Lun 27 Jul 2009, 23:43, editado 1 vez
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Elías Levi
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Lun 27 Jul 2009, 13:52

Vamos a seguir escribiendo un poco más sobre este tema y siguiendo las instrucciones de Yeziel, lo iré pegando en trozos más pequeños. Ojo al dato: En este capitulo, se demuestra que conocian desde la antigüedad la tabla de símbolos atómicos de los elementos.

Los secretos atómicos de la cábala

Una antiquísima tradición sostiene que el día que se descubra el secreto de la Cábala, el mundo cambiará. Y los “cabalistas” de doscientas generaciones se han esforzado en descubrirlo, en la esperanza de que así cambiaría un mundo con el que no estaban conformes. Sólo que como todos fracasaron y, a pesar de sus revelaciones, el mundo prosiguió sin ningún cambio, se llegó a la conclusión de que la Cábala no funcionaba y de que en realidad no había en la Biblia ningún secreto oculto.
Pero los tiempos cambian. Y hoy, gracias a nuestros modernos conocimientos científicos, estamos en condiciones de reinterpretar lo que durante cinco milenios se dijo sobre la Cábala. Y resultará evidente para cualquiera que su contenido es tan inesperado y revolucionario que el mundo tendrá que cambiar... si no lo ha hecho ya.

POR QUE NO SE PUDO DESCUBRIR EL SECRETO DE LA CABALA
El fracaso de cinco mil años de búsqueda cabalística -que se acentuó, curiosamente, a partir de la Era Cristiana- se debió a dos factores fundamentales: el primero, que todos los cabalistas buscaron a través de los números hebreos y la Cábala fue desarrollada por escritores bíblicos utilizando números arábigos; y el segundo, que los números fundamentales de la Cábala están referidos a las “constantes atómicas”, conocidas sólo desde mediados del siglo XX. Por tanto, con anterioridad a este siglo ningún cabalista pudo tener la menor idea del significado de la Cábala.
Nadie pudo, en consecuencia, conocer el significado preciso de los “números cabalísticos” del Génesis donde -según los indicios que expondremos- se dejaron consignados los valores de las constantes atómicas.

¿QUE SON LOS NUMEROS ARABIGOS?
Es aceptado por los estudiosos que uno de los mayores progresos de la historia de la civilización fue el descubrimiento del cero. Los números con cero que empleamos nosotros son llamados números arábigos por haber sido traídos a Europa por los árabes hacia el siglo XIII de la Era Cristiana. Anteriormente a esa fecha, se usaban los números romanos -que todavía empleamos-, que carecían de cero... Aunque tampoco tuvieron cero otros sistemas de anotación numérica como, por ejemplo, los griegos, los egipcios y, por supuesto, los hebreos.
Por ello, al observar que en las tablas que se obtienen a partir de la edad de los patriarcas bíblicos aparece el cero, nos enfrentamos con la negación de muchos conocimientos históricos que hasta ahora habíamos considerado verdaderos. Este solo hecho -la existencia del cero en época del Génesis- nos obliga a revolucionar nuestras ideas sobre la evolución de las matemáticas.

¿QUE SON LOS NUMEROS HEBREOS?
El sistema hebreo de numeración es el más simple de todos. Consiste en dar a cada una de las letras del alfabeto hebreo (en total 22) un valor numérico. Por ejemplo, para escribir 1997 basta con juntar convenientemente las letras que sumadas nos den esa cifra.
Cada letra del alfabeto tiene un valor numérico. Así, por ejemplo, la primera letra del alfabeto hebreo es la alef y vale uno. La segunda letra es la bet, que vale dos. La tercera es guimel, que vale tres, y así sucesivamente.
A modo de ejemplo, sumaremos los valores de las letras hebreas que componen la palabra YHVH (Dios):
Y + H + V + H = 10 + 5 + 6 + 5 = 26
Como puede verse, cada palabra hebrea, además del sonido de las letras, tiene un valor numérico. Y la Cábala tradicional interpretó filosóficamente los valores numéricos de las palabras hebreas. Hubo por ello miles de escuelas cabalísticas, pues cada cabalista tuvo su propio centro de enseñanza.

¿QUE SON LAS CONSTANTES ATOMICAS?
Las llamadas “constantes atómicas” son un conjunto de doce números fundamentales obtenidos por los investigadores de la Física del Atomo y que constituyen el conocimiento de mayor jerarquía de la ciencia física, y por tanto, el pináculo de la evolución cultural de la humanidad moderna. Se trata de números que todos los físicos conocen de memoria ya que son la herramienta fundamental de sus investigaciones.
Estos números comenzaron a ser conocidos a principio de siglo, empezando por la Constante de Planck, a la que se fueron agregando otros valores, quedando completada la lista hacia 1970.
En cualquier caso, es un auténtico misterio por qué los escritores bíblicos eligieron precisamente los mismos números que las constantes atómicas y los incluyeron en el Génesis. Enigma que se acentúa si se tiene en cuenta la extendida creencia de la ignorancia de los escritores del Génesis, a los que se acusa de que ni siquiera llegaron a prever la teoría de Darwin sobre la evolución de las especies...

¿QUIENES FUERON LOS PATRIARCAS?
Todos los exégetas -católicos, ortodoxos, laicos, judíos, protestantes, etc.- han coincidido en denunciar el carácter mitológico de los patriarcas del Génesis. Como todos sabemos, se diferencian dos tipos de patriarcas bíblicos: los descendientes de Adán, que por haber nacido antes del Diluvio son llamados prediluvianos, y los descendientes de Noé que reciben el calificativo de postdiluvianos.
Ha sido motivo de ácidas discusiones la exagerada edad de los patriarcas prediluvianos que, como Matusalén, vivían hasta la edad de 969 años. Siendo esa la razón de que muchos estudiosos sospecharan que esos números debían tener alguna significación oculta.
Otra circunstancia que acentúa el carácter mitológico de los patriarcas es que los postdiluvianos no tienen nombres de personas, sino de ciudades. Todos los nombres de estos patriarcas (Arfaxad, Peleg, Nacho, Tare, Heber, etc.) se corresponden a ciudades del reino de Mari, una importante civilización que floreció a ambas márgenes del Eufrates hacia el siglo XXX a.C. Circunstancia, por cierto, que nos permite fijar la escritura del Génesis hacia esas fechas.
También ha sido observada por los exégetas la total ausencia de datos biográficos de los patriarcas no habiendo ninguna referencia sobre su vida. Aunque, en abierto contraste con esta total ausencia de información biográfica, la información demográfica resulta exagerada. ¡Hay más de doscientos números vinculados a estos patriarcas desconocidos!.
De ahí que todo ello (la exageración de las edades, la ausencia de datos biográficos y la plétora de números) alimentara siempre la sospecha de que algo se ocultaba en el Génesis. Sólo que los cabalistas se encontraron frente a un muro infranqueable, pues a lo más que llegaron fue a establecer que los capítulos y versículos verdaderamente importantes eran aquellos rotulados cabalísticamente por los números 26 y 32 (el número y nombre de Dios y del hombre, respectivamente).
Lo que quedó aclarado cuando se descubrió la Regla Cabalística para el ordenamiento de los números del Génesis, demostrándose que todos los números consignados en los capítulos 5 y 11 habían sido manipulados aritméticamente para la obtención de tablas perfectamente ordenadas. De hecho, una vez compuestas, salta a la vista que no se trata de combinaciones casuales de dígitos, pues la probabilidad de que el ordenamiento de los doscientos números del Génesis se haya producido al azar es de ¡una entre más de trescientos billones!.


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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Lun 27 Jul 2009, 17:12

Joer, qué enigmático te pones a veces. Sigue, sigue que esto se pone muy interesante.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Mar 28 Jul 2009, 10:08

Pues nada, nada, seguimos con el enigma y que nos va a dejar pasmaossss Shocked


Los secretos atómicos de la cábala



INTERPRETACION DE LA CABALA
Empezaremos a ordenar esos números abriendo la Biblia por el capítulo 11 del Génesis, leyendo el siguiente texto y subrayando los números del mismo. Después anotaremos los números subrayados en dos filas: en una fila, los números correspondientes a las edades en que el Patriarca tuvo su hijo primogénito; en la otra, el número de años vividos después de tener el hijo.
“Estos son los descendientes de Sem: Sem tenía cien años cuando engendró a Arfaxad, dos años después del diluvio. Vivió Sem, después de engendrar a Arfaxad, quinientos años y engendró hijos e hijas.
Arfaxad era de treinta y cinco años de edad cuando engendró a Sala. Y vivió Arfaxad, después de engendrar a Sala, cuatrocientos tres años, y engendró hijos e hijas.
Era Sala de treinta años cuando engendró a Heber. Y vivió Sala, después de haber engendrado a Heber, cuatrocientos tres años, y engendró hijos e hijas.
Era Heber de treinta y cuatro años cuando engendró a Peleg. Y vivió Heber, después de engendrar a Peleg, cuatrocientos treinta años, y engendró hijos e hijas.
Era Peleg de treinta años cuando engendró a Reu. Y vivió Peleg, después de engendrar a Reu, doscientos nueve años, y engendró hijos e hijas.
Era Reu de treinta y dos años cuando engendró a Serug. Y vivió Reu después de engendrar a Serug, doscientos siete años, y engendró hijos e hijas.
Era Serug de treinta años cuando engendró a Nachor. Y vivió Serug después de engendrar a Nachor, doscientos años, y engendró hijos e hijas” (Génesis 11, 10-22).
“Era nachor de veintinueve años cuando engendró a Tare. Y vivió nachor, después de engendrar a Tare, ciento diecinueve años, y engendró hijos e hijas.
Era Tare de setenta años cuando engendró a Abraham, a Nachor y Harán” (Génesis 12, 24-26).
En esta larga cita bíblica no se especifica cuánto vivió Tare después de engendrar a Abraham, pero en el cabalístico versículo 32 se dice: “Fueron los días de Tare doscientos cinco años y murió en Jarán”.
Teniendo en cuenta que Tare engendró a Abraham a los setenta años, es fácil calcular que vivió -después de su nacimiento- unos 135 años (es decir, el equivalente de restar a su edad total -205 años- los 70 que vivió antes de engendrar a Abraham).
El décimo patriarca bíblico fue Abraham, cuya biografía falta en el capítulo 11. Pero el Génesis 21, 5 se dice textualmente: “Abraham era de cien años cuando le nació su hijo Isaac”. Y en el capítulo 25, 7 del mismo libro se dice: “Estos fueron los días de Abraham, ciento setenta y cinco”.
El mismo cálculo anterior nos ofrece los días que vivió Abraham después de engendrar a Isaac: 175 - 100 = 75 años.
De esta manera, podemos completar la demografía inconclusa del capítulo 11 de la siguiente forma: “Y vivió Tare, después que engendró a Abraham, ciento treinta y cinco años, y engendró hijos e hijas”. Y añadiríamos: “Abraham vivió cien años y engendró a Isaac. Y vivió Abraham después de engendrar a Isaac, setenta y cinco años, y engendró hijos e hijas”.

ALGUNAS TABLAS NUMERICAS
Con los casi doscientos números consignados en los capítulos 5 y 11 del Génesis se puede confeccionar un total de doce tablas cuadradas constituidas cada una por ciento veintiún números, amén de quince matrices triangulares con cincuenta y cinco números cada una.
Y es evidente que esta enorme cantidad de números no está en el Génesis por casualidad, sino que han sido colocados allí con una intención bien manifiesta. Por lo pronto, con los números que hemos destacado en los citados pasajes bíblicos podemos hacer el siguiente catálogo numérico que el lector podrá identificar fácilmente. Así, la primera fila se corresponde a las edades a las que a los patriarcas les nacieron sus hijos primogénitos, y la segunda al tiempo que el patriarca vivió después de nacer el hijo:
100-035-030-034-030-032-030-029-070-100
500-403-403-430-209-207-200-119-135-075
Colocando la primera línea como fila de una Tabla Pitagórica de suma, y la segunda línea como la columna vertical, obtendremos la siguiente composición:
---
100 035 030 034 030 032 030 029 070 100
500 600 535 530 534 530 532 530 529 570 600
403 503 438 433 437 433 435 433 432 473 503
403 503 438 433 437 433 435 433 432 473 503
430 530 465 460 464 460 462 460 454 500 530
209 309 244 239 243 239 241 239 238 279 309
207 307 242 237 241 237 239 237 236 277 307
200 300 235 230 234 230 232 230 229 270 300
119 219 154 149 153 149 151 149 148 189 219
135 235 170 165 169 165 167 165 164 205 235
075 175 110 105 109 105 107 105 104 145 175
Y ahora obtendremos la matriz cuadrada. Todo lo que hay que hacer es ubicar en una nueva tabla las “centenas” de la tabla pitagórica:
- 1 0 0 0 0 0 0 0 0 1
5 6 5 5 5 5 5 5 5 5 6
4 5 4 4 4 4 4 4 4 4 5
4 5 4 4 4 4 4 4 4 4 5
4 5 4 4 4 4 4 4 4 4 5
2 3 2 2 2 2 2 2 2 2 3
2 3 2 2 2 2 2 2 2 2 3
2 3 2 2 2 2 2 2 2 2 3
1 2 1 1 1 1 1 1 1 1 2
1 1 1 1 1 1 1 1 1 2 2
Bien. Lo primero que hay que destacar de esta matriz numérica es el perfecto ordenamiento de los números que forman filas ordenadas de acuerdo a la secuencia geométrica 1:2:4. Así, tenemos dos filas de “1”, tres filas de “2” y tres filas de “4”, así como una fila de “5” y una fila de “0”. De hecho, esta aparición del cero en un escrito de hace cinco mil años es realmente sorprendente, ya que éste apareció “oficialmente” en el siglo XII traído por los árabes a Europa.
Otro detalle a observar es que la suma de las columnas (a excepción de la 1, 2, y 11) da 26, precisamente el nombre y número de Dios según los cabalistas. Esto tampoco puede ser casualidad.
Otro detalle que muestra la cuidadosa manipulación de los números del Génesis -no creo que pueda aplicársele otro calificativo- es que hay nueve columnas iguales y dos diferentes, aunque iguales entre sí, que son la segunda y la undécima, pero estas dos columnas son diferentes por habérsele sumado una unidad a cada dígito....
¿Puede alguien pensar que este cuidadoso aderezo de los números del Génesis ha sido nada más que una distracción de fin de semana de los escritores bíblicos?. En coincidencia con los cabalistas, creo que en la Biblia en sí misma no fue más que un medio para llegar a un fin: hacer llegar a una cultura científica como la nuestra los números del Génesis. Que lo hicieran inventando patriarcas o dando a la Biblia un contenido religioso es, en mi opinión, una cuestión menor. Lo importante es que el propósito se cumplió y se realizó el acto imposible: hacer llegar intacto un mensaje cifrado, cinco mil años después de haberse emitido.

LAS CONSTANTES ATOMICAS
Queda por aclarar el porqué y para qué introdujeron en el mensaje cifrado del Génesis los valores de las constantes atómicas. Aparte del hecho inesperado de que eruditos de la antigüedad pudieran conocer esas constantes, está la evidencia de que ellos sabían que estos números llamarían la atención de hombres del futuro iniciados en los secretos del átomo, porque esas constantes son el conocimiento de élite de la ciencia moderna.
Y, efectivamente, lo lograron al enunciar las constantes atómicas con nuestras mismas cifras y nuestro mismo criterio. Por supuesto, se trata de algo que sólo salta a la vista de los físicos atómicos, que son capaces de relacionar de memoria, por ejemplo, que el número Pi es el 3,1416, que la constante de Planck se corresponde 6,6262, que el 137 se corresponde con la “constante de Estructura Fina” o que el 1836 indica la relación masa protón-electrón, es decir, las veces que el protón es más pesado que el electrón.
Es importante recalcar que los valores de las constantes atómicas que aparecen en la Biblia se corresponden a los valores que nosotros conocemos con posterioridad a 1980, es decir, corresponden a una física muy moderna. Con anterioridad, nuestros valores diferían de los valores bíblicos.
Lo que es fácil de verificar, porque, por ejemplo, con anterioridad a 1980 la relación de masa protón-electrón estaba calculada en 1836. Posteriormente, gracias al desarrollo de los aceleradores del CERN, se añadió una décima y hoy este valor es de 1836,1. Pues bien, el valor que aparece en el Génesis -¡asómbrese el lector!- es también 1836,1.
Por ultimo, decir que en el Génesis el rango de las constantes viene indicado por el número de repeticiones. Y así, por ejemplo, la Constante de Planck aparece repetida 42 veces; la de la velocidad de masa Protón-Electrón y la del Número de Avogadro, 11; la de la Carga Electrónica, 6, etc. Es decir, el mismo orden de jerarquía que hoy atribuimos a las constantes atómicas.
En resumen, es evidente que este hallazgo basta para tener una nueva visión de la historia; pero no basta para alcanzar el cambio total del que hablan los cabalistas. Seguimos, pues, sin saber qué más esconde el Génesis, así como si lo que nos resta por explorar siguen siendo los números hebreos.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Mar 24 Nov 2009, 20:43

Bueno, vamos a dar otro empujón al tema de esta historia casi olvidada respecto a este tema. Aquí vamos a ver qué fué de las tribus de Israel perdidas por todo el mundo.... Veamos:

¿Dónde están las diez tribus perdidas de Israel?

Uno de los grandes enigmas bíblicos pendientes es el del destino final de las diez tribus de Israel. Se ha especulado mucho sobre su paradero, situándolas en los lugares más dispares del planeta. Pero para saber cómo llegaron a “perderse” esas diez tribus conviene remontarnos al período histórico protagonizado por el célebre rey Salomón, en los postreros años de su existencia.
En aquella época, Salomón se enfrentó en varias ocasiones a varias rebeliones surgidas en el seno de naciones cercanas a Jerusalén. Jeroboam, de la tribu de Efraim, se levantó contra el soberano pero huyó a Egipto temiendo por su vida. Tras fallecer Salomón, le sucedió su hijo Roboam, dejando el camino libre para que Jeroboam regresase de Egipto y suplicara al nuevo rey perdón por su antigua rebelión. Sólo que en lugar de mostrarse magnánimo, Roboam, persona arrogante y todavía muy joven, respondió duramente a Jeroboam, provocando que Israel se levantase en rebelión, hiciese a Jeroboam rey de las diez tribus norteñas (las de Rubén, Simeón, Leví, Isacar, Zabulón, Dan, Neftalí, Gad, Aser, y José) y constituyese en Siquem su capital. Entretanto, Roboam se quedó sólo al frente de las tribus de Judá y Benjamín, formando el reino de Judá.
Durante casi dos siglos, ambos reinos se batieron entre sí, combatiendo al mismo tiempo contra pequeños estados sirios. En el 740 a. C. El general asirio Salmanasar v, seguido por Sargón (que no tiene nada que ver con su homónimo 2.000 años posterior) se apoderó de Samaria, capital de Israel, durante el reinado de Oseas, y deportó a 27.000 habitantes. Tras esta conquista asiria, se terminaba el reino de las diez tribus de Israel que había durado 257 años.
Y, ¿qué destino tuvieron aquellas gentes?. Tanto algunos historiadores como la misma Biblia (II reyes 17,6) refieren que las diez tribus fueron llevadas a Asiria, más concretamente a jalah, cerca del río Gozán, y a las ciudades de los pueblos medos, en los márgenes del Tigris. Exilio tras el cual los cronistas de la Biblia olvidarán definitivamente a estas tribus, concentrándose únicamente en la descripción de la historia del reino de Judá.
Sin embargo, y pese a esta indiferencia en uno de los apócrifos bíblicos -el Esdras II o Apocalipsis de Ezra (escrito en griego hacia el año 100 d.C.)- un ángel revela al cronista que las diez tribus, tras haber sido trasladadas al otro lado del Eufrates, decidieron ir más lejos, hacia una región “más apartada donde nunca habitó el género humano y que, al cabo de año y medio de camino, llegaron a Arsareth, donde fijaron residencia”. Se ha conjeturado incluso que Arsareth podría ser una zona próxima al monte Ararat, o aún más una alteración de la palabra hebrea “erets akhereth” (“otro país”), tal vez Tartaria.
No obstante, para muchos expertos es inconcebible pensar que los israelitas, llenos de recursos y de orgullo, y a quienes Yhavé hizo tan bellas promesas (Génesis 15, 3-5), hubiesen desaparecido de la faz de la tierra sin dejar rastro.
No obstante, la búsqueda de las diez tribus perdidas no empezará hasta el siglo X d.C. cuando un tal Eldad Ben Mahli apareció en Kairuán (Túnez) y anunció que procedía de un reino judío en Etiopía (en el río Sambation) y que allí se encontraban cuatro de ellas.
Luego, cuando durante el período de los cruzados los judíos sufrieron una violenta persecución, intentaron llegar a ese “reino oriental” en el que -creían- estaban las tribus perdidas. Expectativas que se basaban en las historias de Benjamín de Tudela, un viajero judío español que recaló en Alemania para presentar un informe sobre las comunidades existentes en el Oriente cercano, situándolas tanto en Irán como más allá de este país.
Quinientos años más tarde, en 1524, un judío llamado David Reubéni se personó ante el Papa y el rey de Portugal para tratar de convencerles de que su hermano era el monarca de una de las tribus perdidas, que ésta se hallaba en alguna parte de Asia y que buscaba una alianza con los cristianos para luchar contra los musulmanes. El desdichado pagó cara su iniciativa: fue quemado en la hoguera por la Inquisición. Y quizá Reubéni estuviese en lo cierto, pues realmente llegó a existir una colonia judía en la India de la que, quizás, él pudo ser su embajador.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Dom 13 Dic 2009, 02:00

Como continuacion a lo ultimo escrito y queriendo..... terminar cuanto antes los enigmas de este Antigüo Testamento (que todavia queda,no lo dudeis), publico lo que quedaba del tema en cuestion (en lo que a mi respecta y en este punto de lo que se dice, me parece de los más surrealista posible, pero sin embargo, hubo alguien que impulsó otra nueva religion "los mormones":

LAS TRIBUS EN AMERICA
El caso es que cuando todos los intentos por localizar a las tribus perdidas en Asia terminaron -en fracaso-, se empezó a mirar hacia la recién descubierta América como su posible paradero. El primero en hacerlo fue el tristemente célebre obispo Diego de Landa, el mismo que mandó quemar muchos códices mayas en México en el siglo XVI. Y así, en su Relación de las cosas del Yucatán, cuenta que “este país fue ocupado por una raza humana procedente del Este, que Dios libertará abriendo diez caminos sobre la mar”, con lo cual deducía que los indígenas norteamericanos eran descendientes directos de los judíos perdidos.
Otro español, el judío Aaron Levi o Antonio de Montesinos, relató a un sabio de Amsterdam -Manasseh Ben Israel- sus aventuras en el Nuevo Mundo, insinuándole que se encontró con algunos indígenas en Perú que eran descendientes de la tribu perdida de Rubén. Manasseh se puso en contacto con algunos teólogos puritanos de Inglaterra y les convenció sobre el origen judío de los americanos. El propio Oliver Cromwell (1599-1658) citó a Manasseh en Inglaterra y, como resultado de aquel encuentro, se llegó al acuerdo tácito de admitir a los judíos en tierras británicas. Incluso se barajó la posibilidad de ¡reconducir a los indígenas a Palestina!. Pero la idea no cuajó.
El fraile Diego Durán (¿-1588) tampoco tuvo dudas acerca del origen hebreo de los americanos. En su obra Historia de las Indias de Nueva España e Islas de la Tierra Firme, Durán atribuyó la responsabilidad de la llegada a América de la cultura hebrea a las diez tribus de Israel e, incluso, echó mano a la Biblia para justificar sus ideas de comparar la promesa que Yhavé hizo a estas tribus de que habían de multiplicarse “como la arena en la playa”, agregando: “...lo que vimos en esta tierra cuan espantoso y de gran admiración, fue el número de gente que en ella se halló...”
El destierro impuesto por Salmanasar a los israelitas estuvo relacionado, siempre según Diego Durán, con su castigo divino a las diez tribus por “... sus grandes maldades, abominaciones y nefastas idolatrías, apartándose del culto de su verdadero Dios, de quien tantos beneficios habían recibido...”
Otra de las curiosas afirmaciones del religioso fue que “esta gente (los indios de la Nueva España, es decir, de México), con su bajísimo modo y manera de tratar, y de su conversación tan baja, era tan propia de las de los judíos que en ninguna cosa difieren”.
Muchos historiadores, sin embargo, consideran la tendencia de los antiguos religiosos de atribuir un origen hebreo a los nativos americanos como una manipulación ideológica para justificar una hipotética “conversión” y tener así a su merced aquellos pueblos que les eran serviciales.
Comparaciones despreciativas aún más airadas también las aireó el jesuita portugués Simao de Vasconcelos en su Crónica de la Compañía de Jesús (1663), cuando compara judíos e indígenas brasileños de esta manera: “...ambos son miedosos, cobardes, supersticiosos, mentirosos, conservadores de la generación de sus hermanos, casándose con sus cuñadas cuando aquellos mueren; lávanse a cada paso en los ríos...” De hecho, otra prueba de la presencia de judíos en América que consideraron los religiosos fue la de la circuncisión practicada entre algunas tribus americanas, tanto en la Nueva España como en la Amazonia.
Otros religiosos, tanto españoles como portugueses, llegaron a interpretar las lenguas de los indígenas de América como “hebreo corrompido”, encontrando toda clase de similitudes lingüísticas con la lengua de Yhavé. Incluso en pleno siglo XIX, el lingüista francés Henry Onnfroy de Thouron llegó a la conclusión de que el quechua hablado por los pueblos andinos y el tupí, hablado por los nativos de Brasil, son de origen hebreo-fenicio. Además, la actual toponimia de los ríos amazónicos que todavía conserva el nombre indígena remite a lugares y personajes bíblicos, como por ejemplo el río Solimoes, que Henry consideraba una adulteración del nombre Salomón, rey de Israel.
También a mediados del siglo XIX, el explorador alemán Waldeck (Voyage pintoresque et archeologique dans la province de Yucatán) supo a través de los juearros de México que los toltecas podrían ser descendientes de las tribus israelitas. Con el objetivo de sustraerse a la cólera de Moisés por haber caído en la idolatría después del paso del Mar Rojo, los antepasados de los toltecas fueron abandonados por los suyos, estableciéndose en el país de las “Siete Cuevas” o “Chihicomostoc”, donde fundaron la famosa ciudad de Tula. Algunos arqueólogos contemporáneos confirman la presencia de judíos en América presentando como prueba varias inscripciones prehistóricas que presuntamente contienen frases en idioma fenicio (emparentado con el hebreo), como las encontradas en Pouso Alto (Brasil, en el estado de Paraíba), y refrendadas por el profesor Cyrus Gordon en 1968, de la Brandeis University de Boston.

LAS TRIBUS Y LOS ANGLOSAJONES
En 1964, un británico -John Saddler- lanzó la idea de que los habitantes de las islas Británicas eran los legítimos descendentes de las diez tribus perdidas .Teoría que ganó cierta popularidad a partir de 1794, gracias a Richard Brothers, un marino que se decía sobrino de Dios amén de profeta divino descendiente de David, y cuya misión -afirmaba- era la de gobernar el mundo. En pocos años profetizó varias muertes de personalidades de su época con absoluto éxito, con lo cual pronto se rodeó de multitud de seguidores. Finalmente, terminó en un manicomio, afectado de tuberculosis y desacreditado tras haber fallados sus últimas profecías.
Brothers creía que las diez tribus fueron llevadas a Media por Salmanasar, donde permanecieron hasta el 650 a.C. cuando se rebelaron y huyeron. En veinte años abandonaron el hebreo como idioma y pasaron a comunicarse en indo-iraní, convirtiéndose en los escitas. Estos pueblos cruzaron el Cáucaso, costearon el Mar Negro y recalaron en Alemania. Allí se metamorfosearon nuevamente y se transformaron en sajones, adoptando una nueva lengua y cambiando incluso su aspecto físico (¡pasando a ser altos, rubios y con ojos azules!). Algún tiempo después, marcharían hacia Inglaterra, poblando las Islas Británicas.
Lo gracioso es que, pese a lo absurdo de esta hipótesis, el llamado “israelismo británico” contó con numerosos discípulos e incluso extendió sus tentáculos hasta Norteamérica, donde alcanzó su punto álgido hacia 1890. Con lo que hasta sectas de negros estadounidenses como la The Church of God and Saint of Christ, pretendían ser también descendientes de las diez tribus perdidas.
Durante el siglo pasado aún se creía en la hipótesis americana para explicar el destino de las diez tribus perdidas de Israel. Dos anglosajones contribuyeron a ello: uno fue el Lord británico Kingsborough y otro el estadounidense Joseph Smith. Del primero sabemos que se gastó una suma astronómica en la edición de los nueve tomos de su The Antiquities of México, con reproducciones de escritura azteca y de obras de arte. Allí expuso su creencia en la teoría judio-americana de las tribus perdidas e incluía una curiosa historia narrada un siglo antes por un tal James Adair. Este oscuro personaje ejercía el trueque con los indígenas chickasaws y choctaws, a los que creía emparentados con los judíos porque tenían por dios a un “gran espíritu” y conocían la numeración decimal... En fin, nada concluyente.
El ya mencionado Joseph Smith tuvo más suerte que el desafortunado Lord Kingborough -que murió en la cárcel por no poder pagar a la imprenta que le publicó su voluminosa obra-. Smith fue el autor de un “libro revelado” por un ángel -el Libro de Mormón-, que dio origen a una de las más exitosas nuevas religiones de corte cristiano de todo el mundo: los mormones. Obra en la que se considera a los indios americanos como descendientes de los judíos emigrados de Jerusalén en la época de Zedequías, aunque éstos -según Smith- no pertenecieron a las diez tribus de Israel.
Decir, por último, que mucho antes de que Marshall B. Gardner se planteara en 1913 la teoría de la Tierra Hueca, el capitán J.C. Symmes, héroe americano de la guerra de 1812, afirmaba que el mundo era hueco, poseía cinco capas internas y tenía abundantes aberturas en los casquetes polares por donde pudieron haber penetrado las famosas tribus perdidas.
En fin, el caso es que a principios de este siglo la deportación de los judíos israelitas se había transformado en un mito y, como tal, pasó a ser rescatado por muchos grupos judíos como símbolo de esperanza. Por eso los judíos rusos (de origen tártaro), los del Daguestán (caucasianos) y hasta los cristianos nestorianos del Kurdistán se enorgullecían de estar emparentados con aquellos pueblos que formaban parte de la historia sagrada de la humanidad. Otros, en cambio, interpretaron el mito de forma mesiánica, como el judío Manassés Ben Israel (1604-1657) de Amsterdam. Este políglota de origen portugués suponía que, al encontrarse las tribus perdidas, se restauraría el antiguo reino de la Biblia.
En suma, lo único cierto es que hoy sigue sin estar claro cuál fue el destino de aquellas diez tribus de Israel. Aunque hipótesis hay muchas.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Dom 13 Dic 2009, 02:14

Y.... Mira por donde y habida cuenta de que el siguiente capitulo no es muy extenso,... pues que os lo pongo tambien a vuestra disposicion para que adquirais mas cultura:

Egipto en la Biblia. ¿Qué faraones protagonizaron los hechos de la Biblia?

¿Qué faraón reinaba en Egipto cuando José fue vendido por sus hermanos y alcanzó el rango de primer ministro años después?. ¿Cuál fue el faraón que perdió parte de sus tropas en el Mar Rojo, mientras trataba de abortar la huida de Moisés al frente del “pueblo elegido”? ¿Y qué primogénito real murió antes de alcanzar el trono, afectado por la décima plaga de Yhavé?. Estas tempranas dudas son algo más que meras curiosidades históricas. A fin de cuentas, la Biblia no cita ni un solo nombre de faraón en ninguno de sus libros y dificulta, por tanto, que se pueda situar en un contexto histórico las afirmaciones de este libro de libros. Además, ¿es la Biblia una crónica de hechos históricos? ¿Pueden rastrearse las afirmaciones relativas al país del Nilo y confrontarlas con lo que sabemos de la historia del antiguo Egipto?. Esta ha sido una de las muchas aventuras en las que exégetas y arqueólogos han hipotecado sus estudios ofreciendo, a veces, curiosos resultados.
Para comprender la relación entre Egipto y el pueblo judío, debemos remontarnos forzosamente a tiempos de Abraham ...

EL PATRIARCA VISITA AL FARAON
El libro del Génesis, justo después de describir el episodio de la torre de Babel y la curiosa venganza que Yhavé aplica al género humano, confundiendo sus lenguas, se hace eco del viaje que Abraham -el nombre de Abraham le sería impuesto por Yhavé más tarde (Génesis 17,5)- y su familia emprenden hacia el Nilo, empujados por una fuerte hambruna. La expedición acampará provisionalmente en Harán, en el valle del Eufrates, para después encaminarse hacia Egipto cruzando la tierra de Canaán. Y allí, el patriarca adoptará una curiosa medida de precaución: ante el temor de que el faraón se encaprichase de la belleza de su esposa Saray, Abraham le instruirá para que se presente como su hermana y evite así ser asesinado por los hombres del monarca egipcio. Su prudencia, cuenta el Génesis, fue proverbial, pues, en efecto, el faraón se hizo con Saray... y Yhavé, atento a la afrenta, castigará al faraón y a sus seres queridos con una plaga de extrañas enfermedades.
Y es que el “rapto” de Sara será clave en la historia bíblica. O, al menos, así se lo creen expertos como el abogado angloegipcio Ahmed Osman, para quien este secuestro explicaría por completo lo que Yhavé transmitió al patriarca cuando pactaron. “A Saray, tu mujer -se lee en Génesis 17, 15-16- no la denominarás más Saray, sino que su nombre ha de ser Sara, y la bendeciré, e incluso te daré de ella un hijo, y le bendeciré y se convertirá en naciones, y reyes de pueblos saldrán de él”. Osman se pregunta cómo era posible que Yhavé sugiriera que saldría una casta real de Sara si ésta era una beduina nómada como Abraham, sin vínculo alguno con familia de sangre noble... a no ser que el padre de ese hijo no fuera Abraham sino el faraón, que la habría fecundado durante su secuestro.
La tesis es osada, pero podría tener su fundamento ya que la propia Biblia explica que Abraham era ya un centenario que se siente incapaz de tener descendencia. ¿Fue entonces Isaac, el fruto de ese anuncio, hijo de un faraón?. Y en ese caso, ¿de cuál?.
Osman publicó en 1987 un bestseller titulado Extranjero en el Valle de los Reyes, donde llevaba su hipótesis aún más lejos. Por ejemplo, el relato del sacrificio que Abraham pretende cometer con Isaac siguiendo órdenes de Yhavé, alcanza otra reveladora lectura bajo esta óptica. Osman se aparta momentáneamente del Génesis para recurrir al Talmud -que son antiguos comentarios judíos a las escrituras-, y destapa un texto substancialmente diferente al “oficial”: Abraham pretende acabar con la vida de su hijo ilegítimo Isaac, y Yhavé -por alguna oscura razón- se lo impide en el último momento.
¿Ilegítimo? ¿Acaso Abraham sabía que su primogénito era hijo del faraón y pretendía repudiarlo con la muerte?.
Sea como fuere, el planteamiento de Osman podría arrojar cierta luz a otros episodios oscuros de las relaciones entre egipcios y judíos. Por ejemplo, el de la “venta” de José y su posterior ascensión como primer ministro de Egipto y su papel fundamental en el posterior Exodo judío. Veamos: José es nieto de Isaac, y por tanto, según la “hipótesis de Osman”, de sangre real egipcia. Y así, cuando José es vendido por sus hermanos -Génesis 37- después de una serie de extraños sueños premonitorios en los que él se ve reinando entre ellos, pronto alcanzará, gracias a sus habilidades psíquicas, el favor del faraón, convirtiéndole en su hombre de confianza. ¿O no fue solo gracias a sus habilidades psíquicas? ¿Acaso intervino también el que en la corte supieran de su ascendencia? ¿Y en qué corte tuvo lugar este incidente?.
Pese a que Osman afirma que José fue virrey bajo el reinado de Tutmosis IV, le falta encontrar la prueba definitiva. Y qué mejor que encontrar alguna referencia a la situación que valió a José el favor del faraón. Esto es, alguna alusión histórica a la hambruna de siete años (las “vacas flacas” que interpretó José en el sueño del monarca) que arrasaron Egipto tras siete años de prosperidad (o “vacas gordas”). Pues bien, tal documento no existe... o no cuando esperábamos, ya que sólo la llamada Estela del Hambre, trazada en la isla de Sehel, en Assuán, por los faraones ptolomeos al final de los días de Egipto, cita una hambruna de siete años. Pero la sitúa en tiempos del faraón Zoser, de la III Dinastía, y por tanto, en un tiempo indiscutiblemente muy anterior a la época de José y a la XVIII Dinastía de Tutmosis. ¿Se equivocaron los ptolomeos de época?.

PADRE DEL FARAON
En cuanto a los sueños de José con respecto a su familia, se cumplirán con precisión unos capítulos más adelante, dentro del mismo libro del Génesis. Cuando José es ya un primer ministro respetado en Egipto y el hambre azota a la tribu de Jacob, sus hermanos se ven en la necesidad de comprar grano en los silos faraónicos. José identificará a sus familiares desde el primer momento, pero no se identificará hasta tiempo después. Aguardará al momento más adecuado para referirles su odisea e identificarse, tratando de exculparles del delito que cometieron vendiéndole y asegurándoles que fueron los elohim quienes le invitaron a Egipto, ya que todo aquel episodio estaba “programado” de antemano. Pero aún hay más, les referirá igualmente que los elohim le habían preparado “como un padre para faraón” (Génesis 45,Cool.
¿Padre para faraón?. Aquella extraña alusión de José disparó el ingenio de Osman, quien recordó un extraordinario hallazgo arqueológico que se produjo a principios de siglo en el Valle de los Reyes. Entre dos tumbas faraónicas se encontró una tercera sepultura que no correspondía a ningún rey, sino a un personaje llamado Yuya, rica y extrañamente enterrado en aquel suelo sagrado, y que ostentaba un no menos inescrutable título: “padre del faraón”.
¿Era Yuya y José la misma persona?. La sospecha disparó las investigaciones hace más de una década. El tal Yuya alcanzó fama y prestigio, en efecto, en tiempos de Tutmosis IV. Tenía tierras en el Delta del Nilo y fue un importante cabecilla mi9litar que no debió haberse enterrado en el Valle de los Reyes.. a no ser que por sus venas corriera sangre real. Como la de José. Además, la momia posee -aún hoy- algunos rasgos inconfundiblemente semitas, amén del detalle de que los lóbulos de sus orejas no estás perforados, como era la costumbre egipcia, y siguiendo la tradición hebrea.
¿Podemos, pues, estar seguros de esta identificación?. Evidentemente, no del todo, aunque el último versículo del Génesis establezca claramente que “murió José de edad de ciento diez años y lo embalsamaron y se le depositó en un féretro en Egipto”.
Pero Osman evita referirse a un detalle que pone en jaque su hipótesis desde la raíz: El Génesis afirma que Sara era nonagenaria cuando concibió a Isaac, y aunque hubiera podido resultar atractiva al faraón -quizás el faraón Tutmosis III-, difícilmente la hubiera podido dejar embarazada sin una ayuda exterior: una ayuda que es recurrente en la Biblia en numerosas ocasiones y que siempre requirió la ayuda de Yhavé y su equipo de elohim, expertos en fecundaciones imposibles. ¿Qué quiere decir esto? Que quizá -para los planes de Yhavé- resultaba de interés mezclar la genética real faraónica con la hebrea, bajo su atenta observación, a fin de crear las bases del “pueblo elegido” que se incubará junto al Nilo.

OTRAS CRONOLOGIAS
La inexplicable omisión bíblica de nombres de faraones hace que los expertos naveguen por un mar de hipótesis que, con frecuencia, resultan contradictorias. Es el caso, por ejemplo, de las ideas esbozadas por Charles F. Aling en su obra Egypt and Bible History, en donde sitúa la acción del éxodo y las plagas de Yhavé en tiempos de Amenhotep II (1453-1419 a.C.). Esto es, más de medio siglo antes de lo que estima Osman y teniendo como protagonista a Moisés, que es posterior a José.
¿La razón?. Aling se aferra a la célebre estela del sueño desenterrada bajo las garras de la Esfinge y que fue mandada colocar por el descendiente de Amenhotep II, el faraón Tutmosis IV. Esta estela recoge un sueño del joven Tutmosis, en la que la Esfinge le propone un pacto: si la desentierra, ella le convertirá en rey de Egipto. Según Aling, lo que indica claramente este texto es que Tutmosis no esperaba alcanzar el trono del Alto y Bajo Egipto, y que bien pudo haberlo alcanzado gracias a la décima plaga que Yhavé lanzó sobre el Nilo: la muerte de todos los primogénitos. De esta forma, al morir el primogénito de Amenhotep II, Tutmosis heredó el trono... tal y como había prometido la Esfinge. Es decir, para él fue Tutmosis el faraón del Exodo, mientras que para Osman fue Ramsés I a quien derrotó Yhavé en el Mar Rojo.
¿Con qué hipótesis nos quedamos?. Juzgue el lector.

LA INFLUENCIA EGIPCIA.- Las conexiones entre la historia bíblica y la egipcia son más abundantes de lo que en principio pueda parecer. De hecho, todos los exégetas admiten, por ejemplo, que parte de las creencias egipcias influyeron notablemente en algunos de los redactores de la Biblia, especialmente en obras como El Libro de los Proverbios o el de Job, virtualmente idénticos a textos egipcios como La enseñanza de Amenenope u otras tradiciones orales del mismo corte. Esta influencia, no obstante, se aprecia más en el texto bíblico que en los restos arqueológicos legados por los egipcios, para quienes los semitas eran simples pastores nómadas que recorrían sus fronteras orientales con fines comerciales o de transporte de ganado.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Sáb 02 Ene 2010, 23:45

¿Os acordais de la historia de Sodoma y Gomorra?,.... pues os la voy a contar a ver qué os parece.

¿Qué sucedió en Sodoma y Gomorra?

Realmente no se sabe a ciencia cierta qué fue lo que indujo a Yhavé a arrasar no sólo Sodoma y Gomorra, sino también las ciudades de Admá y Seboyim, así como todo rastro de vida en un radio de varios kilómetros a la redonda. Porque la razón esgrimida por los “ángeles” acerca de la depravación de que hacían gala sus habitantes no parece de suficiente peso como para justificar que fueran eliminados sin más de la faz de la Tierra, salvo que con su destrucción se quisiera dar “ejemplo” a los demás pueblos de la región, cuya idolatría sí que podría ser un peligro potencial para los planes de Yhavé, tal como podemos extraer de los siguientes versículos:
“La generación futura, vuestros hijos que vendrán después de vosotros, así como el extranjero llegado de una país lejano, verán las plagas de esta tierra y las enfermedades con que Yhavé la castigará, y exclamarán: azufre, sal, calcinación en su tierra entera; no se sembrará ni germinará, ni hierba alguna crecerá sobre ella, como en la catástrofe de Sodoma y Gomorra, Admá y Seboyim, que Yhavé asoló en su ira y su furor. Y todas las naciones preguntarán: ‘¿Por qué ha tratado Yhavé así a esta tierra?, ¿por qué el ardor de tan gran ira?’; y se dirá: ‘Porque han abandonado la alianza que Yhavé, Dios de sus padres, había concluido con ellos al sacarlos del país de Egipto; porque se han dado a servir a otros dioses y se han postrado ante ellos, dioses que no conocían y que él no les había dado en suerte. Por eso se ha encendido la ira de Yhavé contra este país y toda la maldición escrita en este libro’”. (Deuteronomio 29, 21-26).
No parece, pues, que se puedan albergar muchas dudas sobre el “sistema” empleado para realizar esta “hazaña”, pareciendo todo indicar que se trató de un bombardeo -posiblemente nuclear- realizado sobre Sodoma y Gomorra, el que hizo desaparecer en un instante todo rastro de vida en la zona. Recordemos que la advertencia que recibieron Lot y su familia que se alejaran rápidamente del lugar no fue tenida en cuenta por su esposa, que muy probablemente se quedó rezagada para contemplar qué es lo que iba a ocurrir. Curiosidad que le costó la vida ya que debió ser la ola de calor que presumiblemente produjo la deflagración lo que la convirtió en “estatua de sal”, quedando su cuerpo calcinado y desecado de forma instantánea, tal como ocurre en este tipo de fenómenos. Y aunque la hipótesis del bombardeo nuclear repugne a quienes siguen pensando que los relatos de la Biblia son producto de la inspiración divina y que, por tanto, lo que hizo Yhavé respondía al justo castigo de “Dios” por la depravación de unos hombres, hemos de decir que la destrucción de Sodoma y Gomorra no fue la única de esas características que se produjo en la antigüedad, como demuestran muchos de los hallazgos arqueológicos que se han venido produciendo desde principios de este siglo. Porque tales hallazgos nos dicen bastante claramente que nuestra humanidad ha tenido que soportar, en muchas ocasiones, la “justicia divina” de unos “dioses” no tan bondadosos como en principio cabría suponer.
Así lo demuestra, por ejemplo, el hallazgo de Albion W. Hart, uno de los primeros ingenieros graduados en el Massachusetts Institute of Technology, cuando marchó al interior de Africa para hacerse cargo de un proyecto de ingeniería. Mientras él y sus hombres se encaminaban a una región casi inaccesible, tuvieron que cruzar una gran extensión desértica. Pues bien, en aquel momento se sintió desconcertado y totalmente incapaz de explicar la gran masa de cristales verdosos que cubría la arena hasta donde la vista alcanzaba. Sin embargo, años más tarde, cuando pasó por la zona White Sand tras la primera explosión atómica en la misma, reconoció el mismo tipo de fusión silícea que había visto cincuenta años antes en el desierto africano. Descubrimiento que le dejó perplejo.
Pero no ha sido el único. Otros arqueólogos han encontrado hallazgos similares a los de Hart, poniendo de relieve que no se debieron a catástrofes causadas por volcanes, tormentas, conflagraciones entre hombres o caída de aerolitos, sino que el aspecto que representan correspondería al que tendrían después de una reacción atómica.
Tal es el caso de unas antiguas ruinas halladas en Arabia que datan de la época en la que parte sur de la Península Arábiga era fértil y contaba con bastante agua. En Arabia occidental existen 28 campos de piedras abrasadas y dispersas, cada uno de los cuales cubre unas 7.000 millas cuadradas de extensión. Las piedras tienen los bordes afilados, están agrupadas en densos bloques que poseen el color negro propio de la combustión. Su origen no es volcánico y parece remontarse a un período en el que, antes de verse transformada de pronto en un seco desierto, Arabia era una tierra exuberante y fructífera.
Mucho más cerca de donde se supone estuvieron situadas las ciudades de Sodoma y Gomorra, unas excavaciones exploratorias realizadas en 1947 en el valle del Eufrates, al sur de Irak, dejaron al descubierto una capa de vidrio fundido de color verdoso cuya antigüedad data de un período anterior a la cultura sumeria. Bueno, pues una vez más, a lo único que se parecía ese cristal fundido de varios miles de años de antigüedad era... al suelo del desierto de la zona de White Sands (Nuevo México) después de que las explosiones nucleares hubieran derretido la arena y las rocas.
Los chinos han realizado cerca del lago Lob Nor, en el desierto de Gobi, pruebas nucleares que han dejado grandes extensiones de terreno cubiertas de arena cristalizada. Pero el desierto de Gobi cuenta con otras zonas de ese mismo tipo de arena... conocidas desde hace miles de años.
Y lo mismo podríamos decir de los fuertes construidos en lo alto de las colinas de toda la orilla del Atlántico oriental, desde las islas Lofoden, en la zona norte de Noruega, hasta las islas Canarias, que se transformaron en lo que se llama “fuertes fundidos”, pues las rocas o piedras apiladas en sus murallas circulares se han convertido en vidrio en sus caras internas. Y también en el Pacífico occidental se han encontrado vitrificaciones parecidas. Fenómeno que igualmente se ha observado en terraplenes y murallas de las Islas Británicas. Es el caso, por ejemplo, de las piedras de la cara interna de una larga muralla cercana a Maughold, en la isla de Man, que están fundidas, al igual que las misteriosas torres vitrificadas de Escocia y otras regiones.
Otro ejemplo lo represente el que se refiere a una de las ciudades más antiguas de todo el mundo, Catal Huyuk, en la zona centro-sur de Turquía. Según las primeras evidencias encontradas, la ciudad parecía encontrarse en pleno apogeo cuando, de repente, se extinguió sin explicación aparente. Bien, pues los arqueólogos han descubierto gruesas capas de ladrillo quemado en uno de sus diversos niveles, el llamado Via; bloques que se habían fundido entre sí debido a un calor tan intenso que sus efectos se hicieron sentir a un metro por debajo del nivel del suelo, donde se carbonizó la tierra, los restos óseos de los muertos y los regalos funerarios enterrados junto a ellos. Paralelamente, la descomposición o corrupción bacterial de los cadáveres se había visto interrumpida por tan tremendas temperaturas.
Por último, mencionaremos las construcciones reales halladas en las excavaciones que se realizaron en el norte de Siria, conocidas por el nombre de Alalakh ó Atchana. Pues bien, estas construcciones habían sido calcinadas tan intensamente que el mismo núcleo de las gruesas murallas estaba formado por ladrillos rojos fundidos entre sí, el recubrimiento de barro y arcilla de las murallas estaba vitrificado y las piedras de basalto de algunas partes habían llegado a fundirse.
Evidentemente, la arqueología no puede aceptar como posible el hecho de que en la antigüedad remota existieran ingenios capaces de producir reacciones termonucleares similares a las que se han producido por la mano del hombre en el presente siglo. Y, sin embargo, en los libros sagrados y leyendas de numerosos pueblos antiguos encontramos relatos sobre guerras entre los “cielos” y la Tierra, donde -como en Sodoma y Gomorra- el cataclismo hiciera -según se dice textualmente en la Biblia- que “el humo se elevase como el de un gigantesco horno” (perfecta descripción del hongo que produce una bomba atómica). Y ello tanto en las escrituras de los hindúes y de los judíos como en las de los mitos de pueblos tan distintos y alejados entre sí como los indios americanos y los habitantes de Africa.
Quizá los relatos de la Biblia sobre Sodoma y Gomorra no sean más que reflejos de acontecimientos que debieron producirse en ese tiempo en el que los “dioses” pululaban por la Tierra, haciéndose presentes en muchos lugares del planeta y eliminando expeditivamente a todos aquellos pueblos que no siguieran sus mandatos. En sus libros, el conocido historiador Zecharia Sitchin expone sin tapujos cómo los dioses manejaban armas mucho más potentes que las que actualmente dispone nuestra humanidad con el objetivo de hacerse respetar por los habitantes de los pueblos que controlaban.
Aunque la verdad de todo lo acontecido en tiempos remotos es, probablemente, algo que tal vez nunca lleguemos a saber. Sin embargo, los descubrimientos arqueológicos hallados hasta el momento son mudos testigos de un pasado donde la ira de los dioses dejó su marca en las piedras. Quizás cuando la ciencia abra los cajones donde se esconden esas pruebas “que nunca debieron haber aparecido donde lo hicieron” y se cuestiona seriamente que la cronología aceptada oficialmente para poner un orden en nuestra historia debe ser revisada en profundidad, sea el momento de poner al ser humano en el verdadero lugar que le corresponde y logre así soltarse de la mano de unos “dioses” que, lejos de cuidarle y alimentarle como padres, le han manipulado en todos los sentidos.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Dom 03 Ene 2010, 22:19

Habida cuenta de que todavía me queda bastante del Antigüo Testamento, le voy a dar un poco más de vidilla hablando de las Plagas de Egipto:

Las diez plagas de Egipto

En el segundo milenio a.C. una serie de catástrofes azotaron la civilización egipcia durante el período conocido como Imperio Nuevo. Los registros talmúdicos y bíblicos de esas catástrofes se refieren a ellas como las diez plagas de Egipto. Y así, Exodo 7, 14-12 y 41 nos ofrece la narración en prosa; Salmos 77, 43-51 y 104, 28-36 es un compendio poético y Sabiduría 16-18, una descripción más libre. Según estos textos, las plagas fueron enviadas sobre el faraón y sus súbditos egipcios como castigo por haber esclavizado a los israelitas, entonces liderados por Moisés.
Con los datos actuales parece plausible fechar las plagas bajo el reinado de Ramsés II (aprox. 1290-1224 a.C.), último faraón de la XIX Dinastía. Moisés habría vuelto a la corte en este mismo período, después de su huida al país de los medianitas (Exodo 2, 11-15), donde se le apareció Yhavé (Exodo 3) para encomendarle la misión de devolver la libertad a los hijos de Israel y conducirlos hacia Canaán (la tierra prometida).
En el libro del Éxodo se nos presenta a un Yahvé vengativo y sanguinario que se complace en machacar una y otra vez (hasta diez) a los enemigos del pueblo hebreo .Más curioso todavía es su incomprensible complacencia por complicar aún más las cosas “Y dijo el Señor a Moisés: Mira,yo te he constituido Dios del faraón ;y Aarón, tu hermano ,será profeta tuyo .Tú le dirás a Aarón todas las cosas que yo te mando y él te hablará al faraón para que deje ir de su tierra a los hijos de Israel. Más yo endureceré su corazón y multiplicaré mis prodigios y portentos en la tierra de Egipto ;y no ha de escucharos. Pero yo extenderé mi mano sobre Egipto y sacaré al ejército y pueblo mio, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, a fuerza de grandes castigos.”(Éxodo 7,1-5).
Este extracto del Éxodo muestra bien a las claras que Yahvé endurece deliberadamente el corazón del faraón para que éste no escuche las palabras de Moisés y Aarón y poder así desplegar todo su terrible poder contra el pueblo Egipcio, tal como detallo a continuación.

LAS NUEVE PRIMERAS PLAGAS
En resumen, las plagas con las que Yhavé azotó Egipto fueron las siguientes:
Plaga primera: las aguas de Egipto convertidas en sangre.
Plaga segunda: las ranas.
Plaga tercera: los mosquitos.
Plaga cuarta: las moscas.
Plagas quinta y sexta: la peste y las úlceras.
Plaga séptima: el granizo.
Plaga octava: las langostas.
Plaga novena: las tinieblas.
Las causas e interpretaciones de las diez plagas de Egipto han fascinado durante siglos a los teólogos, historiadores, egiptólogos, científicos, médicos y hasta compositores musicales. Más recientemente, modernas disciplinas científicas -como la Epidemiología (el estudio de la ocurrencia de enfermedades en poblaciones humanas), la Epizootiología (el estudio de la ocurrencia de enfermedades epidémicas en animales), la Microbiología (el estudio de los microbios), la Entomología (el estudio de los insectos) y la Toxicología (el estudio de los efectos de los venenos)- han intentando explicar las causas exactas de algunas de estas plagas. En años recientes, la reinterpretación de los textos antiguos a la luz de la actual información sobre los factores medioambientales y las causas de las enfermedades han permitido interpretar nuevamente esta serie de tempranas catástrofes de salud pública. Desde este punto de vista, las diez plagas de Egipto descritas en el libro del Exodo no serían sino el primer ejemplo escrito en un documento histórico de lo que hoy podría calificarse como “infecciones emergentes”.
Las plagas son, en parte, acontecimientos considerados característicos de Egipto (ranas, mosquitos, tinieblas producidas por tempestades de arena), sucesos ordinarios en Oriente (langosta) y fenómenos peculiares de Palestina (pedrisco). Las primeras nueve plagas como fenómenos naturales ocurridos como resultado de una anormal inundación del Nilo entre Julio y Marzo... El Nilo convertido en sangre podría reflejar el hecho de que sus aguas arrastraran tierra roja en suspensión desde las tierras de Etiopía. Posteriormente, como consecuencia, el río debió polucionarse y las ranas infestaron las orillas en busca de cobijo. Los mosquitos y las moscas pudieron encontrar un caldo de cultivo ideal en las charcas dejadas atrás por la retirada de las inundaciones.
Bajo esta óptica naturalista, la mortandad animal podría atribuirse a una epidemia de ántrax propagada por los insectos, mientras que las lluvias de langostas podrían obedecer a alguna clase de torbellino que las arrastró desde Sudán a Etiopía hasta el Nilo; por no hablar de los días de oscuridad, posiblemente provocados por un khamsin -viento del desierto- de tremendas proporciones. Ahora bien, ¿pudo haber modificado la naturaleza Yhavé para sus propósitos?.
Y aunque es imposible responder a esa cuestión, no es menos cierto que la décima plaga sí parece, sin embargo, una intervención no natural, completamente artificial. Porque la muerte de los primogénitos no puede ser explicada por fenómenos naturales (sobredimensionados unos y fuera de tiempo otros) que, además -vaya “casualidad”-, sólo afectaba a los egipcios, dejando indemnes a los hebreos. Antes bien, cabe ver en ella la postrer manifestación de un poder de destrucción selectivo fatalmente certero, guiado por una mano que asesina a sangre fría a los más inocentes de entre sus enemigos.
Explicaciones alternativas, como la del escritor W. Raymond Drake sugieren que las nueve primeras plagas pudieron deberse a los efectos de una guerra química y bacteriológica. De ser así, el “poder divino” de Yhavé debería reinterpretarse como un “poder” tecnológico y científico sin precedentes en aquella época. En definitiva, a pesar de tantos siglos de especulación y estudio, las interrogantes fundamentales aún persisten.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Dom 03 Ene 2010, 22:29

Y continúo: ¿Qué clase de Alianza hicieron Yhavé y el Pueblo Elegido?. Os adjunto un extracto de dicha Alianza:

¿Qué alianza hicieron Yhavé y el pueblo judío?

La “Alianza” entre Yhavé y el que desde entonces ha dado en llamarse el “pueblo elegido” -y de la que todos hemos oído hablar- fue originalmente establecida cuando el “dios de los judíos” se apareció a Abraham -cuando éste tenía 99 años- y le dijo: “Yo soy El Sadday, anda en mi presencia y sé perfecto. Yo establezco mi alianza entre nosotros dos, y te multiplicaré sobremanera”. Añadiendo poco después, al postrarse éste con el rostro en la tierra: “Por mi parte, he aquí mi alianza contigo: serás padre de una muchedumbre de pueblos. No te llamarás más Abram, sino que tu nombre será Abraham, pues padre de muchedumbre de pueblos te he constituido. Te haré fecundo sobremanera, te convertiré en pueblos, y reyes saldrán de ti, de generación en generación: una alianza eterna, de ser yo el Dios tuyo y el de tu posteridad. Yo te daré a ti a tu posteridad la tierra que andas como peregrino, todo el país de Canaán, en posesión perpetua, y yo seré el Dios de los tuyos”. (Génesis 17, 1-Cool.
Alianza merced a la cual Yhavé se comprometió a conseguir para los descendientes de Abraham “la tierra desde el río de Egipto hasta el río Grande, el río Eufrates: los quenitas, quezinitas, cadmonitas, hititas, perizitas, refaítas, amorreos, cananeos, guirgasitas y jebuseos”. (Génesis 15, 18-21).
Pues bien, sería mucho después cuando ya tiempo que habían fallecido los 70 descendientes de Jacob que se habían desplazado a Egipto tras la muerte de éste siguiendo a su hijo menor, José, primer ministro del faraón, y sus descendientes se habían multiplicado, cuando Yhavé volvió a hacer acto de presencia. Esta vez en Jetró “en forma de llama de fuego en medio de una zarza”, a un pastor que cuidaba el rebaño de su suegro -un sacerdote de Madián- que respondía al nombre de Moisés. Pastor al que Yhavé diría: “Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he escuchado su clamor en presencia de sus opresores; pues ya conozco sus sufrimientos. He bajado para librarle de la mano de los egipcios y para subirle de esta tierra a una tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los perizitas, de los jivitas y de los jesubeos”. (Exodo 3, 7-Cool.
Lo que luego sucede es bien conocido: Moisés se presenta ante el faraón, le pide que deje salir al pueblo judío, éste se niega, Yhavé envía las famosas diez plagas, el pueblo es autorizado a partir, el faraón se arrepiente y les persigue, aquéllos cruzan a pie el Mar Rojo y el Ejército egipcio es tragado por las aguas.
Tres meses después, Moisés es llamado por Yhavé desde lo alto del monte Sinaí, a donde acude y donde permanece 40 días y 40 noches, transcurridos los cuales baja con las famosas Tablas de la Ley en las que se halla el Decálogo -contenido más conocido como los Diez Mandamientos-, redactada por el propio Yhavé en dos planchas escritas por ambas caras. Sin embargo, Moisés las rompe al montar en cólera cuando comprueba que, durante su ausencia, el pueblo que había sacado de Egipto sólo unos meses antes se dedicaba a adorar un becerro de oro que habían construído con el oro de sus joyas. Ante lo que Moisés -siguiendo, según dijo, órdenes de Yhavé- manda asesinar a tres mil personas de su propio pueblo en castigo. Matanza tras la que, al día siguiente, pide comprensión a Yhavé.
A lo que éste responde que vuelva a subir al monte con “dos tablas de piedra como las primeras”, donde el propio Yhavé volverá a escribir “las palabras que había en las primeras tablas que rompiste”. (Exodo 34, 1).
Momento en el que le propone a Moisés renovar la Alianza que un día estableció con Abraham. Sólo que esa “renovación” constituye en realidad una alianza distinta.
Así podemos leerlo en Exodo 34, 10-13: “Mira, voy a hacer una alianza; realizaré maravillas delante de todo tu pueblo, como nunca se han hecho en toda la tierra ni en nación alguna; y todo el pueblo que te rodea verá la obra de Yhavé; porque he de hacer por medio de ti cosas que causen temor. Observa bien lo que hoy te mando. He aquí que voy a expulsar delante de ti al amorreo, al cananeo, al hitita, al perizita, al jivita y al jebuseo. Guárdate de hacer pacto con los habitantes del país en que vas a entrar, para que no sean un lazo en medio de ti. Al contrario, destruiréis sus altares, destrozaréis sus estelas y romperéis sus cipos”.
Formulando a continuación las condiciones que, para aceptar ser su “dios” protector, pone al pueblo judío: “No te postrarás ante ningún otro dios, pues Yhavé se llama Celoso, es un Dios celoso. No hagas pacto con los moradores de aquella tierra, no sea que cuando se prostituyan tras sus dioses y les ofrezcan sacrificios, te inviten a ti y tú comas de sus sacrificios; y no sea que tomes sus hijas para tus hijos, y que al prostituirse tus hijas tras sus dioses, hagan también que tus hijos se prostituyan tras los dioses de ellas.
No te harás dioses de fundición.
Guardarás la fiesta de los Azimos; siete días comerás ázimos como te he mandado, al tiempo señalado, esto es, en el mes de Abib, pues en el mes de Abib saliste de Egipto.
Todo lo que abre el seno es mío, todo primer nacido, macho, sea de vaca o de oveja, es mío. El primer nacido de asno lo rescatarás con una oveja; y si no lo rescatas, lo desnucarás. Rescatarás todos los primogénitos de tus hijos, y nadie se presentará ante mí con las manos vacías.
Seis días trabajarás, más el séptimo descansarás; descansarás en tiempo de siembra y siega.
Celebrarás la fiesta de las Semanas: la de las primicias de la siega y del trigo, y también la fiesta de la recolección al final del año.
Tres veces al año se presentarán todos tus varones ante Yhavé, el Señor, el Dios de Israel.
Pues cuando yo expulse a los pueblos delante de ti y ensanche tus fronteras, nadie codiciará tu tierra cuando tres veces al año subas a presentarte ante Yhavé, tu Dios.
No inmolarás con pan fermentado la sangre de mi sacrificio, ni quedará hasta el día siguiente la víctima de la fiesta de Pascua.
Llevarás a la casa de Yhavé, tu Dios, lo mejor de las primicias de los frutos de tu suelo.
No cocerás el cabrito en la leche de su madre.
Dijo Yhavé a Moisés: ‘Consigna por escrito estas palabras, pues a tenor de ellas hago alianza contigo y con Israel’.” (Exodo 34, 14-27).
Bien. Pues tales son los términos de la alianza establecida entre Yhavé y su “pueblo elegido”; una alianza, la verdad, que no parece propia de alguien que se supone es Dios. Aunque no es menos cierto que tales normas fueron posteriormente muy ampliadas ya que, de hecho, Yhavé se dedicó durante el tiempo que duró el Exodo a dictar todo tipo de preceptos sobre las más variadas cuestiones, descendiendo a detalles que, cuando menos, hacen hoy sonreír al más ingenuo de los hombres. Y no creo que hagan falta más comentarios.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Lun 04 Ene 2010, 14:20

Se dice que el pueblo de Israel para llegar a la Tierra Prometida estuvieron 40 años de excursión por el desierto, pero,.... ¿duraron 40 años?. Veamos

¿Por qué duró cuarenta años el Exodo?


La pregunta que hicieron los israelitas durante los cuarenta años que duró el Exodo no es fácil de responder, sobre todo si tenemos en cuenta que, en circunstancias normales, la ruta entre Egipto y Canaán (la Tierra Prometida), tal y como viene descrita en la Biblia, podría haberse realizado en un período infinitamente menor. Tanto tiempo dando vueltas por el mismo lugar ha de tener, pues, un sentido que, a primera vista, se nos escapa.
Sin embargo, antes de entrar en materia convendría recordar cómo detalla el Antiguo Testamento la ruta seguida por el “pueblo elegido”. Así, en Exodo 33, 1-50 se nos dice:
“Etapas del viaje de los israelitas cuando salieron de Egipto, por escuadrones, bajo la guía de Moisés y Aarón. Moisés registró las etapas de la marcha, según la orden del Señor. El día quince del primer mes, el día siguiente a la pascua, salieron decididos de Rameses, a la vista de los egipcios. Los egipcios estaban todavía enterrando a los primogénitos que el Señor había hecho morir para hacer justicia de sus dioses. Los israelitas salieron de Rameses y acamparon en Sucot. Salieron de Sucot y acamparon en Etán, al borde del desierto. Salieron de Etán, volvieron a Pi Hajirot frente a Balsafón y acamparon frente a Migodol. Salieron de Pi Hajirot, atravesaron el mar hacia el desierto, caminaron tres días por el desierto de Etán y acamparon en Mara. Salieron de Mara y llegaron a Elín, donde había doce fuentes y setenta palmeras, y acamparon allí. Salieron de Elín y acamparon junto al Mar Rojo. Salieron del Mar Rojo y acamparon en el desierto de Sin. Salieron del desierto de Sin y acamparon en Dofca. Salieron de Dofca y acamparon en Alús. Salieron de Alús y acamparon en Rafidín, donde no encontraron agua para el pueblo. Salieron de Rafidín y acamparon en el desierto de Sinaí. Salieron del desierto de Sinaí y acamparon en Quibrot Hatavá. Salieron de Quibrot Hatavá y acamparon en Jeserto. Salieron de Jeserot y acamparon en Ritmá. Salieron de Ritmá y acamparon en Libná. Salieron de Libná y acamparon en Risá. Salieron de Risá. Salieron de Risá y acamparon en Quehelata. Salieron de Quehelata y acamparon en el monte Safer. Salieron del monte Safer y acamparon en Jarada. Salieron de Jarada y acamparon en Maqhelot. Salieron de Maqhelot y acamparon en Tajat. Salieron de Tajat y acamparon en Mitcá. Salieron de Mitcá y acamparon en Jasmoná. Salieron de Jasmoná y acamparon en Moserot. Salieron de Moserot y acamparon en Bene Yacán. Salieron de Bene Yacán y acamparon en Jor Haguidgad. Salieron de Jor Haguidgad y acamparon en Yotbata. Salieron de Yotbata y acamparon en Abroná. Salieron de Abroná y acamparon en Esión Gueber. Salieron de Esión Gueber y acamparon en el desierto de Sin, en Cades. Salieron de Cades y acamparon en el monte Hor, al extremo del territorio de Edom. El sacerdote Aarón subió al Monte Hor, por mandato del Señor, y allí murió a los cuarenta años de la salida de Egipto, el día primero del quinto mes. Aarón murió en la cima del monte Hor, a la edad de ciento veintitrés años.
El rey cananeo de Arad, que habitaba en el Negueb, en territorio cananeo, se enteró de que se acercaban los israelitas. Salieron del Monte Hor y acamparon en Salmoná. Salieron de Salmoná y acamparon en Punón. Salieron de Punón y acamparon en Obot. Salieron de Obot y acamparon en las Ruinas de Abarín, en la frontera de moab. Salieron de Ruinas de Abarín y acamparon en Dibón Gad. Salieron de Dibón Gad y acamparon en Almón Diblataín. Salieron de Almón Diblataín y acamparon en los montes de Abarín, frente a Nebo. Salieron de los Montes de Abarín y acamparon en la estepa de Moab, junto al Jordán, a la altura de Jericó. En la estepa de Moab acamparon a lo largo del Jordán, desde Bet Yesimot hasta Abel Sitín. En la estepa de Moab, junto al Jordán, a la altura de Jericó, el Señor habló a Moisés.”
Hasta aquí lo que nos cuenta el Antiguo Testamento de ese éxodo. Y puede el lector estar seguro de que, a pesar de que la ruta fue realizada por una caravana muy nutrida y de las numerosas paradas a las que alude el texto bíblico, cuarenta años son un tiempo absolutamente exagerado para ese viaje. De ahí que lo primero que nos tengamos que preguntar es qué aconteció durante ese tiempo a fin de poder encontrar respuestas al enigma.
Para los exégetas convencionales, como es el caso del investigador y experto Juan Mola Mayayo, todo ello se explica porque en realidad lo esencial del Antiguo Testamento no son los hechos que se relatan en él, sino la filosofía que nos pretende transmitir, lo que Mayayo denomina “pedagogía de Dios” y que se reduciría a un “arco” que se inicia en Abraham y termina en Jesús, pasando por Moisés y el resto de los grandes profetas. El resto del Antiguo Testamento -afirma- sería simplemente un “relleno” más o menos adecuado y expresivo de esa “pedagogía divina”. Añade este investigador que, en este sentido, la historicidad del texto es tan sumamente relativa que da cabida a todo: desde compilaciones de leyes de aquel pueblo hasta poesía, historia, narraciones, compendios de sabiduría, etc. Y en cuanto a los cuarenta años que, según el texto sagrado, duró el Exodo, esa cifra -dice Mola- no representaría el tiempo real en el que se desarrolló la travesía, sino más bien el “vagar” del “pueblo elegido” por el desierto.

40, UN NUMERO SIMBOLICO
Siguiendo con la interpretación de Juan Mola, éste explica posteriormente que, al igual que sucede en todos los pueblos de Oriente, para los israelitas el número no es sólo una cifra que expresa una cantidad, sino algo que contiene una significado determinado. Y en este caso -explica-, el número 40 podría estar haciendo referencia a un “período largo” o bien a una “generación”.
Llegados a este punto, convendría recordar lo que relata el Antiguo Testamento en Números, 13. Allí se explica cómo los Hijos de Israel estaban a punto de entrar en la Tierra Prometida, aunque antes de adentrarse en ella habían enviado a 12 espías -uno por cada una de las doce tribus- para averiguar la estrategia necesaria a fin de conquistar la zona y someter a sus habitantes. Pues bien, esos espías tardaron -curiosamente- 40 días en llevar a cabo su misión. Y a su regreso, diez de ellos trajeron un informe negativo: los productos de la tierra -dijeron- eran muy buenos, pero sus habitantes eran demasiado fuertes para vencerlos. Siendo esa falta de fe por la que Yhavé decretó, para que aprendieran a confiar en él, que los Hijos de Israel vagasen por el desierto 40 años. Decisión que nos muestra, una vez más, a un “dios” que castiga de forma desproporcionada la falta de fe de su pueblo.
Ahora bien, Yhavé seguiría “velando” a su manera por los israelitas durante todo ese tiempo, tal y como se recoge en Deuteronomio 8, 1-6: “Todos los preceptos que yo os mando hoy ponedlos en obra; así viviréis, creceréis y entraréis y conquistaréis la tierra que el Señor prometió con juramento a vuestros padres. Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones, si guardas sus preceptos o no. El te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná -que tú no conocías ni conocieron tus padres- para enseñarte que el hombre no sólo vive del pan, sino de todo lo que sale de la boca de Dios. Tus vestidos no se han gastado ni se te han hinchado los pies durante estos cuarenta años, para que reconozcas que el Señor, tu Dios, te ha educado como un padre educa a su hijo; para que guardes los preceptos del Señor, tu Dios, sigas sus caminos y lo respetes.” O. Lo que es lo mismo, el Yhavé del Antiguo Testamento es el único que sabe lo que de verdad necesita su pueblo.
Pero volvamos al significado oculto del número 40, que -expresado tanto en días como en años- se repite no sólo en el Antiguo Testamento, sino también en el Nuevo Testamento, simbolizando normalmente, las “pruebas” de fe. En el caso que nos ocupa, esto queda claro cuando observamos que la misión de espionaje en la Tierra Prometida se desarrolló durante 40 días y el castigo divino por la falta de fe de los israelitas fue también de 40 años. Una cifra que tiene también su simbolismo en la vida de Jesús: 40 son los días que éste pasa en el desierto en el que se producirá el episodio de las tentaciones de Satanás. Por no hablar de Moisés, quien estuvo con Yhavé en el monte Sinaí 40 días y 40 noches, que cuando huyó de Egipto hacia Madián tenía 40 años, que después de casarse con la hija de Jethro viviría con su esposa e hijos otros 40 años y que sería elegido por Yhavé a la edad de 80 años (2x40). Finalmente, después de otros 40 años llegará a la Tierra Prometida, muriendo a los 120 (3x40). Y ello en etapas bien diferenciadas en la vida de Moisés. De ahí que ese número pudiera en realidad estar simbolizando la búsqueda espiritual de cualquier persona en la senda de su vida. En el caso de Moisés, por ejemplo, fueron necesarios: 40 años para descubrir que era alguien, otros 40 para darse cuenta de que no era nadie y otros 40 para descubrir cómo Dios moldea alguien que se da cuenta de Su verdad.
Claro que todo esto no deja de pertenecer al género interpretativo, al que tan dados son los exégetas cuando se encuentran episodios inexplicables -o absurdos- a la luz del sentido común. Porque lo único cierto del relato bíblico es que “el pueblo elegido” se dedicó a vagar por el desierto durante 40 años en castigo de haber dudado de las posibilidades de Yhavé para entregarle la Tierra Prometida. Lo que demuestra que el tal Yhavé tenía, cuando menos, un carácter tal que le hacía castigar de forma absolutamente desproporcionada a quien se le enfrentaba. Si tuvo o no otras razones, sólo él podría decirlo. Lo demás es pura especulación.

EL EXODO “PARALELO” DEL PUEBLO AZTECA.- El periodista e investigador Andreas Faber-Kaiser nos contaba en su libro Las nubes del engaño que, según las tradiciones aztecas, hace unos 800 años, su dios -Huitzilopoitli- les dijo que tenían que abandonar la región en la que vivían para dirigirse hacia el sur, “hasta que encontrasen un lugar en una isla, situado en medio de una laguna en la que verían un águila devorando a una serpiente”. Añadiendo que en ese enclave habrían de asentarse y él les convertiría en un gran pueblo. Probablemente, antes de salir a cumplir los designios de su dios, los aztecas habitaban en lo que hoy son los estados de Arizona y Utah. Así que su peregrinar hasta Tenochtitlán -a unos 3000 kilómetros- fue mucho más largo que el realizado por los israelitas atravesando zonas de la más variada vegetación, desde áreas selváticas a desiertos, poniéndose a prueba la fe en la palabra de su dios. Hasta que, por fin, encontraron una pequeña isla en medio del lago Texoco y al águila que devoraba a la serpiente. Pero además de este paralelismo con el “pueblo elegido” por Yhavé, existen otras notables coincidencias entre los israelitas y los aztecas. Así, el dios de estos últimos -Huitzilopoctli-, era “protector”, como Yhavé, pero también muy exigente e implacable en sus castigos.
Igualmente, tanto Yhavé como Huitzilopoctli acompañaron a sus respectivos pueblos a lo largo de su peregrinaje, ayudándoles directamente a superar las dificultades que se presentaban. Sólo que mientras el primero se manifestaba con una nube -de día- o columna de fuego -de noche-, el segundo adquirió la forma de una gran águila o grulla que, al igual que Yhavé, iba señalando la dirección a tomar.
Otro paralelismo lo encontramos en el hecho de que ambos pueblos transportasen una especie de cajón sagrado que contenía algo de gran valor para ellos, sirviéndoles para comunicarse con sus dioses. Los hebreos portaban el Arca de la Alianza y los aztecas, un “cofre” que colocaban en el interior de un templo móvil.
Finalmente, los dos peregrinaron largos años, aunque los hebreos dando vueltas al desierto del Sinaí durante 40 años y los aztecas más de 150, hasta establecerse en la actual ciudad de México.
Pero hay más similitudes que acercan la historia de estos dos pueblos, como las vicisitudes sufridas por ambos (hambre, sed, plagas, tormentas, guerras...) y la singular forma en que fueron guiados por sus dioses, y que, cuando se quejaban, aquéllos respondían con furia acusadora ante su falta de disciplina y fe.
La lista sería interminable, ya que los paralelismos son tantos que achacar ambos “éxodos” -tan distantes en el tiempo y en el espacio- a la mera casualidad no parece razonable. Ahora bien, si consideramos la hipótesis extraterrestre, surge también una pregunta que podría explicar estas similitudes: ¿no será que Huitzilopoctli y Yhavé eran seres extraterrestres procedentes del mismo lugar?. Es más: ¿no serían ambos el mismo personaje?.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Jue 07 Ene 2010, 20:46

Dentro del Antigüo Testamento, parece ser que habia más sucesos "raritos", veamos por ejemplo este capítulo:

Y las aguas se apartaron......

La descripción bíblica de lo que aconteció realmente en el Mar Rojo cuando el pueblo judío dirigido por Moisés se adentró en él por indicación de Yhavé huyendo de los ejércitos del faraón, no se corresponde precisamente con lo que se nos ha mostrado en las numerosas películas de cine que se han ocupado del tema. De ahí que la imagen que de ese episodio tiene la gente en general difiera notablemente de la realidad narrada en el relato bíblico. Y para comprobarlo, nada mejor que atender a lo que dice -textualmente- el Antiguo Testamento en Exodo 14, 15-31:
“Dijo Yhavé a Moisés: ‘¿Por qué sigues clamando a mí?. Di a los israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie enjuto. Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a costa del Faraón y de todo su ejército, de sus carros y de los guerreros de sus carros.
Sabrán los egipcios que yo soy Yhavé cuando me haya cubierto de gloria a costa del Faraón, de sus carros y de sus jinetes.
Se puso en marcha en Angel de Yhavé, que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube de delante se desplazó de allí y se colocó detrás, poniéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de los israelíes. La nube era tenebrosa y transcurrió la noche sin que pudieran trabar contacto unos con otros en toda la noche. Moisés extendió su mano sobre el mar, y Yhavé hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del Este que secó el mar, y se dividieron las aguas. Los israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto, mientras las aguas formaban muralla a derecha e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución, entrando tras ellos, en medio del mar, todos los caballos del Faraón, y los carros con sus guerreros. Llegada la vigilia matutina, miró Yhavé desde la columna de fuego y humo hacia el ejército de los egipcios, y sembró la confusión en el ejército egipcio.
Trastornó las ruedas de sus carros, que no podían avanzar sino con gran dificultad.
Y exclamaron los egipcios: ‘Huyamos ante Israel, porque Yhavé pelea por ellos contra los egipcios’. Yhavé dijo a Moisés: ‘Extiende tu mano sobre el mar, y las aguas volverán sobre los egipcios, sobre sus carros y sobre los guerreros de los carros’. Extendió Moisés su mano sobre el mar, y al rayar el alba volvió el mar a su lecho; de modo que los egipcios, al querer huir, se vieron frente a las aguas. Así precipitó Yhavé a los egipcios en medio del mar, pues al retroceder las aguas cubrieron los carros y a su gente, a todo el ejército del Faraón, que había entrado en el mar para perseguirlos; no escapó ni uno siquiera. Mas los israelitas pasaron a pie enjuto por en medio del mar, mientras las aguas hacían muralla a la derecha y a la izquierda.
Aquel día salvó Yhavé a Israel del poder de los egipcios, e Israel vio a los egipcios muertos a orillas del mar. Y viendo Israel la mano fuerte que Yhavé había desplegado contra los egipcios, temió el pueblo a Yhavé, y creyeron en Yhavé y en Moisés, su siervo.”
Hasta aquí el relato bíblico. Y hay que decir que lo primero que llama la atención es que Yhavé no se comporta precisamente como ese Dios “justo y misericordioso” que con el transcurrir del tiempo se a adornado su figura, llegando a decir -en una actitud muy “humana” de soberbia y nada “divina”- que se va “a cubrir de gloria a costa del Faraón y de su ejército” -la frase se pone en su boca-, para lo que no duda en masacrar a todo un grupo de seres humanos: “(...) no escapó ni uno siquiera”.
Pero hay más cuestiones que llaman la atención: la primera, que “al frente del ejército de Israel” se encontraba el “ángel de Yhavé”. Un “ángel” que, ante los acontecimientos que se avecinaban, “pasó a retaguardia”. Luego, ¿puede caber alguna duda, atendiendo al relato, de que ese “ángel” era un ser evidentemente físico y nada “etéreo”? ?Tan físico, al menos, como la “nube” que también iba delante y se puso igualmente a retaguardia?. Porque el texto bíblico es meridianamente claro: “La columna de nube de delante se desplazó de allí y se colocó detrás...”. Aún más: a la hora de comentar cómo se separaron las aguas, el texto bíblico no dice que el propio Yhavé “soplara”, sino que “hizo soplar” (¿desde la nube?) “un fuerte viento del Este que secó el mar”. Sólo que para “secar” el mar, el sentido común indica que el caudal del río no debía ser demasiado grande.

EL PASO DEL JORDAN
En suma, el paso del Mar Rojo podría tener una simple explicación convencional o ser achacada a la intervención de unos seres -Yhavé y sus “ángeles”-, dotados de claros “poderes”... pero muy humanos, no “divinos”. Ahora bien, lo que ya resulta inexplicable es el hecho de que lo de “separar las aguas” parece casi una costumbre en la historia del pueblo judío. Porque, como ya adelantamos, el paso en seco de ríos haciendo apartar el agua a los lados se realizó en otras ocasiones. Veamos, por ejemplo lo narrado en el Libro Segundo de los Reyes 2, 7-14, cuando se relata el “arrebatamiento” de Elías por Yhavé.
“Cincuenta hombres de la comunidad de los profetas vinieron y se quedaron enfrente, a cierta distancia; ellos dos se detuvieron junto al Jordán. Tomó Elías su manto, lo enrolló y golpeó las aguas, que se dividieron de un lado y de otro, y pasaron ambos a pie enjuto. Cuando hubieron pasado, dijo Elías a Eliseo: ‘Pídeme lo que quieras que haga por ti antes de ser arrebatado de tu lado’. Dijo Eliseo: ‘Que tenga dos partes de tu espíritu’. Le dijo: ‘Pides una cosa difícil; si alcanzas a verme cuando se llevado de tu lado, lo tendrás; si no, no lo tendrás’. Iban caminando mientras hablaban, cuando un carro de fuego con caballos de fuego se interpuso entre ellos; y Elías subió al cielo en el torbellino. Eliseo le veía y exclamaba: ‘¡Padre mío, padre mío! ¡Carro y caballos de Israel! ¡Auriga suyo!’. Y no le vio más. Asió sus vestidos y los desgarró en dos. Tomó el manto que se le había caído a Elías y se volvió, parándose en la orilla del Jordán.
Tomó el manto de Elías y golpeó las aguas diciendo: ‘¿Dónde está Yhavé, el Dios de Elías?’. Golpeó las aguas, que se dividieron de una lado y de otro, y pasó Eliseo.”
El relato es explícito: primero, Elías “enrolla su manto” y las aguas del Jordán se separan para que él y su discípulo Eliseo puedan atravesar el río sin siquiera mojarse; luego, cuando el primero sube al “cielo” arrastrado por un “torbellino”, Eliseo toma el manto que se le había caído a éste y se permite el lujo de separar también él, de nuevo, las aguas. ¿Cómo explicarlo?. Porque en este texto bíblico no se menciona “nube” de ningún tipo ni se comenta que alguien o algo provocara viento alguno...

PARA QUE EL ARCA DE LA ALIANZA NO SE MOJE
Pero hay más. El Antiguo Testamento da cuenta de otro episodio en el que las aguas se separan y dejan pasar de nuevo a todo un pueblo, suceso acaecido después de la muerte de Moisés, presumiblemente para que el Arca de la Alianza no se “mojara”.
Así, al menos, podemos leerlo en Josué 3, 14-17: “Cuando el pueblo partió de sus tiendas para pasar el Jordán, los sacerdotes llevaban el Arca de la Alianza a la cabeza del pueblo. Y en cuanto los que llevaban el Arca llegaron al Jordán, y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca tocaron la orilla de las aguas, y el Jordán baja crecido hasta los bordes todo el tiempo de la siega, las aguas que bajaban de arriba se detuvieron y formaron un solo bloque a gran distancia, en Adam, la ciudad que está al lado de Satán, mientras que las que bajaban hacia el mar de Arabá, o mar de la Sal, se separaron por completo, y el pueblo pasó frente a Jericó. Los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza de Yhavé se estuvieron a pie firme, en seco, en medio del Jordán, mientras que todo Israel pasaba en seco, hasta que toda la gente acabó de pasar el Jordán”.
Y aquí, como el lector puede comprobar, no se menciona ni “nube”, ni “viento”, ni “manto” que provocaron el “milagro”. Vamos, que parece que eso de que las aguas se separaran fuera, en el caso del pueblo judío, una costumbre... inexplicable.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Mar 02 Mar 2010, 00:58

Voy a seguir con el tema y voy a dejar colgado algo para que tengais en lo qué pensar en esta semana que los cristianos llaman Santa.
Vamos a hablar de.....

Los Diez Mandamientos

Según Exodo 19, 1-12, la Alianza establecida entre Yhavé y el pueblo de Israel por intermediación de Moisés tuvo lugar cuando, “al tercer mes de la salida de Egipto”, llegaron al desierto del Sinaí tras partir de Refidim, acampando frente a un monte desde el que Moisés fue llamado para que subiera y donde este singular personaje le diría: “Mira, voy a presentarme a ti en una densa nube para que el pueblo me oiga hablar contigo y así te dé crédito para siempre”; añadiendo que “al tercer día” descendería sobre el monte “a la vista de todo el pueblo”. Luego le dijo que advirtiera a todos que no debían subir a él -ni siquiera “tocar su falda”- porque todo el que tal hiciera moriría. Pero veamos cómo describe el texto bíblico aquel episodio:
“Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se echó a temblar. Entonces, Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y se detuvieron al pie del monte. Todo el monte Sinaí humeaba, porque Yhavé había descendido sobre él en fuego. Subía el humo como el de un horno, y todo el monte retumbaba con violencia. El sonido de la trompeta se hacía cada vez más fuerte: Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno”. (Exodo 19, 16-19).
Luego, según narra inmediatamente después el texto bíblico, “Yhavé bajó al monte Sinaí, a la cumbre del monte”, pidiendo desde ella a Moisés que fuera a su encuentro.
Pero detengámonos un instante y analicemos los hechos descritos hasta el momento. Cualquier persona medianamente atenta habrá reparado en varias cuestiones que no son precisamente asunto baladí. Una, que Yhavé “descendió” hasta el monte “en una densa nube”; dos, que lo hizo delante de todo el pueblo para que sus integrantes pudieran “oírle”; tres, que la “nube” producía tanto fuego que todo se llenó de “humo”; cuatro, que, en el descenso, el monte entero “retumbaba” con violencia; y cinco, que el propio Yhavé “bajó” al monte, a la cumbre. Es decir, todo apunta que Yhavé bajó “físicamente”, hablaba como cualquiera de nosotros por cuanto se le podía oír y lo hizo en una “nube” que al posarse despedía fuego, retumbaba y llenaba todo de humo. Dígame, amigo lector: ¿a usted esto le suena a un descenso divino o a un episodio muy parecido al de nuestras naves actuales posándose en un monte?. Dejo que lo medite. Mientras, sigamos. Bien, el caso es que Moisés obedeció, subió al monte para encontrarse con Yhavé y éste le dio el mensaje que debía transmitir al pueblo; mensaje que se convertiría en lo que hoy conocemos como los Diez Mandamientos.
Y llegados a este punto hay que decirle al lector que, en realidad, el famoso decálogo dado por Yhavé a Moisés es ciertamente más amplio que el que las iglesias cristianas vienen enseñando a sus fieles. A continuación veremos ambas versiones, la del Antiguo Testamento tal y como aparece en la Biblia (Exodo 20, 3-17 y Deuteronomio 5, 16-12) y la de las versiones más modernas que la Iglesia Católica a adaptado con el correr de los tiempos.

VERSION ORIGINAL
1. “No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra.
No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque yo, Yhavé, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian, y tengo misericordia por millares con los que me aman y guardan mis mandamientos.”
2. “No tomarán en falso el nombre de Yhavé, tu Dios; porque Yhavé no dejará sin castigo a quien toma su nombre en falso.”
3. “Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso para Yhavé, tu Dios. No harás ningún trabajo ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el forastero que habita en tu ciudad. Pues en seis días hizo Yhavé el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo Yhavé el día del sábado y lo hizo sagrado.”
4. “Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que Yhavé, tu Dios, te va a dar.”
5. “No matarás.”
6. “No cometerás adulterio.”
7. “No robarás.”
8. “No darás testimonio falso contra tu prójimo.”
9. ....
10. “No codiciarás la casa de tu prójimo, ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo.”

VERSION ACTUAL
1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2. No tomarás el nombre de Dios en vano.
3. Santificarás las fiestas.
4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
5. No matarás.
6. No cometerás actos impuros.
7. No robarás.
8. No dirás falso testimonio ni mentirás.
9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
10. No codiciarás los bienes ajenos.
Sin embargo, y al margen de las evidentes diferencias entre ambas versiones, sutilmente “adaptadas”, el lector debe saber que, contra lo que la mayor parte de la gente sin duda cree, los mandamientos, normas o preceptos que dictó Yhavé a Moisés no fueron solamente esas sino... muchísimos más. Y así, entre otras cosas, tras pedirle que le hicieran un altar de tierra para ofrecer sobre él en holocausto las ovejas y los bueyes, dictó a Moisés los preceptos que debían regir en cuanto a los esclavos (preceptos que hoy pueden ser tachados de racistas y vergonzosos, lo que el lector puede comprobar leyendo Exodo 21 a 40), normas sobre lo que hay que hacer en caso de homicidio, en las situaciones de peleas, en los casos de las heridas -incluso las de los animales-, cómo resolver los robos de ganado, cuándo y cómo compensar algunos delitos comunes, qué hace en el caso de violación de una virgen -por cierto, que Yhavé da como “solución” que ésta se case con el violador...-, cómo afrontar el asunto de las primicias y los primogénitos, cómo tratar a los enemigos, cómo guardar el sábado, de qué manera se le deben dedicar a él tres fiestas al año, cómo han de ser las ofrendas que los israelitas deben hacerle periódicamente, qué objetos rituales para el culto construir y de qué manera, cómo han de ser los ornamentos sacerdotales, etc., etc.
Y no crea el lector que ahí acaban las normas y preceptos que según Moisés le dio Yhavé. Porque en el Levítico podemos encontrar tal cantidad de normas sobre todo tipo de cuestiones -muchas completamente ridículas a los ojos del hombre de hoy- que no puede dejar de sorprender que alguien pueda creer en serio que fueron dictadas por Dios. Normas que abarcan desde cómo celebrar los sacrificios rituales de animales hasta cómo deben de vestir los sacerdotes de su culto -especificando incluso qué “parte” de la ofrenda les “corresponde” en pago por su intermediación-, desde la descripción de los animales hasta normas de salud y consejos médicos para el pueblo, desde la descripción de las impurezas sexuales de hombre y mujeres a las normas para casarse, desde la relación de las llamadas “faltas culturales” a las “faltas contra la familia”, desde el establecimiento de las fiestas anuales y de los años santos hasta las normas sobre actuación en lo que se refiere a las propiedades de tierras, los préstamos, la compra y venta de siervos, así como el establecimiento de aranceles y tasaciones de personas, animales, casas y campos. Y decenas más de normas de todo tipo planteadas en detalle, absurdas e impropias de alguien que se supone es Dios.

LAS MALAS PULGAS DE YHAVE
Porque no piense el lector que el tal Yhavé era alguien comprensivo, bueno y misericordioso. Antes bien, era un personaje cruel, sanguinario y déspota.
Para muestra, recordemos lo ocurrido. Según el texto bíblico (Exodo 24, 12-18), Moisés subió al monte acompañado de Josué, su ayudante, tras decirles a los ancianos que le esperaran. Luego, “Moisés entró dentro de la nube (...) y permaneció en el monte cuarenta días y cuarenta noches”, tras lo cual Yhavé “le dio las dos tablas del Testimonio, tablas de piedra, escritas por el dedo de Dios.” Tablas que, según se explícita en Exodo 32, 15-16, estaban “escritas por ambos lados; por una y otra cara estaban escritas. Las tablas eran obra de Dios, y la escritura, grabada sobre las mismas, era escritura de Dios.”
El caso, sin embargo, es que como había transcurrido tanto tiempo -40 días-, cuando Moisés bajó al valle se encontró a todo su pueblo adorando a un becerro de oro. Y su furor fue tal que Moisés “ardió en ira, arrojó de su mano las tablas y las hizo añicos al pie del monte”. (Exodo 32,19). ¿Y cuál cree el lector que fue su posterior reacción?. Pues, siguiendo las indicaciones de Yhavé, la que a continuación se transcribe: “Vio Moisés al pueblo desenfrenado -pues Aarón les había permitido entregarse a la idolatría en medio de sus adversarios- y se puso Moisés a la puerta del campamento y exclamó: ‘¡A mí los de Yhavé!’. Y se le unieron todos los hijos de Leví. El les dijo: ‘Así dice Yhavé, el Dios de Israel: cíñase cada uno su espada al costado; pasad y repasad el campamento de puerta en puerta, y matad cada uno a su hermano, a su amigo, a su pariente’. Cumplieron los hijos de Leví la orden de Moisés; y cayeron aquel día unos tres mil hombres del pueblo. Y dijo Moisés: ‘Hoy habéis recibido la investidura como sacerdotes de Yhavé, cada uno a costa de vuestros hijos y vuestros hermanos, para que él os dé hoy la bendición.”(Exodo 32, 25-29).
Resumiendo: Moisés, por orden de Yhavé, ordenó el asesinato de tres mil personas para que el pueblo elegido no se volviera a olvidar de quién era su “dios”. El texto no precisa comentarios.

YHAVE HACE UNA COPIA DE LAS TABLAS DE LA LEY
¿Y qué pasó, en tal caso, con las Tablas de la Ley, imagino que se estará preguntando el lector?. Pues, sencillamente, que Yhavé volvió a escribir sus “mandamientos” sobre dos nuevas planchas de piedra que ordenó labrar a Moisés. Así puede leerse en Exodo 34, 1-5. “Dijo Yhavé a Moisés: ‘Labra dos tablas de piedra como las primeras, sube donde mí, al monte, y yo escribiré en las tablas las palabras que había en las primeras tablas que rompiste. Prepárate para subir mañana temprano al monte Sinaí; allí, en la cumbre del monte, te presentarás a mí. Que nadie suba contigo, ni aparezca nadie en todo el monte. Ni oveja ni buey paste en el monte’. Labró Moisés dos tablas de piedra como las primeras y, levantándose de mañana, subió al monte Sinaí como le había mandado Yhavé, llevando en su mano las dos tablas de piedra. Descendió Yhavé en forma de nube y se puso allí junto a él.
Y una vez allí, el cruel, despiadado y sanguinario Yhavé estableció con Moisés la Alianza que le uniría en adelante con el pueblo judío. Y sólo con el pueblo judío.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Mar 02 Mar 2010, 01:05

Vamos, una joyita, este Yahvé.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Vie 05 Mar 2010, 21:23

Y ahora, vamos a dar una idea poco más o menos de cómo se las ingeniaron los hebreos para comer y beber teniendo en cuenta de que fuesen o no fuesesn 40 años haciendo excursiones por el desierto como boy scouts pudieron sobrevivir.... aunque fuese 1 semana, me da igual, que el desierto..... es el desierto.

Pues sobrevivieron gracias a.....

La “máquina del maná”

Durante el Exodo del pueblo judío, éstos guardaban en el interior de la tienda de campaña que hacía las veces de Tabernáculo móvil, el Arca de la Alianza y el llamado Anciano de los Días. El Arca se colocaba al fondo de este templo móvil, en el sanctasanctórum, separada del resto del recinto por un velo ante el cual se alzaba la Menorah, un candelabro de siete brazos fundido en oro macizo, así como la misteriosa fuente de alimentos que nutrió a los israelitas de maná durante sus cuarenta años de peregrinación por el desierto. Esto es, el Anciano de los Días en cuestión.
¿Qué quisieron decir los cronistas hebreos con esa expresión?. La mención a este “anciano” se encuentra en el Zohar, el libro principal de la cábala hebraica que comenta el Pentateuco -los cinco primeros libros del Antiguo Testamento- o la Tora de los judíos ortodoxos, y que fue impreso por primera vez en Mantua entre 1558 y 1560. La tradición atribuye el Zohar a Moisés bar Shem-Tob de León (1250-1306), aunque él mismo delegue esta responsabilidad en una legendaria figura del misticismo hebreo del siglo II llamado Simeón Ben Yohaí, y recoja una remota tradición judía que se remonte, cuando menos, hasta el 600 a.C. Sea como fuere, el Zohar (nombre que en antiguo hebreo significa Libro del Esplendor), contiene obtusas disquisiciones teológicas escritas en arameo, y ya que Moisés de León no dominaba demasiado bien esta lengua, incluyó numerosos términos hispánicos en el texto. En cuanto al Anciano de los Días, parece fuera de discusión que este comentarista utilizó una tradición oral que se ha transmitido fielmente de boca en boca durante 60 generaciones, hasta llegar a él, y que, según algunos modernos analistas podría estar enmascarando una clara referencia a una máquina de alta tecnología del pasado.
En efecto, convencidos de que la palabrería ampulosa y metafórica del Zohar ocultaba la descripción técnica (hecha por hombres de una era pretecnológica) de un mecanismo de posible origen extraterrestre, los ingenieros británicos George Sasson y Rodney Dale aprendieron arameo para tratar de descifrar el enigma. El primero es un ingeniero industrial educado en el selecto King’s College de Cambrigde, mientras que el segundo es un ingeniero mecánico que contribuyó a dar cuerpo a las teorías del primero. Ambos, animados por descubrimientos anteriores como el del ingeniero aeronáutico Joseph Blumrich que llevó a la mesa de diseño la Gloria de Yhavé que vio el profeta Ezequiel en Babilonia -y que resultó ser una nave voladora en toda regla-, Sassoon y Dale se lanzaron a una ingente tarea de “decodificación”.
Su investigación se prolongó durante años, ayudándoles el hecho de que el arameo que manejaba Moisés de León era muy elemental. Finalmente, publicaron el resultado de sus investigaciones en una obra fascinante, escrita conjuntamente The Manna Machine. En su estudio, ambos ingeniaron van traduciendo lentamente a un lenguaje tecnológico los símiles antroponómicos, anatómicos y biológicos del Zohar. El resultado final de su esfuerzo fue la aparición de una máquina que empleaba una variedad de alga, la clorella que, no tan curiosamente, se viene proponiendo durante hace algunos años como alimento para los viajes interplanetarios del futuro. Y la NASA tiene sus buenas razones para ello: esta alga, al ser un vegetal, realiza la función clorofílica, con absorción del dióxido de carbono y liberación de oxígeno, lo cual contribuiría a renovar y purificar la atmósfera de la hipotética colonia espacial que la llevara a bordo. En cualquier caso, dentro del Anciano de los Días, esta alga debió cumplir únicamente con la misión de producir alimento.
Sassoon y Dale lograron incluso reconstruir esta máquina. Según su esquema, el Anciano de los Días se dividía en tres partes principales: El gran mar (¿acaso el tanque de cultivo de la clorella?), el recipiente que contiene fuego (¿un reactor nuclear?) y los testículos y el pene (¿depósitos de almacenamiento del maná ya procesado y el tubo de salida del mismo?). Curiosamente, el Zohar no menciona en ninguna parte del texto la palabra maná. Esta la sustituye por chesed, que significa caridad o limosna, dando a entender que los israelitas recibían el alimento del Anciano de los Días gratis, en una producción que -si hemos de creer en la tradición- era capaz de abastecer a 600 familias. En el bien entendido de que la palabra “familia” en hebreo y “millar” eran equivalentes. ¿Alimentó a 600.000 personas, por tanto?.

LOS “TECNICOS” LEVITAS
Según la tradición, fueron los sacerdotes de Leví quienes custodiaron esta máquina y se hicieron cargo de su mantenimiento. Este ingenio, además, dejaba de funcionar sólo un día a la semana, el sabbath, a fin de que los sacerdotes pudiesen limpiarla y esterilizarla siguiendo las órdenes de su constructor, aunque ellos nada supiesen de contaminación bacteriana. Y si hemos de creer al Zohar, también se debía engrasar su mecanismo, que Moisés describe como “unción”. De hecho, esta acción, que hoy tiene un significado puramente religioso, podría ocultar -según Sassoon y Dale- un significado estrictamente mecánico. Sin saberlo, los levitas se habían convertido en el equipo de mantenimiento de una máquina perfecta.
Pero la máquina tenía un lado siniestro: mataba a los imprudentes que osaban penetrar en el corazón del Tabernáculo con intención de verla. Y si la máquina no los mataba, lo hacían los levitas, los únicos que podían ver al Anciano de los Días.

¿DONDE ESTA LA MAQUINA DEL MANA?
A diferencia de lo que sucede con el Arca de la Alianza, la Menorah o la Mesa de Salomón -todos ellos objetos sagrados que se custodiaron en el sanctasanctorum hasta la caída del Templo de Jerusalén-, de los que se tienen innumerables contradictorias “pistas” de dónde pueden encontrarse en la actualidad, no sucede los mismo con el Anciano de los Días. Y es que cuando los judíos terminaron su éxodo y llegaron a la Tierra Prometida, aquel ingenio de posible origen extraterrestre dejó de tener utilidad en una tierra que rezumaba “leche y miel”.
Lo último que sabemos de este ingenio es que, al llegar a Palestina, los judíos la instalaron en el santuario de Siloé, unos cuarenta kilómetros al norte de Jerusalén, donde lo ocultaron junto al Arca de la Alianza. Por aquel entonces ya no producía más maná pero se le debió seguir considerando un importante talismán mágico porque cuando Israel luchó contra los filisteos y corría peligro de perder la batalla, recurrieron al refugio de las reliquias de Siloé. Así lo explica Samuel en la Biblia: “Los ancianos de Israel dijeron (...) vamos a traer de Siloé el Arca de la Alianza de Yhavé, para que esté entre nosotros y nos salve de la mano de nuestros enemigos (...) Y cuando el Arca (...) entró en el campamento, todo Israel lanzó grandes gritos de júbilo(...)”. Y añade: “Oyeron los filisteos el vocerío, y dijeron: ‘¿Qué vocerío es éste tan grande que se oye hoy en el campamento de los hebreos?’. Y supieron que el Arca había sido traída al campamento. Y los filisteos se atemorizaron, y decían: ‘¡Desgraciados de nosotros!’.” (Samuel 1, 3 y ss).
Sea como fuere, en Siloé le perdemos totalmente la pista al Anciano de los Días. Tal vez todavía esté oculta allí y algún día los arqueólogos consigan encontrarla. El Arca de la Alianza, en cambio, sufrió un largo peregrinar hasta perderse definitivamente en las brumas de la historia, por lo que no es difícil pensar que los redactores o revisores del libro del Exodo, probablemente escribas del Segundo Templo de Jerusalén, confundieran al Anciano de los Días con el Arca y que sólo una secta de iniciados preservara la verdad.
En efecto, una sociedad secreta judía conocida como los Segadores del Campo Sagrado fue quién preservó oralmente la tradición del Anciano de los Días que, siglos más tarde, Moisés de León plasmó por escrito. Ahora sólo nos falta la última pieza: hallar al Anciano de los Días. Entonces tendremos finalmente la prueba de que la ayuda “divina” al “pueblo elegido” fue prestada, en realidad, por alguien que tenía a su alcance una tecnología superior.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Sáb 06 Mar 2010, 00:19

¿Comida monotemática? Pues seguro que comerían también algún alacrán del desierto o culebra despistada
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Mar 09 Mar 2010, 20:56

Hagamos de Indiana Jones y nos vamos a interesar por.......

El misterio del Arca de la Alianza

Mucho es lo que se ha escrito y especulado en torno a los misteriosos poderes y al no menos enigmático paradero del Arca de la Alianza, uno de los objetos religiosos y arqueológicos más buscados de la historia, una máquina capaz, entre otras cosas, de provocar tumores, emitir destellos cegadores, mortales descargas energéticas o levantarse por el aire arrastrando con ella a sus porteadores y violando la siempre pesada ley de la gravedad.
Un instrumento así, construido siguiendo fielmente las instrucciones que el propio Yhavé dio a Moisés durante su estancia en el Monte Sinaí, ha despertado a lo largo de los siglos el lógico interés tanto de los iniciados y órdenes esotéricas como de arqueólogos, periodistas y científicos. Y las pruebas más claras del mismo las tenemos en las múltiples teorías sobre la naturaleza del Arca y su supuesto paradero, así como en su incursión en el mundo del cine de la mano de Steven Spielberg en la primera entrega de las aventuras de ¿Qué pasa contigo, colega?, aventura que popularizó aún más este misterioso objeto.

INSTRUCCIONES DIVINAS MUY PRECISAS
En la tradición sagrada recogida en el Antiguo Testamento no se pone ni por un momento en duda que fuese el propio Yhavé quien diera las instrucciones a Moisés para la construcción del Arca, a pesar de que objetos similares y con funciones parecidas existían ya en el antiguo Egipto cuando el patriarca bíblico ni siquiera había nacido. En cualquier caso, no deja de ser cierto que Yhavé se mostró muy explícito en los detalles del Arca: “Harás un Arca de madera de acacia que tenga de longitud dos codos y medio, codo y medio de anchura y codo y medio de altura. La revestirás de oro por dentro y por fuera, y encima labrarás una cornisa de oro alrededor. La pondréis cuatro anillos, uno en cada ángulo del Arca, dos a un lado y dos al otro. Harás también unas varas de madera de acacia y las cubrirás igualmente con oro. Las pasarás por los anillos que están a los lados del Arca y servirán para llevarla. Estas varas estarán siempre metidas en los anillos y no se sacarán de ellos... Harás también un propiciatorio de oro puro de dos codos y medio de largo y uno y medio de alto. Harás dos querubines de oro batido a los dos extremos del propiciatorio, a un lado y a otro lado de él. Lo harás formando un solo cuerpo con él, a sus dos lados. Tendrás los querubines sus dos alas extendidas hacia arriba cubriendo con ellas el propiciatorio, estando sus rostros uno frente al otro, y mirando hacia el propiciatorio...” (Exodo, 25-10).
Las instrucciones fueron seguidas al pie de la letra por Bezaleel y otros “hombre hábiles a los que Yhavé había dado pericia” , quienes no sólo construyeron el Arca sagrada, sino que también trabajaron en la preparación del Tabernáculo, el candelabro, el vestuario de los sacerdotes, la mesa sagrada, los objetos para los que estaba destinada, etc., etc.
Cuando estuvo terminada, y con las Tablas de la Ley en su interior, el Arca comenzó a ocupar un lugar destacado en el sancta sanctorum del Tabernáculo, ese templo portátil de los israelitas durante su búsqueda de la Tierra Prometida, convirtiéndose así en un auténtico talismán que representaba la alianza de Dios con su pueblo, cuando no la propia encarnación material de Yhavé.

MISTERIOSOS PODERES
Muy pronto, el pueblo israelí conocería los temibles poderes de un instrumento que, entre otras cosas, permitía a Yhavé mostrarse y comunicarse con Moisés. La parte más inestable y peligrosa del Arca parecía ser justo la zona existente entre los dos querubines, encima del propiciatorio. Allí no sólo se manifestaba Yhavé en forma de nube, sino que también, como apunta el autor de Símbolo y señal, Graham Hancock, “otros fenómenos supuestamente sobrenaturales se manifestaron también ‘entre los querubines’ que se miraban sobre la tapa de oro del Arca. Pocos días después del infortunado fallecimiento de los dos hijos de Aarón, Moisés penetró en el sancta sanctorum del Tabernáculo, entonces instalado todavía a la sombra del Monte Sinaí. Dentro ‘oyó la voz de alguien que le hablaba desde lo alto del propiciatorio que está sobre el Arca, entre los querubines’”.
Hancock, que dedicó cerca de diez años a investigar el paradero del Arca, aporta interesantes datos sobre sus poderes, que han quedado recogidos en leyendas y tradiciones judías. “Según un perdurable recuerdo tradicional -escribe- dos chispas, descritas en otros lugares como ‘llamas abrazadoras’, botaron de los querubines que guardaban el Arca, chispas que en ocasiones quemaban y destruían los objetos cercanos...”.
Los poderes del objeto se manifestaban generalmente de forma espontánea, afectando mortalmente a quienes estaban a su alrededor. Este fue el caso, por ejemplo, de los hijos de Aarón mencionados más arriba, las dos primeras víctimas mortales del Arca de la Alianza. Según se desprende del Antiguo Testamento, Nadab y Abihú “tomaron cada uno su incensario, pusieron fuego en ellos y, luego de echar incienso encima, ofrecieron ante Yhavé un fuego profano que él no les había mandado. En ese momento salió de la presencia de Yhavé un fuego que los devoró, y murieron delante de Yhavé”.

LAS VICTIMAS DEL ARCA
El mismo destino corrieron algunos porteadores del Arca, quienes, según tradiciones rabínicas, de vez en cuando eran muertos por las poderosas chispas que salían de los querubines. Y años después, cuando el rey David quiso llevar el Arca a Jerusalén, se repitió nuevamente la historia. En esta ocasión la víctima fue Uzzá, hijo de Abinadab, quien junto a su hermano Ajyó trasladaba el objeto sagrado en una carreta y “al llegar a la tierra de nacón, Uzzá extendió las manos hacia el Arca de Dios y la sujetó, porque los bueyes amenazaban con volcarla. Entonces la ira de Yhavé se encendió contra Uzzá, y allí mismo Dios lo castigó por haberse atrevido a tocar el Arca, y cayó muerto al lado del Arca de Dios”.
De hecho, los efectos mortales del Arca fueron utilizados por los israelitas durante los cuarenta años que pasaron en el desierto, garantizándose la victoria en las batallas que libraban si el Arca les acompañaba. La Biblia recoge diversas referencias en este sentido, la más famosa de las cuales quizá sea la caída de Jericó, con Josué al frente del pueblo de Israel como sucesor de Moisés y nuevo portador de los secretos del Arca.
Sin embargo, como acertadamente ha señalado Hancock, siglo y medio después de la muerte de Josué el Arca parecía haber perdido su valor para los israelitas, que la habían trasladado permanentemente a un santuario llamado Silo. Sin su “arma divina”, perdieron cuatro mil hombres en la batalla de Eben Ezer contra los filisteos, y aunque posteriormente decidieron llevar el Arca consigo en un nuevo confrontamiento bélico, volvieron a caer derrotados perdiendo la reliquia, que fue capturada por los filisteos y llevada a Azoto, donde provocó tumores a la población (¿efecto de la radiación que desprendía?), siendo devuelta al cabo de siete meses a los israelitas.
En cuanto a otros poderes atribuidos al Arca, cabe señalar la generación del maná con el que se alimentó el pueblo de Israel en el desierto y su capacidad para vencer la gravedad, ya que tradicionalmente se aceptaba que no sólo podía levitar, sino también transportar a sus porteadores con ella.
Varias han sido las hipótesis formuladas en torno al origen de estos poderes. Una de las más curiosas fue la planteada por los ingenieros británicos George Sassoon y Rodney Dale, para quienes el Arca o “El Anciano de los Días”, según El Zohar, era una máquina para producir maná que contaba con algún tipo de artilugio nuclear y una suerte de recipiente para el cultivo de algún alga, con mecanismos similares a los utilizados en la actualidad en los vuelos espaciales. Asimismo, otros han visto en el Arca un acumulador de argón, un contenedor de material radiactivo o un condensador eléctrico capaz de producir descargas con un voltaje que oscilaría entre los 700 voltios -propuestos por Maurice Denis -Papin- y los 20.000 -según el físico argentino José Alvarez López-, aunque la hipótesis más aceptada es que el Arca de la Alianza debió ser un sofisticado transmisor -probablemente de alto voltaje y radiactivo y de ahí su peligrosidad- que permitía comunicarse a los “dioses” con los representantes del pueblo “elegido”. Eso explicaría tanto las muertes fulminantes de quienes se acercaban a él sin conocer las normas de utilización -por su alto voltaje- como las de quienes resultaban afectados por la radiactividad, a medio plazo. E igualmente explica su uso en las guerras, ya que servía para comunicarse con Yhavé y conseguir que éste -como el Antiguo Testamento relata en numerosos pasajes- interviniera en su favor.

LA CLAVE ETIOPE
También el apartado de su posible localización ha generado varias propuestas. Entre las más pintorescas se encuentran las formuladas por diversos psíquicos y sensitivos como Gerry Cannon, quien asegura conocer la localización del Arca en Egipto.
Por su parte, el arqueólogo estadounidense Ron Wyatt asegura haberla encontrado en una gruta bajo el monte Calvario, presuntamente impregnada de la mismísima sangre derramada por Jesús durante la crucifixión.
Algunos rabinos, por su parte, la ubican en un túnel cercano al Muro de las Lamentaciones. En cuanto al Instituto para la reconstrucción de la Historia antigua, dice haberla localizado -en 1981, un año antes que Wyatt afirmara haber encontrado su emplazamiento- en una cueva del Monte Nebo, en Jordania. Por su parte, Vendyl Jones, otro arqueólogo norteamericano, afirmó en 1994 que el Arca estaba en las ruinas de la ciudad bíblica de Gilgal y su imagen había sido recogida en unas fotografías de alta revolución tomadas por un satélite de la NASA.
Durante diez años, también el investigador Graham Hancock siguió la pista del Arca de la Alianza desde su misteriosa desaparición bíblica. En 1983 Hancock oyó hablar por primera vez de su conexión con Etiopía, mientras escribía sobre este país africano. En su visita a la ciudad de Aksum, conoció al que afirmaba ser el guardián del Arca o Tabot, quien le relató la leyenda del hijo de Salomón, y la reina de Saba y su relación con el objeto sagrado.
Esta leyenda, tenida por cierta en Etiopía y a partir de la cual se ha venido tejiendo el linaje de sus gobernantes, forma parte del libro sagrado Kebra Nagast o Gloria de los Reyes, que en pocas líneas viene a narrar cómo en su visita a Jerusalén la reina de Saba concibió un hijo de Salomón al que llamó Menelik. Cuando el joven estaba a punto de cumplir los 20 años, fue enviado a Jerusalén a conocer la Corte de su padre, donde pasaría un año. Al cabo de ese tiempo, tuvo que regresar a la ciudad etíope de Aksum, llevándose el Arca consigo sin el consentimiento de los sacerdotes y ante el aparente resquebrajamiento moral que vivía la corte salomónica. A partir de ese momento, el Arca no habría salido de Etiopía, extendiéndose su culto por todo el país.
Y lo que parecía una leyenda sin visos de realidad, ya que, por ejemplo, Aksum no fue fundada hasta 700 años después de la muerte de Menelik, se convirtió en una obsesión para Hancock, quien terminó encontrando conexiones -según él- entre una de las primeras obras que habla del Santo Grial, el Parzibal del poeta medieval Wolfram von Eschenbach, y algunos relieves de la catedral francesa de Chartres, que representan a la reina de Saba. Así, atando cabos, Hancock llegó a la conclusión de que los templarios habían conocido la leyenda de Menelik y la habían dejado plasmada en clave poética en el Parzival y sobre la piedra de Chartres, siendo el Grial, por tanto, una actualización del Arca, en cuya búsqueda Hancock viajó en varias ocasiones a Etiopía hasta descubrir que las iglesias ortodoxas de este país guardan en su sagrario una réplica del Tabot o Arca, a la que sacan en procesión una vez al año, cubierta por telas, durante la fiesta del Timkat.

¿UNA O VARIAS ARCAS?
En 1991 Hancock ya tenía encajadas -según su peculiar teoría- varias piezas del rompecabezas. Su meticuloso análisis de las escrituras le llevó a encontrar más de 200 referencias de la reliquia y a establecer que el Arca no desapareció del Templo de Jerusalén -contruído para albergarla- hasta el 700 a.C., varios siglos después de lo que se suponía.
Según sus datos, hacia el 650 a.C. el Tabos fue sacado de Jerusalén por sacerdotes judíos que huían del rey Manasés y llevada, probablemente, al templo de Elefantina. Siglos después, tras la destrucción del templo en el siglo V a.C., fue llevada a un monasterio de las pequeñas islas del lago Tana, concretamente Tana Kirkos, donde permaneció durante 800 años hasta que fue trasladada a Aksum hacia el 300 d.C. por el rey etíope Ezana.
En su investigación, el autor de Símbolo y señal descubrió que objetos similares al Arca aparecían en relieves egipcios anteriores a Moisés, con la misma función de albergar la divinidad. Asimismo, se percató de que la ceremonia del Timkat aparecía también en los grabados faraónicos de la época de Tutankamon.
Su búsqueda concluyó finalmente en 1991, cuando participó en el Timkat celebrado en Aksum. Durante dos días se sucedieron los festejos y se sacó en procesión la que aparentemente era el Arca auténtica, una caja rectangular envuelta en un grueso paño azul. Sin embargo, Hancock se percató de que el Guardián de la reliquia permaneció durante dos días sin abandonar la capilla de la Iglesia de Santa María de Sión, lo que le llevó a considerar que la verdadera Arca no salía en procesión, sino que permanecía en todo momento bajo la atenta mirada de su vigilante. Por supuesto, nadie ha corroborado que el arca realmente se encuentre allí.
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Yeziel Hayat
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Miér 10 Mar 2010, 11:24

Pa mear y no echar gota, vamos.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Jue 11 Mar 2010, 21:55

Ahora vamos a contar una batallita, ¿cómo no iban a entrar en Jericó con la ....ayudita?. Vamos a ver qué pasó en............

El derrumbe de las murallas de Jericó

El relato de Josué cuenta cómo los israelitas conquistaron la ciudad de Jericó al llegar a la Tierra Prometida después de caminar por el desierto durante cuarenta años. Una conquista que se llevó apenas sin oposición y donde el sonido de los instrumentos, el grito de guerra de los judíos y el Arca de la Alianza juzgaron un extraño papel que vamos a tratar de analizar en este artículo.
La primera excavación importante que se realizó en el lugar donde se cree se encontraba el emplazamiento de Jericó se desarrolló en la parte sur del Valle del jordán entre 1907 y 1909 y estuvo a cargo de un equipo alemán. Los arqueólogos encontraron montones de ladrillos de barro en la base de la colina sobre la cual se cree que había estado construida la ciudad. Sin embargo, habría que esperar hasta los años cincuenta para que estas muestras pudieran ser analizadas con nuevas técnicas. Así fue cómo la arqueóloga británica Kathleen Kenyon confirmó que los ladrillos procedían de las murallas de la ciudad y que se habían derrumbado poco antes de su destrucción.
El relato bíblico dice que, al desplomarse las murallas, los hijos de Israel entraron en la ciudad, incendiándola. Así lo refiere al menos Josué en 6, 24: “Después quemaron la ciudad y todo lo que había en ella, a excepción de la plata, el oro y los objetos de bronce y hierro, que se depositaron en el tesoro de la casa de Yhavé”. Y, efectivamente, Kenyon encontró evidencias de una masiva destrucción por el fuego. En su informe sobre las excavaciones de Jericó, escribió: “La destrucción fue total. Las paredes y suelos estaban ennegrecidos o enrojecidos por el incendio y cada habitación estaba llena de ladrillos caídos, maderas y utensilios caseros. En la mayoría de las habitaciones, los objetos encontrados estaban completamente abrasados”.

POLEMICA EN TORNO A JERICO
En general, los historiadores sitúan la conquista de la Tierra Prometida por Josué hacia el siglo XIII a.C. Hipótesis sostenida también por los investigadores Marvin Levin y Felice Maranz en su artículo Are the Bible’s Stories True?, publicado por la revista Time (18-12-95). Sin embargo, Katheleen Kenyon no está de acuerdo con esa fecha, ya que no encontró evidencias de que la destrucción de la ciudad se produjera en esas fechas. Es más, el director del instituto que conserva los Manuscritos del Mar Muerto, el Dr. Broshi, afirma que la ciudad de Jericó y todo el área circundante eran desierto entre los siglos XV y XI a.C. Por tanto, los israelitas no tuvieron que matar rivales y quemar ciudades para poder asentarse. Por su parte, el arqueólogo hebreo Israel Finkelstein, de la Universidad de Tel-Aviv, cree que la colonización de la Tierra Prometida fue un proceso gradual que tuvo lugar durante un período largo y en el que participaron gente de Canaán y otros lugares.
Ahora bien, aunque la mayoría de los estudiosos no aceptan la guerra de conquista de Josué como un hecho histórico, esto no significa que se haya dado carpetazo al asunto. Por un lado, expertos como Abraham Malamat, historiador bíblico de la Universidad Hebrea, dicen que no hay pruebas de la destrucción de Hai (otra urbe cananea cercana a Jericó), porque la ciudad -asegura- estaba en otro sitio hace 3.000 años. Por otro, el norteamericano Bryant Wood, director de Pro-Bible Associates for Biblical Research, insiste en que sus propias investigaciones apoyan el asalto a Jericó y opina que Kathleen Kennyon se equivocó respecto a las fechas.
Pero si aceptamos la versión de Wood, es decir, el relato bíblico literal, deberíamos analizar qué fue lo que realmente provocó la caída de las murallas. En principio, la explicación más probable sería un terremoto, aunque el hecho de que sólo afectara de manera selectiva a ciertas partes de la muralla (la zona norte quedó en pie) hace pensar en otra posibilidad.
Precisamente en el área norte de la ciudad vivía Rahat, la prostituta que ocultó a varios espías israelitas mientras hacían un reconocimiento previo de Jericó y cuya casa se apoyaba en la muralla. Antes de regresar al campamento israelí, los espías aconsejaron a Rahat que llevara a su casa a toda la familia porque allí nada les pasaría: “Premonición” que también queda reflejada en la Biblia (Josué 6, 17): “La ciudad será dada por anatema a Yhavé con todo lo que en ella se encuentra; solamente quedará con vida Rahat, la meretriz, y todos los que con ella estén en su casa, porque escondió a los exploradores que habíamos enviado”. La voz del profeta relata en los versículos siguientes: “Josué dijo a los dos hombres que habían explorado la tierra: ‘Entrad en la casa de la meretriz y sacadla fuera con todos los suyos, como se lo habéis jurado’. Aquellos jóvenes exploradores entraron y sacaron a Rahat, a su padre, a su madre y a sus hermanos con todo lo suyo. Hicieron salir a toda la parentela y los colocaron fuera del campamento de Israel”. Y esto fue exactamente lo que los arqueólogos se encontraron: las murallas conservadas en el lado norte de la ciudad con todas las casas apoyadas en ellas. De ahí que la hipótesis del terremoto no resulte convincente para explicar lo que realmente sucedió. Además, los autores bíblicos dejaron bien claro que todo fue obra de Yhavé como premio a la gran fe de los israelitas.

¿FUERZA DIVINA O SOFISTICADAS ARMAS?
En estas narraciones ya hemos planteado en anteriores ocasiones la posibilidad de que el Arca de la Alianza, lejos de ser una simple caja diseñada para albergar las Tablas de la Ley, fueran en realidad un arma sofisticada. En ese caso, ¿no podría haber sido utilizada para hacer caer, selectivamente, las murallas de Jericó?.
Además, en esta ocasión, el Arca iba escoltada por los sacerdotes que tocaban las trompetas mientras rodeaban a la ciudad. Estas vibraciones, unidas al estruendo de las pisadas de miles de personas y los gritos del séptimo día, podrían haber propiciado las condiciones necesarias para el “terremoto” provocado. Veamos porqué.
Hoy se sabe que los ultrasonidos pueden desintegrar hasta las piedras más densas. Sin embargo, en los restos arqueológicos hallados por Kathleen Kenyon no había ninguna señal de este tipo de desintegración. Por el contrario, los ladrillos encontrados estaban enteros, haciendo suponer que cayeron desde una cierta altura, como si la caída hubiera sido provocada por algún tipo de vibración procedente del mismo suelo. Luego pudo tratarse de un “terremoto” artificial, quizá debido a ondas sonoras de baja frecuencia o bien consecuencia de las trompetas tocadas por los sacerdotes.
Los hechos pudieron haber sucedido así: el primer día, la multitud habría dado una vuelta, suficiente -tal vez- para que los cimientos se resistieran debido a la resonancia de las notas producidas. El segundo día, pudo acentuarse el efecto anterior hasta el punto de que los cimientos podrían haber comenzado a moverse. Y así sucesivamente, hasta que el séptimo día los cimientos se encontrarían tan dañados que necesitaron muy poco para desplomarse. En ese momento, la combinación de los sonidos de las trompetas con el grito de la multitud pudo haber creado una onda capaz de hacer vibrar toda la muralla, excepto la parte que se encontraban apoyadas algunas casas, hasta que aquélla terminó por desplomarse.
La función del Arca en este caso no está clara, pero bien podría haber actuado como un escudo, protegiendo a los israelitas de los infrasonidos. La Biblia no menciona la posible defensa de la ciudad por los soldados de Jericó, algo que resulta realmente extraño si se da crédito al relato histórico. Este aparente desinterés por defender su ciudad, ¿podría haberse debido a una enfermedad capaz de debilitarles hasta el punto de que no pudieron reaccionar?.
Fue el investigador francés Vladimir Gavreau quien descubrió la capacidad de los infrasonidos para producir malestar fisiológico. Parece ser que estimulan el desequilibrio del oído central, provocando náuseas que se prolongan durante varias horas, e incluso días. Si la exposición es suave, el individuo enferma, pero si es intensa y continuada, sobreviene la muerte. Datos que nos permiten interpretar los sucesos de Jericó desde otro punto de vista. Así, habría podido suceder que las vibraciones, de intensidad creciente día a día, fueran suficientes para neutralizar la defensa militar de la ciudad y, de paso, hacer caer sus muros. Gavreau descubrió que una frecuencia de 7 ciclos por segundo (cps) es mortal y las comprendidas entre 1 y 10 cps., producen efectos terroríficos. Aumentando ligeramente la amplitud, se afecta al comportamiento: primero se inhibe la actividad intelectual, luego se bloquea y, finalmente, se destruye.
Pero los ataques con infrasonidos -cuyo éxito se debe a su propiedad de “agarrarse” al suelo- tienen también otras consecuencias, ya que hacen vibrar todo lo que se asienta sobre el suelo. A principios de siglo, el científico serbio Nikola Tesla dedicó una buena parte de su genio a explicar los efectos que pequeños sonidos podrían tener sobre la estabilidad de los edificios. Sus interlocutores se solían burlar de él porque ignoraban que, años antes, Tesla estuvo a punto de destruir su propio laboratorio con una máquina de infrasonidos. Más tarde, parece que inventó armas para generar impulsos en esas frecuencias, al parecer capaces de arrasar ciudades enteras.
Volviendo al caso que nos ocupa, es importante indicar que, antes de llevar a cabo la estrategia de caminar alrededor de la ciudad, Josué había enviado unos exploradores para reconocer el territorio. Probablemente su misión fuera informar no sólo sobre la distribución de las casas, sino también acerca del emplazamiento de cuevas, corredores y otras cavidades naturales dentro de la colina. Bajo ciertas condiciones, estos lugares pueden actuar como “cajas de resonancia”, amplificando el poder de los infrasonidos y proyectándolo directamente sobre el objetivo deseado, en esta ocasión las murallas.

¿UN CAMPO ANTIGRAVITACIONAL?
Al tratar de analizar las posibles causas del derrumbamiento de las murallas de Jericó, convendría tener presente la curiosa experiencia vivida por un médico sueco, el doctor Jarl. Este, en compañía de un amigo tibetano que había conocido en la Universidad de Oxford, viajó al Tíbet en 1939 para hablar con el lama jefe del monasterio. Un día, ambos amigos fueron testigos de algo realmente asombroso, al presenciar el extraño “método” utilizado por los lamas para transportar unas grandes losas de piedra hacia una cueva pequeña, situada a 250 metros de altura desde el pie de un acantilado.
En medio del prado, a otros 250 metros del acantilado, se podía distinguir una losa que recordaba a un barreó, ya que contenía una cavidad central de 1 mtr., de diámetro y 15 cmtrs., de profundidad. Hasta ella fue arrastrado por bueyes otro bloque de piedra cuyas dimensiones eran de 1 m., de ancho y 1,5 mtrs., de largo. Posteriormente, y a una distancia de 63 mtrs., de la losa, los lamas colocaron diecinueve instrumentos musicales: trece tambores y seis trompetas que formaban un arco de 90 grados. Ocho de los tambores tenían un diámetro de 1 mtr., y una longitud de 1,5 mtrs.; otros cuatro tenían 0,7 mtrs., de diámetro y 1 mtr., de largo, y el más pequeño, 0,2 mtrs., de diámetro y 0,3 mtrs., de longitud. Todas las trompetas eran del mismo tamaño: 3,12 mtrs., de largo y una abertura de 0,3 mtrs. Los tambores grandes y las trompetas se colocaron sobre unos soportes ajustados, mediante bastones, a la losa de la piedra, situándose una fila de monjes detrás de los instrumentos. Cuando la piedra estaba en posición, el monje que se encontraba tras el tambor pequeño dio una señal para que comenzara el concierto.
El tambor pequeño provocaba un sonido agudo y podía oírse entre la cacofonía generada por los demás instrumentos. Los monjes, paralelamente, entonaban un mantra cuya intensidad aumentaba al unísono con tambores y trompetas. Durante los primeros cuatro minutos no pasó nada, pero a medida que la velocidad de los sonidos aumentaba junto con el ruido general, la gran losa de piedra empezó a moverse y a columpiarse en el aire, ganando paulatinamente velocidad en dirección hacia la pequeña cueva. En tres minutos salvó una altura de 250 metros y “aterrizó” justo delante de la gruta. Por el mismo procedimiento, los lamas izaron seis rocas en poco más de una hora. El Dr. Jarl fue el primer occidental en presenciar un acontecimiento de esta índole, y también en registrarlo, pues, después de vencer su estupor inicial, logró sacar dos películas fotográficas del suceso.
Un método de transporte ciertamente extraordinario que, según el investigador neozelandés Bruce Cathie, tiene su explicación. Este estudioso asegura que los monjes tibetanos conocen las leyes que gobiernan la estructura de la materia hasta el punto de que -según los cálculos de Cathie-, el secreto de la elevación de las piedras depende de la colocación geométrica de los instrumentos musicales en relación a las losas que van a ser levantadas y a la sintonización armónica de tambores y trompetas. Sumando lo anterior a los cantos de los monjes específicamente entrenados en el dominio de tonos y ritmos, fue como se consiguió el efecto descrito anteriormente. Las ondas sonoras generadas fueron proyectadas de tal manera que se creó un efecto anti-gravitacional en el centro del foco (la posición de las piedras) y alrededor de la periferia -o arco- por el cual se movían las piedras.
En el caso de Jericó, tenemos también círculos (las vueltas que daban alrededor de la ciudad) y trompetas. Podría haberse dado un fenómeno parecido al de los lamas, que habría sido provocado por el griterío de la multitud, los sonidos de las trompetas y la alta carga de electricidad estática producida alrededor del Arca, después de haber sido transportada alrededor de la ciudad en siete días. Esta combinación podría haber creado anomalías gravitacionales en los ya debilitados cimientos de las murallas de Jericó precipitando así su derrumbe. ¿Fue esto lo que sucedió realmente?.
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MensajeTema: Re: ENIGMAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO   Vie 12 Mar 2010, 21:08

Parece ser que este Yhavé de los judíos, de vez en cuando invitaba a algún que otro profeta del pueblo israelita a su "chalete", a ver si algunos de estos pasajes nos dan algo de luz al hablar de..........

“Arrebatados” por Yhavé

Elías jamás regresó. Aquel “torbellino” le arrebató para siempre ante los ojos de 50 profetas y del propio Eliseo, el mismo que más tarde, pertrechado con las vestiduras y el manto rasgado de Elías caídos desde el cielo, golpeó las aguas del Jordán, que se abrieron en dos. Para los exégetas de la iglesia Católica, Elías sufrió un “transporte extático”; es decir, el profeta entró en trance místico y se “imaginó” el arrebatamiento. Lo cierto, sin embargo, es que a Elías “no se le vio más”.
Y todo apunta a que este episodio ocurrió realmente -según parece, en el Monte Carmelo, hace aproximadamente 2.850 años-, aunque los comentaristas bíblicos lo niegan: “La desaparición misteriosa -dicen- ha de explicarse conforme al género literario de este ciclo de la historia sobre el gran profeta”. La Iglesia, pues, considera “ciencia-ficción” el episodio, así como otros muchos similares. Pero la realidad puede ser bien otra.

EL CLAN DE LOS “ARREBATADOS
Otro “arrebatado” y personaje enigmático y misterioso donde los haya es Enoch, cuyo nombre en hebreo, significa “iniciado”. Según cuenta el Génesis, Enoch “no murió, sino que fue arrebatado y llevado a los cielos en un carro de fuego”. Poco más se dice de él en la Biblia, pero contamos con un sorprendente apócrifo, El Libro de Enoch, en el que se relatan los viajes del enigmático personaje a bordo de esos misteriosos carros de fuego.
En ese texto, se narra, por ejemplo, cómo entró en “contacto” con misteriosos seres celestiales: “(...) se me aparecieron dos hombres de gran estatura; sus rostros brillaban como el sol y sus ojos eran como antorchas”. Y le dijeron: “Hoy mismo estarás con nosotros en los cielos”. El relato de sus viajes celestiales resulta sorprendente: “Condujéronme entonces a los cielos. Entré hasta detenerme frente a un muro, que parecía hecho de sillares de cristal, y estaba rodeado de lenguas de fuego (...) Me vi ante un gran palacio de cristal labrado, con suelo embaldosado de placas de vidrio, y el piso era también de cristal”. Y aún añade otras extrañas pistas sobre sus travesías: “Después de aquellos días transcurridos en un lugar donde se me permitió ver lo que está oculto, después de haber sido arrebatado por un remolino y conducido hacia el Poniente (...)”.
Tras el último de aquellos “viajes”, Enoch no volvió. Al igual que Elías, fue “arrebatado” para siempre. Sólo que no fueron los únicos. En otro apócrifo llamado la Ascensión de Isaías se cuenta cómo este profeta también subió a los cielos en un sospechoso “trance”, acompañado de varios ángeles que le invitaron a vestirse con sus ropajes y cómo a bordo de aquella “nave” visitó los siete cielos. Y también en el Segundo Libro de Baruc se cuenta algo similar: “Una fuerza -puede leerse- me levantó y me colocó sobre el muro de Jerusalén”.

LA SOSPECHA DE LA ABDUCCION
En Los hechos de los Apóstoles se narra otro “arrebatamiento”: el de Felipe, uno de los Padres de la Iglesia. A partir del versículo 26 del capítulo VIII, podemos leer: “El ángel del señor habló a Felipe diciendo: ‘Levántate y marcha por camino que baja de Jerusalén a Gaza’. Se levantó y partió. Y he aquí que un etíope eunuco regresaba sentado en su carro, leyendo al profeta Isaías...”.
Más adelante, ambos se pararon a beber agua, momento que Felipe aprovechó para bautizar al eunuco, pero “saliendo del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe y ya no le vio más el eunuco. Felipe se encontró en Azoto y recorría evangelizando todas las ciudades hasta llegar a Cesárea”.
¿Qué era aquel “espíritu del señor” que arrebató al apóstol y lo transportó 40 kilómetros? ¿Otra fantasía literaria?, ¿una nueva metáfora? ¿No parecen demasiados estas descripciones a las que actualmente informan los testigos de abducciones OVNI?. Lo cierto es que aquellos “torbellinos”, “carros de fuego” o “ruedas voladoras” aparecen muchas veces a lo largo de la Biblia y otros textos apócrifos. Realizan maniobras extrañas, son “habitados” por ángeles de gran estatura, luminosos, de rostros extraños... Para algunos son demasiadas coincidencias. E investigadores como Erich von Däniken o Andreas Faber-Kaiser lo tienen claro: se trataba de naves extraterrestres.
Pero aún hay más: esos misteriosos objetos -y su enigmática función “arrebatadora”- ya fueron conocidos por Jesús. Así, en el apócrifo Historia de José, el carpintero (capítulo XVIII), podemos leer en boca de Jesús, la siguiente expresión: “¿Y qué me impide ahora que yo ore para que mi Padre envíe un gran carro luminoso que eleve a José y que le traslade al lugar de reposo, para que viva allí con mis ángeles incorpóreos?”.
En cualquier caso, ni siquiera hace falta bucear en los apócrifos, porque en el Evangelio de San Mateo (capítulo 17, 1-13), en donde se narra el extraño episodio de la Transfiguración, se dice que a Jesús le “brilló su rostro como el Sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz”. Y allí aparecieron dos seres e, instantes después, les cubrió una “nube resplandeciente”. Al abrir los ojos, todo volvió a la más absoluta normalidad. Lo más curioso es que aquellos dos seres luminosos fueron identificados como Elías -arrebatado para siempre- y Moisés, cuyo cadáver, después de haber mantenido contacto abierto con misteriosos seres que viajaban en extrañas “nubes”, jamás fue encontrado.

EZEQUIEL DA LA CLAVE: ERAN Ovnis
Ezequiel tuvo la primera de sus “visiones” allá por el año 600 a.C. Cuatro de ellas aparecen relatadas en el libro que lleva su nombre. Es otro “arrebatado”, aunque con billete de vuelta. De aquel primer encuentro, Ezequiel ofrece detalles excepcionales: “Vi venir un viento huracanado, una nube densa en torno a la cual resplandecía un remolino de fuego, que en medio brillaba como bronce en ignición”. Más adelante habla de “criaturas vivientes”, de “portentosos cristales tras los cuales se observa el firmamento”, de “ruedas que giran” posándose sobre el suelo....
En suma, para muchos estudiosos aquellos seres con caras de “toro”, “águila” o “león” no eran más que astronautas con escafandras, tomas de oxígeno o antenas. Luego, la imaginación de aquella gente hizo el resto.
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